“¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses?”

Creemos que verdaderamente podemos llegar a ser como Dios. Hay una semilla de la naturaleza divina de Dios dentro de nosotros, que espera el momento para florecer.

Básicamente, ese es el fin del Evangelio. El mismo Evangelio actúa como el fertilizante que ayuda a esa semilla de la divinidad, línea por línea, un poco aquí y un poco allá, hacia ese objetivo.

Ese crecimiento comienza aquí y ahora, en esta vida. ¿Dónde lo vemos? “En sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad”. Mediante las ordenanzas, podemos “ser uno” con la deidad, Jesucristo, de manera simbólica. Eso es exactamente lo que hacen las ordenanzas.

A continuación, compartiremos 5 ordenanzas y cómo pretenden ayudarte a ser uno con Jesucristo:

1. Bautismo

bautismo

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Cada domingo cuando escuchamos las oraciones de la Santa Cena, recordamos las promesas específicas que hicimos al bautizarnos. Aquí, mencionaremos una de ellas:

“… están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo”

Cuando te bautizaste, tomaste sobre ti el nombre de Jesucristo. Ese acto se parece un poco a la forma en que una esposa adopta tradicionalmente el apellido de su cónyuge. Tú y Jesucristo estarán unidos por siempre. Ahora, de manera simbólica, tu nombre es Cristo.

2. El don del Espíritu Santo

espíritu santo

Después de bautizarte, se te otorgó el acceso a la compañía constante del Espíritu Santo. El Espíritu Santo da testimonio de la verdad a tu corazón y a tu mente. Cristo dice en las Escrituras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Cuando el Espíritu Santo testifica de la verdad a tu mente y a tu corazón, te está dando acceso a la mente y al corazón de Jesucristo. A través del don del Espíritu Santo, tu mente y tu corazón se vuelven uno con la mente y el corazón de Jesucristo.

Ahora, compartes el nombre, la mente y el corazón de Cristo.

3. La Santa Cena

santa cena

Hablamos brevemente de las oraciones de la Santa Cena en nuestras charlas para el bautismo. Sin embargo, además de renovar los convenios bautismales, hay otro elemento de las ordenanzas de la Santa Cena que nos ayudan a ser uno con Cristo. Ya sabes lo que simboliza el pan y el agua:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo convenio…”

Al participar del pan y el agua, ingieres simbólicamente a Cristo. Él es simbólicamente digerido y asimilado en tu cuerpo.

Ya compartes el nombre, la mente y el corazón de Cristo… y, ahora, incluso tu cuerpo físico es simbólicamente “uno” con el cuerpo de Cristo.

4. Sacerdocio, recibir el anillo grabado de Cristo

iglesia de Jesucristo

En la antigüedad, cuando un rey necesitaba que se hiciera algo en lo que no podía estar presente, le otorgaba la autoridad a alguien en su corte. El rey le entregaba a su representante un anillo grabado con su sello. Con este anillo grabado, se le autorizaba al representante a actuar en nombre del rey. Sin esa autorización, cualquier cosa que esa persona dijera o hiciera en nombre del rey no era obligatoria.

El sacerdocio es el anillo grabado de Cristo. Los hombres que poseen el sacerdocio (y las mujeres, en algunas circunstancias) están autorizados a dar a conocer la voluntad de Dios y actuar con Su autorización. Eso es muy importante.

Ahora, compartes el nombre, la mente, el corazón, el cuerpo físico de Cristo y estás autorizado a actuar utilizando Su autoridad. Ahora, no es solo tu ser el que es uno con Cristo, sino también lo que haces.

5. La investidura del templo

¿Por dónde empezamos? Debido a la finalidad de este artículo, nos centraremos específicamente en los gárments del templo que recibes junto con la investidura.

Pero, primero retrocederemos algunos pasos.

Cuando Cristo fue crucificado, se rasgó el velo en el templo antiguo. En este sentido, el velo era (y es) representativo (entre otras cosas) del mismo Cristo. Cristo muere = velo rasgado.

“…nadie viene al Padre sino por mí”. – Juan 14:6

Ahora, piensa en la investidura de nuestro templo moderno. Si has entrado al templo, sabes de manera muy específica cómo los gárments del templo reflejan el velo del templo.

Los gárments son una parte del velo del templo que llevas contigo a casa y usas todos los días. Si el velo es Cristo y te pones el velo, estás llevando a Cristo contigo.

Dato adicional sobre el templo

templo de manila

En la primera fase de la ceremonia de la investidura, te ungieron con aceite. La palabra “Cristo” proviene de la palabra griega “Christos” que significa “el ungido”. Uno de los primeros padres de la iglesia, Cirilo de Jerusalén, enseñó a los nuevos cristianos:

“Al bautizarse en Cristo y llevar a Cristo, hicieron conforme al Hijo de Dios; porque Dios nos ha preordenado para nuestra adopción como hijos, nos creó conforme al cuerpo de la gloria de Cristo. Por lo tanto, al convertirnos en partícipes de Cristo, se nos llama propiamente Cristos, y de ustedes Dios dijo: No toques a mis Cristos o ungidos. Ahora, se convirtieron en Cristo al recibir el antitipo [o símbolo] del Espíritu Santo; y todas las cosas han sido forjadas en ustedes por imitación, porque son imagen de Cristo”.

¡Entendemos la indirecta!

¿Ves el patrón? Después de que participamos de estas ordenanzas, compartimos el nombre, la mente, el corazón y el cuerpo de Cristo, y estamos autorizados a actuar en Su nombre. Además, de manera simbólica, llevábamos a Cristo cada día.

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por medio de su gloria y virtud, por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina…” (1 Pedro 1: 3 – 4).

En casi todos los sentidos, excepto uno literal y físico, Cristo nos impulsa a ser uno con Él.

Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos; para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Y la gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en uno, para que el mundo conozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos, como también a mí me has amado. (Juan 17: 20 – 23).

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado en thirdhour.org con el título “5 Ways You Are Meant to Become One With Christ Through Holy Ordinances”.