¿Estamos listos para ser perdonados?

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Un día, mientras le daba un baño a mi perro, Casper, él se quedó sentado sobre su patitas. Todo lo que podía esconder de mí estaba debajo de su cuerpo: sus patas, sus piernas, su cola, su barriga, etc. ¡Incluso tenía la cabeza la tenía bien escondida!

Lo único que podía limpiar sin tener tanto problema era su espalda. Yo estaba decidida, pero él era más terco. Termine dándole un buen baño y se sintió mejor estando limpio, pero no fue nada fácil. 

Me pregunté cuántos de mis pecados trato de esconder y cuánto mejor me sentiría si me arrepintiera y me limpiara. Me pregunté si es que estaría lista para ser limpia.

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Así como sabía que mi perro estaba sucio, el Padre Celestial sabe que tengo algo de limpieza que hacer en mi vida. 

No puedo ocultar mis pecados mejor de lo que Casper puede ocultar sus patas sucias. Puedo esconderlos por un tiempo, pero eventualmente tendré que lidiar con ellos. Sería mucho más fácil afrontarlos ahora que tratar de explicarlos cuando deje esta existencia terrenal. 

¿Estoy lista para estar limpia? 

¿Qué es lo que hace que una persona esté lista para estar limpia? 

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Mientras reflexionaba sobre eso, me di cuenta de que la respuesta está en tener la humildad de un niño, algo que me falta. El proceso para ser limpio, para mí, comienza con la humildad. Decidí leer sobre la humildad y cómo poder obtenerla.

Me sorprendió descubrir que anteriormente había guardado nueve discursos de la Conferencia General relacionados con la humildad. Obviamente, no era la primera vez que me daba cuenta de que me faltaba humildad. 

La pregunta en cuestión sería porqué aún no he superado aquel problema.

El arrepentimiento no es una oferta de un solo momento.

“El acto más grandioso de valor y amor en la historia de la humanidad —el sacrificio expiatorio de Cristo— fue también el acto más grandioso de humildad y sumisión. Algunos se preguntarán si quienes tratan de ser humildes deben ceder ante las firmes opiniones y posiciones de los demás. Por cierto, la vida del Salvador pone de manifiesto que la verdadera humildad no tiene nada que se asemeje a la ciega sumisión, ni a la debilidad, ni al servilismo”– Marlin K. Jensen, “Humillarte ante Dios

 La cita del élder Jensen puede muy bien ser la clave para mi humildad. Soy una persona muy independiente, y de una manera subconsciente pienso que ser humilde me hace sentir débil.

Sin embargo, la persona más humilde que jamás haya caminado sobre la tierra fue todo menos débil. Cristo es nuestro ejemplo. Acudir a Jesucristo en busca de respuestas es siempre la mejor manera de aprender.

Como mujer, he tenido que endurecer mi persona para poder sobrevivir en un mundo dominado por los hombres. El inconveniente en esto es la falta de humildad. Ser una mujer fuerte e independiente está bien, siempre y cuando recuerde la fuente de esa fuerza.

Sin mi Padre Celestial, no soy nada. Sin el Salvador, no soy nada.

Sin la guía apacible del Espíritu Santo, no soy nada.

Sin embargo, muy a menudo me enorgullezco y me olvido de ser humilde y agradecida por el poder que me brindan. Sin la humildad, no puedo ser limpia.

No puedo ser limpia si escondo mis imperfecciones con el orgullo. El día que finalmente pueda despojarme del orgullo y volverme humilde, podré limpiar las cosas ocultas de mi vida.

 ¿Qué me preparará para hacer esto? 

Espero no tener que esperar a una gran tragedia para poder cambiar. Espero que después de volver a leer esos nueve discursos de la Conferencia General sobre la humildad, pueda crear un plan que me ayude a desarrollar humildad, un plan al que pueda alinearme como si fuera un mandamiento.

“Cuando nos sometemos con humildad a la voluntad del Padre, se nos otorga el poder de Dios, o sea, el poder de la humildad, el cual es el poder para enfrentarnos a las adversidades de la vida, el poder de la paz, el poder de la esperanza, el poder de un corazón que late con fervor con el amor y el testimonio del Salvador Jesucristo, a saber, el poder de la redención. 

Por eso, el Salvador es nuestro ejemplo supremo del poder de la humildad y de la sumisión. Después de todo, al someter Su voluntad al Padre llevó a cabo el más grande y aun el más poderoso acontecimiento de toda la historia. 

Tal vez, unas de las palabras más sagradas en las Escrituras son sencillamente: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42)”. -Richard C. Edgley, “El poder que otorga la humildad

Se me ocurre que tal vez he estado tratando de buscar poder como mujer de una manera incorrecta. El empoderamiento de Dios, que es la humildad, nos hará limpios. 

La pregunta “¿estoy listo para ser limpio?” puede ser reemplazada por “¿estoy listo para ser humilde?”

Este artículo fue escrito originalmente por Tudi Rose y fue publicado originalmente por ldsblogs.com bajo el título “Am I Ready to Be Clean?

| Para meditar
Publicado por: Sabina Mujica Estrada
Licenciada en Turismo, Hotelería y Gastronomía, apasionada por los libros y los idiomas, profesional armando rompecabezas.
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