Lo que debemos recordar cuando quienes se han alejado parecen atacar tu fe y a la Iglesia

oración

Cada vez más, tengo la sensación de que las personas, amigos, parientes, compañeros y conocidos descontentos con la Iglesia de Jesucristo no solamente dejan la Iglesia, sino que también se unen a otra. ¿A cuál exactamente? Eso es de lo que vamos a tratar hoy.

Estas personas no se están convirtiendo en católicos, presbiterianos o musulmanes ni están pasando por algún tipo de proceso de conversión deliberado. Es algo un poco diferente.

Si les preguntas al respecto, probablemente te mirarán confundido y negarán que se están uniendo a otra religión. Ellos simplemente se están alejando de la Iglesia.

cosas malas

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En todo caso, te pueden decir que es la Iglesia la que se ha vuelto demasiado tóxica o conservadora o dogmática, ¡Es la Iglesia la que les ha fallado, es la que tiene la culpa de todo!

Creo que en algún momento, hemos podido escuchar ese tipo de comentarios por parte de personas descontentas con la Iglesia. Sin embargo, estas historias no siempre tienen sentido, porque incluso los mensajes de la Iglesia en la actualidad se han vuelto más complacientes y menos estrictos en las últimas décadas.

Los líderes de La Iglesia de Jesucristo, desde los apóstoles hasta los obispos, han invertido enormes cantidades de energía en escuchar, hablar, orar y planificar, tratando de ayudar de alguna manera a los miembros que sienten que no son comprendidos.

Nunca, en la historia de la Iglesia, se han establecido tantos recursos disponibles para aquellos que tienen dificultades con su fe y el Evangelio.

La tercera persona

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Para comprender un poco más lo que sucede con estos miembros, lo plasmaré como un matrimonio.

Imagina que en este matrimonio, uno de los cónyuges de manera gradual y total pierde interés en su matrimonio, lo que, obviamente, causará confusión en su pareja.

El cónyuge fiel, aterrorizado, busca desesperadamente las faltas en su persona que deben haber causado la ruptura, redobla sus esfuerzos para hacer que su matrimonio siga en pie, ruega a su pareja que se quede, asume que las quejas de su cónyuge son de buena fe y pasa por alto aquella conducta cada vez más hostil… sin embargo, todos sus esfuerzos solo parecen empeorar las cosas.

El cónyuge descarriado es despectivo e indiferente y continúa a la deriva y alejándose hasta el punto que el matrimonio llega a su fin.

perdonar

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Algunas semanas más tarde, el cónyuge fiel descubre que la persona a quien amaba simplemente se enamoró de otra, le había sido infiel y se había ido de la casa.

Creo que esta comparación capta una dimensión importante de la relación entre la Iglesia y sus miembros descontentos. Este ejemplo también nos trae otra pregunta.

Si la Iglesia es la esposa fiel y los miembros descontentos el cónyuge descarriado, ¿quién es la tercera persona? ¿Quién es la persona que ocupa el lugar del amante? ¿Quién quebrantó aquel matrimonio?

Esta es, a mi parecer, la pregunta más importante de todas. Decir que se llama “dejar la Iglesia” es solo la mitad de la realidad. De hecho, se podría decir que es otra religión, una que es difícil de notar al principio.

El peligro de un testimonio débil

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Pienso que esta extraña desafección es como una epidemia que ataca cada vez más a los miembros.

Del ejemplo se puede deducir que los miembros de la Iglesia se están volviendo espontáneamente “menos virtuosos” y más propensos a la infidelidad. Más propensos a abandonar la Iglesia si hay algo que no les agrada.

Siempre ha habido influencias seductoras que rodean nuestra fe, sin embargo, entre los miembros cuyo testimonio es solo un recurso básico mas no algo indispensable, ha comenzado a incrementar su influencia en casi todo el mundo.

Esta nueva religión no oficial, trae consigo influencias que vienen de cualquier parte, como las redes sociales, los influencers, el contenido audiovisual, personas con mucho conocimiento de la Iglesia pero mínima fe en la misma, quejas y murmuraciones y un falso sentido de moralidad.

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Comprende una cosmovisión integral con tabúes, quejas contra los líderes, mitos, objetos sagrados, un marco moral y creencias incorrectas sobre las normas y pautas de la Iglesia.

Esta religión no tienen nombre porque sus feligreses se niegan a reconocer que existe y mucho menos nombrarla. Es altamente peligrosa debido a que la mayoría de sus miembros, por dentro o por fuera, no la reconocen como una religión.

A veces, un cónyuge que cae en la infidelidad no se da cuenta del todo de lo que está haciendo. El cónyuge fiel es quien debe darse cuenta de que lo están engañando y estar dispuesto a hablar sobre esta tercera persona para saber si hay alguna esperanza de interrumpir el proceso de separación.

Cómo regresar al camino de la fe

parabola de la oveja perdida

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En este caso, para emprender el camino a la reconciliación es necesario que los miembros descontentos reconozcan esta otra religión para así ayudarlos a darse cuenta de que su Iglesia no los ha abandonado de ninguna manera, ellos simplemente se unieron a otra.

Con demasiada frecuencia no hacemos eso. Al igual que el cónyuge fiel, tomamos las críticas de los miembros descontentos al pie de la letra, produciendo laboriosamente respuestas que en la mayoría de los casos son ignoradas por ellos o simplemente invalidadas.

En lugar de ponernos a la defensiva o pedir disculpas, debemos tratar a los que están en la otra religión como una persona común y corriente, no como alguien superior que está por encima de la crítica ni como una persona inferior demasiado frágil como para ser corregido.

A los miembros descontentos que critican nuestra fe desde el marco de su nueva fe se les puede pedir que compartan sus verdaderas intenciones, que expliquen sus propias creencias y que presenten aquello con lo que están de acuerdo.

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Deberíamos dejar de aceptar términos de debate en los que se requiera que los miembros de la Iglesia justifiquen sus creencias dentro del marco de esta otra religión, porque lo cierto es que nunca podremos ganar desde esa perspectiva. Debemos recordar que la religión no siempre contenderá con la lógica.

Este cambio de enfoque es difícil. Hemos estado a la defensiva no porque no queramos ganar, sino porque sus creencias parecen estar en nuestra contra.

Sin embargo, es posible. Las personas pueden ser, y han sido, conscientes del hecho de su conversión no deseada a otra religión. Deben hacerlo si desean tener la esperanza de regresar a la Iglesia verdadera del Salvador.

Fuente: Meridian Magazine

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