Síndrome del Impostor

Es posible que hayas escuchado esta frase o que incluso hayas leído sobre esto en un artículo reciente de una revista. Es un término que se ha vuelto muy conocido en el mundo de la psicología.

Identificado hace más de 40 años por dos investigadores, el Síndrome del Impostor es algo que todos hemos experimentado de una forma u otra. Dicho en términos más básicos, esta condición es un caso severo de inseguridad y dudas.

No importa la cantidad de veces que tratemos de recordar nuestros logros o éxitos, nada podrá ayudarnos cuando los síntomas del Síndrome del Impostor atacan porque, de repente, nada de eso importa. Simplemente nos encontramos terriblemente asustados de que seamos “hallados” como un fraude. 

Que alguien note que nuestras habilidades es simplemente una manera de cubrir una persona extremadamente inexperta e incapaz.

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Por lo general, los psicólogos se han referido al Síndrome del Impostor como algo que se aplica al mundo de los negocios; sin embargo la mayoría de nosotros también hemos visto a este Síndrome mostrar de su fea cabeza en el entorno de la Iglesia. Esto podría identificarse como el Síndrome del Impostor espiritual.

Y afecta a más miembros de la Iglesia de lo que pensamos.

Una de las víctimas obvias del Síndrome del Impostor Espiritual podría ser una recién conversa en la Iglesia. No importa cuánto trate de caminar, hablar, o incluso vestir de cierta manera, ella siente que su testimonio nunca será igual al de la hermana “miembro que vivió en Utah” o el hermano “bisnieto del Presidente Kimball”. 

Esta nueva miembro admitirá fácilmente que está experimentando un torrente de bendiciones relacionadas con su conversión, pero también confesará la constante sensación de que nunca será lo suficiente en comparación.

Poco sabe ella que no está sola.

También está el hermano “miembro de toda la vida” que ha servido fielmente en llamamientos grandes y pequeños, pero teme que no pueda igualar a los otros hermanos del barrio a los que considera gigantes espirituales.

También está la presidenta de la Sociedad de Socorro (sí, ella también puede convertirse en una víctima del Síndrome del Impostor Espiritual).

Por fuera parece una Santa de los Últimos Días perfecta y ecuánime, pero por dentro le preocupa de manera constante que alguien descubra que tiene un hijo que ha tomado un camino diferente, que sus habilidades domésticas no son las mejores, o que con frecuencia sufre de ansiedad.

Pero lo que estas tres personas no se dan cuenta es de que, en lugar de ser los únicos, en realidad son la mayoría.

Verás, todos tenemos nuestros momentos de duda. Y muchos de nosotros a menudo sentimos que improvisamos, en el Evangelio y en muchos otros aspectos de la vida.

Las Escrituras incluso tienen ejemplos de personas que experimentan el Síndrome del Impostor. Quiero decir, ¿la dramática declaración de Nefi, “¡Oh, que miserable hombre que soy!”, tiene el Síndrome del Impostor escrito por todas partes?

¿Y la historia de Gedeón en el capítulo 6 de Jueces? Dudó tanto de sí mismo que ni siquiera estaba seguro de que realmente era el Señor quien le hablaba. Y cuando se dio cuenta de que realmente era el Señor, aún no podía imaginar la posibilidad de ser llamado a dirigir un ejército, viendo que él era “el menor en la casa de su padre” (Jueces 6:15).

Ahora tal vez no te sientas tan solo al experimentar sentimientos de incompetencia e inseguridad. ¿Pero qué haces al respecto?

Bueno, una de las cosas más importantes que puedes hacer es reconocer estos sentimientos por lo que son, un caso serio de la aparición del hombre natural para negar tu verdadera identidad. 

Satanás

Esta es una parte de nuestra personalidad que es un enemigo de Dios y tiende a escuchar los susurros del adversario, en lugar del Espíritu Santo. Susurros que, la mayoría de las veces, tocan como un disco rayado las palabras: “Eres sólo un fraude y todos lo saben”.

Después de todo, Satanás es el primer y original impostor, ¿verdad? Si bien podemos sentirnos como un fraude, él de verdad es un fraude. Él quiere que todos nosotros sucumbamos a esos sentimientos, de que no somos buenos y que nunca lo seremos, y así poder darnos por vencidos y rendirnos ante él.

Intentó esto con Moisés, quien lo vio como era y dio la refutación: “¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito. ¿Y dónde está tu gloria, para que te adore?” (Moisés 1:13).

¿Qué le dio a Moisés el valor para desafiar al padre de todas las mentiras? ¿Cómo conquistó sus inseguridades y declaró audazmente la verdad sobre su naturaleza divina?

Bueno, él sabía que su poder provenía de un Ser Supremo que es omnipotente, no de su propio ser.

De hecho, si tratamos de basar nuestro concepto de quiénes somos en nuestro trasfondo y nuestros logros en la tierra, probablemente siempre experimentemos el Síndrome del Impostor Espiritual. Porque somos un fraude cuando construimos nuestra autoestima en los logros mundanos o en nuestra apariencia física superficial.

Por el contrario, cuando anclamos nuestra identidad a nuestra naturaleza divina, tal como lo hizo Moisés, tendremos el tipo de confianza para declarar auténticamente ante cualquier persona (incluido el adversario): “¡SOY UN HIJO DE DIOS!”

simón pedro

Así que la próxima vez que entres a la Iglesia y sientas que tu testimonio no es tan fuerte, tus oraciones no son tan elocuentes, tu ropa no es la más linda o tu clase no es tan inspiradora como la de los demás, solo recuerda: eres parte de la mayoría.

De hecho, estás rodeado de personas imperfectas como tú, que confían en un Dios misericordioso para proporcionarles la capacidad de convertirse en lo que Él sabe que pueden llegar a ser. 

Un Dios que, a través de Su Hijo, nos ha dado una manera de superar la duda y el temor del Síndrome del Impostor y reemplazarlo con la confianza y la fe de un auténtico hijo de Dios.

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Jasmine Turner y fue publicado por ldsliving.com bajo el título “What to Do When Imposter Syndrome Leaves You Feeling Like a Fake at Church