Hay decisiones que tardan años en hacerse realidad, incluso cuando nuestro corazón ya sabe lo que quiere. Para Leticia, una mujer brasileña, el deseo de bautizarse en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días comenzó mucho antes de que finalmente entrara a las aguas del bautismo.

Lo que nunca imaginó fue que el día de su bautismo también sería el día de su boda, y que ambas ceremonias se realizarían en un salón de la Primaria.

Su historia comenzó cuando vivió durante tres meses con la familia Peterson, en un pequeño pueblo llamado Panaca, en Estados Unidos. Su hermano había participado en un programa de intercambio con esa misma familia un año antes y, cuando regresó para comenzar sus estudios universitarios, decidió bautizarse.

Leticia estuvo presente durante esa etapa y comenzó a sentir algo especial por la Iglesia. Aunque todavía no comprendía por completo lo que estaba experimentando, aquella experiencia despertó su interés por el Evangelio restaurado.

Un año después, regresó de visita y participó en un campamento de las Mujeres Jóvenes. Fue allí donde obtuvo su propio testimonio.

Sabía que la Iglesia era verdadera, pero todavía no se sentía preparada para bautizarse.

Seis años de espera y una propuesta inesperada

bautismo

Pasaron seis años antes de que Leticia decidiera que quería convertirse en miembro de la Iglesia. Sin embargo, había algo muy importante para ella: deseaba que su hermano fuera quien la bautizara.

En ese momento, tenía un novio que no pertenecía a la Iglesia. Por esa razón, decidió posponer su bautismo hasta después de casarse. Tiempo después, ambos viajaron a Estados Unidos para que su novio conociera a la familia estadounidense con la que ella había vivido.

Una noche, mientras conversaban, Beth, a quien Leticia considera su madre estadounidense, le hizo una pregunta que cambiaría sus planes.

—¿Todavía quieres bautizarte?

Leticia respondió que sí y explicó que tenía dos certezas en su vida:

Hay dos cosas de las que estoy segura. La primera es que sé que la Iglesia es verdadera y quiero ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La segunda es que amo muchísimo a mi novio y quiero casarme con él.

pareja agarrándose de la mano
Imagen: Canva

Entonces Beth les hizo una propuesta inesperada: ¿por qué no se casaban durante ese mismo viaje? Su novio respondió preguntando cuándo podrían hacerlo. Todos comenzaron a reír, pero él hablaba en serio.

Él sabía lo importante que era el bautismo para Leticia y también tenía claro que ambos querían casarse algún día. Por eso, no veía ninguna razón para seguir esperando.

Tres días después, la pareja estaba en un juzgado firmando los documentos necesarios para casarse. Una semana más tarde, celebraron su matrimonio y Leticia se bautizó.

Ambas ceremonias tuvieron lugar en un salón de la Primaria. Lo que había comenzado como una visita familiar terminó convirtiéndose en uno de los momentos más importantes de sus vidas.

Una decisión que también cambió la vida de su esposo

sellamiento; matrimonio en el templo
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La historia de Leticia no terminó con su bautismo. Durante aquel viaje, su esposo vivió experiencias espirituales que también lo acercaron al Evangelio. Algunas ocurrieron durante el bautismo de Leticia y otras durante una visita al Templo de St. George, especialmente frente a la estatua de Jesucristo.

Aquellas experiencias fueron tan significativas para él que, un mes después, también decidió bautizarse.

Para Leticia, ver cómo su esposo comenzaba su propio camino dentro de la Iglesia fue una bendición que no había imaginado cuando decidió esperar tantos años.

Con el tiempo, recibió su primer llamamiento como secretaria de la Sociedad de Socorro, una organización que llegó a ocupar un lugar muy especial en su vida. Actualmente, Leticia es médica, tiene dos hijas y continúa expresando su gratitud por las experiencias que ha vivido como miembro de la Iglesia.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Una de sus mayores alegrías es pensar que algún día sus hijas también formarán parte de la Sociedad de Socorro y podrán experimentar el apoyo que ella ha encontrado entre sus hermanas.

Para ella, esta organización representa mucho más que reuniones o responsabilidades. Es una gran familia de mujeres que comparten sus testimonios, se fortalecen mutuamente y se acompañan en diferentes momentos de la vida.

Su historia recuerda que cada persona tiene su propio tiempo para acercarse a Jesucristo. Leticia tuvo que esperar seis años para dar el paso que tanto deseaba, pero ese camino también le permitió compartir una experiencia espiritual con la persona que amaba.

Lo que comenzó con el testimonio de su hermano y continuó en un campamento de las Mujeres Jóvenes terminó transformándose en una historia familiar que hoy comparte con gratitud.

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