“Michael S. Wilcox comparte su experiencia sobre la oración que realizó para saber si el Libro de Mormón es verdadero.”

Cuando tenía catorce años, decidí que ya era hora de que recibiera mi propio testimonio sobre el Libro de Mormón. Comencé a leerlo, pero mientras lo leía, me llené de dudas sobre su veracidad. Estaba asustado por mis sentimientos, pero no los compartí con nadie.

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Preguntar a Dios

Un día después de una lectura particularmente angustiosa, decidí ir a los sauces junto al río y orar hasta que Dios me diera una respuesta. Le supliqué a Dios que se llevara los oscuros sentimientos que tenía y me dijera si el Libro de Mormón era verdadero. “Si estás realmente ahí y me amas, me lo dirás.” dije en mi oración.

Durante horas me quedé en los sauces. Llegó la noche, y aún así continué orando. Esto había funcionado para Enos, así que oré y oré. Finalmente, hambriento y con frío, dejé los sauces y me fui a la cama. No escuché ninguna voz. No sentí ningún alivio de mi carga. No recibí ningún tipo de testigo, no había calma en mi corazón. Había exigido una respuesta en mis términos, de acuerdo con mi línea de tiempo, correspondiente a mis necesidades. Yo había saltado del pináculo.

respuesta a la oración

Satanás no llevó a Jesús al pináculo; el Espíritu lo hizo. Tampoco fue Satanás quien me llevó a los sauces, mas no perdió la oportunidad de atacar. “Dios no te responde porque no te está escuchando, porque no eres importante para él”, me susurró. Ese fue el enemigo trabajando fuertemente, “Dios no te responde porque el Libro de Mormón es falso” me repitió. Afortunadamente para mí, tuve suficientes testimonios previos sobre el amor del Padre Celestial para contrarrestar las dudas. La fe de mi madre en el Libro de Mormón me sostuvo durante los años siguientes.

Las respuestas de Dios

Por favor, comprende lo siguiente: estaba bien que deseara tener una respuesta. Fue correcto que orara por eso. Fue correcto que creyera en la promesa que Dios dio de que Él me daría una respuesta. Pero fue un error usar la respuesta como una prueba de su amor. Fue un error no permitirle al Señor elegir su propio tiempo, lugar y medios para responder a mis necesidades de acuerdo con su sabiduría.

jesús tentado

“Jesus tempted” por Carl Heinrich Bloch

En todos los ejemplos anteriores, las oraciones fueron correctas y adecuadas; el peligro de ser cegados por la niebla de las dudad viene al usar las respuestas a esas oraciones como una prueba para Dios. Hay una delgada línea entre estar de pie en el pináculo con la necesidad de saltar para probar el amor de Dios y confiar en que Dios cumplirá sus promesas sin que nosotros hagamos ese fatídico salto.

Debemos decir con Nefi: “Sé que ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas.” (1 Nefi 11:17). Puede haber momentos en los que caigamos del pináculo y Dios necesite atraparnos. Puede haber momentos en los que nos pida con toda fe que saltemos. Pero es la decisión de Dios la que nos llevará a esos momentos, no a las nuestras. Puede haber momentos en los que específicamente nos pida que lo “[probemos] ahora en esto” (Malaquías 3:10), pero esas invitaciones son Suyas para ofrecer, no las nuestras para exigir.

Eventualmente recibí mi respuesta, y de una manera y tiempo que fueron mucho más poderosos de lo que podría haber esperado. Dios no permitió que me quedara en tinieblas. No permanecí en la duda y la oscuridad con respecto a la veracidad del Libro de Mormón.

Cuando necesitamos agua de la roca, podemos pedírsela, pero no debemos exigir esa agua como prueba del poder o amor de Dios, porque entonces estamos parados en el pináculo respondiendo a la voz del tentador sobre si debemos saltar o permanecer para siempre en la duda.

¿Podemos creer, de la misma manera en que lo hizo Jesús?

Este artículo fue escrito originalmente por Michael S. Wilcox, y fue un extracto del libro “Don’t Leap with the Sheep: And Other Scriptural Strategies for Avoiding Satan’s Snares” y fue publicado por ldsliving.com bajo el título: “When God Didn’t Answer My Prayer About the Truthfulness of Book of Mormon