Cuando escuchamos la palabra “desamor”, a menudo pensamos en experiencias modernas complejas como rupturas, traiciones y relaciones que no funcionaron y en realidad, no estamos lejos de la verdad.

Pero, ¿sabías que el desamor también ocurrió en la Biblia? Sí, leíste bien. No todo en la Biblia son experiencias magníficas y hermosas. Si leemos bien, nos daremos cuenta de que hubo personas que también sufrieron por amor aunque de diferentes formas.

Vale la pena analizar esas historias. Es por eso que a continuación presentamos algunas de esas experiencias de desamor y la razón por la cual se registraron. ¿Quién sabe? Quizá te sientas relacionado con alguna.

Jacob y Lea: amar sin recibir lo mismo

Jacob amaba a Raquel, hermana de Lea, pero terminó casado primero con Lea por engaño. Imagen: Bibliatodo

La historia de Jacob y Lea es una de las historias de desamor más evidentes y dolorosas de la Biblia. Pero, ¿por qué?

Bueno, al leer Génesis 29 encontramos su historia. En ella se nos relata que Jacob amaba a Raquel, hermana de Lea, pero terminó casado primero con Lea por engaño.

Desde allí, el texto deja claro el desequilibrio amoroso entre ellos:

“Y se unió [Jacob] también a Raquel y la amó también más que a Lea”. (Génesis 29:30)

¿Puedes imaginar eso? ¿Vivir un matrimonio sabiendo que jamás fuiste la elección de la otra persona? Lea conoció bien ese sentimiento. Su dolor fue tan grande que las Escrituras expresan:

“Y vio Jehová que Lea era menospreciada”.

Debido a ese sentimiento, Dios se compadecía de ella y le permitió concebir varios hijos que, para ella, representaban una esperanza de ser apreciada por Jacob.

“Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido”, decía Lea.

Sin embargo, por más que se esforzaba, ese amor nunca llegó como ella lo anhelaba.

La lección: Aunque Lea fue ignorada por Jacob, no fue invisible para Dios. De ella, vinieron Judá y, finalmente, Jesucristo. Su historia nos recuerda que aunque no seamos la “primera opción” de otros, siempre lo seremos para Dios.

Ana: el desamor por un sueño roto

Ana no podía tener hijos y eso era considerado un sigo de burla. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La próxima historia de desamor se encuentra en 1 Samuel 1. Sin embargo, esta historia no surge de una relación romántica sino de un anhelo imposible: el deseo de ser madre.

Para entender esto debemos saber que en el contexto cultural de la Biblia, no tener hijos significaba vergüenza pública y un dolor grande.

“[Ana], con amargura de alma, oró a Jehová y lloró desconsoladamente”. (1 Samuel 1:10)

Por si no fuera poco el sufrimiento interno que sentía Ana por la sociedad, a eso se le sumaban las provocaciones y humillaciones de Penina, la otra esposa de su marido.

Año tras año su dolor crecía, pero jamás perdía la fe y seguía orando por un milagro. Fue así como, finalmente, fue bendecida con un varón: el profeta Samuel.

La lección: El desamor no siempre viene por una persona sino por “imposibles” de la vida. Aunque las respuestas no lleguen de inmediato, Dios no ignora nuestro llanto y, tarde o temprano, responderá.

Oseas y Gomer: amar a quien te traiciona

En el libro de Oseas, Dios le pide al profeta que se case con Gomer, una mujer que en repetidas veces le es infiel. Imagen: La Corriente

Esta historia quizá es una de las más crudas y duras sobre el desamor que, de cierta manera, refleja una de las situaciones más comunes de la sociedad.

En el libro de Oseas, Dios le pide al profeta que se case con Gomer, una mujer que en repetidas veces le es infiel. Es ahí cuando Oseas repite el mismo patrón: ama, perdona y vuelve a amar, aun sabiendo que volverá a ser traicionado.

“Y me dijo otra vez Jehová: Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera”. (Oseas 3:1)

Quizás ahora te preguntes: ¿Por qué Dios mandó a Oseas a vincularse con una mujer adúltera? Si él sabía que Oseas sufriría, ¿por qué lo permitió?

Pues en realidad, Dios utilizó esta historia para mostrar cómo Él mismo ama a Su pueblo a pesar de su infidelidad.

La lección: La historia de Oseas muestra que incluso el amor no correspondido puede revelar quiénes somos y en qué creemos.

David y Betsabé: el desamor nacido de malas decisiones

David no sufrió desamor por traición, más bien, él la provocó. Imagen: Pinterest

Esta es posiblemente una de las historias de desamor más clásicas y conocidas entre muchos cristianos, y quizá lo que más destaca es su giro inesperado en comparación con las historias anteriores.

En este caso, David no sufrió desamor por traición, más bien, él la provocó. Por lo tanto, el desamor que sintió fue desde el ángulo de las consecuencias de sus acciones.

La Escritura en Salmo nos muestra que David, rey de Israel, tuvo una relación con Betsabé, quien estaba casada. Eso le trajo culpa, vergüenza y lo que fue peor, la pérdida de su relación con Dios.

Debido a esto, David expresó:

“Al corazón quebrantado y contrito no despreciarás tú, oh Dios”.

La historia de David nos enseña que el desamor no solo es perder a alguien, sino también perder la paz y la confianza de alguien sobre todo de Dios. Sin embargo, aunque David cargó con ese dolor de por vida, la Biblia tampoco lo deja sin esperanza.

La lección: Algunas heridas y dolores del corazón son consecuencia de nuestras malas decisiones, pero pueden sanar cuando reconocemos nuestros errores y recurrimos al arrepentimiento.

Jesucristo y el desamor más grande

El desamor no solo tiene que ver con parejas y Jesucristo lo vivió en carne propia. Imagen: Pinterest

Por si las historias anteriores no fueran suficientes, llega Jesucristo con el mayor ejemplo de desamor en el mundo. Y es que el desamor no solo tiene que ver con parejas y Jesucristo lo vivió en carne propia.

¿Quién alguna vez ha sido rechazado de forma cruel? Si te ha pasado y sientes que nadie te comprende, mira a Jesucristo. Él amó a todos, pero fue rechazado en varias ocasiones.

“A los suyos vino, y los suyos no le recibieron”. (Juan 1:11)

Esa escritura resume a la perfección todo lo que Él vivió: la traición de Judas, la negación de Pedro y el abandono de muchos que lo siguieron. 

Aún así, lo que más conmueve es que el Salvador eligió responder con amor en lugar de resentimiento.

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