La sumisión: ¿Cuándo es buena y cuándo es un peligro?

sumisión

La sumisión tiene una mala reputación. El Elder Jeffery R. Holland expresó: “Pueden estar seguros de que para algunos en este mundo, no está de moda y tampoco es atractivo hablar de someterse, a nadie ni a nada… Suena mal, parece hablar de debilidad y cobardía.”

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Sin embargo, el elegir ser sumiso juega un papel importante en nuestra capacidad de progreso y alcanzar nuestro potencial. Es un comportamiento que Alma alienta en el Libro de Mormón, quien dijo: “Quisiera que fueseis sumisos”, y también por el rey Benjamín, quien nos aconsejó que “nos volvamos como niños, sumiso. . . dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente infligir sobre él, tal como un niño se somete a su padre.”

Pero no todos los actos de sumisión son nobles, virtuosos y moralmente buenos. Algunos actos de sumisión son peligrosos, y el poder distinguir la diferencia entre la sumisión destructiva y la sumisión virtuosa puede ser difícil. Aquí hay algunos consejos sobre cómo saber cuál es cuál.

La sumisión destructiva

“A menudo consideramos que la sumisión (o la incuestionable obediencia) es una virtud en el pensamiento religioso, pero que cuando se la malinterpreta, es un pensamiento peligroso”, dijo la Dra. Jennifer Finlayson-Fife, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y terapeuta con licencia que se especializa en trabajar con parejas en temas de sexualidad y relaciones.

“Someterse no es inherentemente virtuoso; la bondad de cualquier elección, en mi opinión, está determinada por quién la cede, por qué la cede y lo que crea esa sumisión”, explica la Dra. Finalyson-Fife.

“Aquellos que de manera instintiva o rutinariamente necesitan de otros a menudo buscan un tipo de protección al someterse a la perspectiva de otra persona, alguien a quien pueden someterse, y al hacerlo no asumen la responsabilidad total de sus vidas. La gente a menudo no quiere tomar el riesgo o la exposición de tomar decisiones, de hacerse cargo de su albedrío.”

La Dra. Finlayson-Fife explica que el someterse de esa manera es simplemente: “Usar a otra persona para que no tener que convertirse en un adulto, por lo que no tiene que responsabilizarse por sus propias elecciones”. Y eso socava nuestro desarrollo moral.

La sumisión virtuosa

Entonces, ¿cómo se ve la sumisión cuando es virtuosa y representa un acto de fortaleza? La Dra. Finlayson-Fife señaló:

“Cuando la sumisión es una virtud, es una opción activa de ceder algo porque crees que creará el bien mayor. Tiene que darse por un deseo genuino de hacer el bien y un juicio apropiado de que dará buenos resultados. No es conducido por el miedo. Es impulsado por el valor moral.

La sumisión virtuosa se trata de ceder al bien mayor. Pero la única forma de saber que es un bien mayor es porque lo has pensado y reconoces que hay una alternativa que crees que es menos buena. Es un acto de voluntad personal y albedrío, y canaliza tu albedrío hacia lo que crees que creará más cosas buenas.”

Una cosa es elegir someterse a Dios, sin embargo el someterse a nuestros líderes locales u otros puede ser un desafío porque, como señala la Dra. Finlayson-Fife, “hay un cierto grado de riesgo en la confianza”.

Para poder someterse de una manera que sea virtuosa, se debe tener confianza en un individuo y su meta, ya sea Dios, un líder de la Iglesia o un maestro.

Dar tu confianza a otra persona es un acto de tu albedrío, lo que significa que tienes la responsabilidad de tomar decisiones y ser juicioso sobre quién ponemos nuestra confianza.

No es correcto entregarle tu confianza a cualquier persona simplemente por un título, ni es un acto de fortaleza abstenerte de dar tu confianza simplemente para satisfacer tu ego.

la iglesia

La Dra. Finlayson-Fife ofrece un ejemplo de esta idea:

“Si un obispo dijera: ‘Hemos decidido dividir el barrio. Creemos que sería mejor para ti que asistieras al otro barrio porque no hay suficiente liderazgo”. A pesar de que esto es un inconveniente para ti, puedes someterte a la solicitud del obispo, no porque desees las bendiciones en sí, sino porque sabes que lo haces por una causa mayor.

El obispo, en este caso, entiende esta realidad mejor que tú. Están diciendo que eres necesario, y que puedes brindar tu ayuda. Y la forma de ayudar en esta causa mayor es someterse a eso, aunque le cueste más al individuo que a los que no se les pide que hagan eso.

Creo que es una sumisión virtuosa si se hace dentro de ese contexto, que tiene más que ver en la capacidad de cumplir ese llamamiento, y confiar en el juicio [de los líderes], y estas dispuesto a someterme porque realmente podemos ofrecer [lo que sea que pidan]. Es una sumisión del yo por un bien mayor. No es forzado, se basa en una sumisión que ve una panorama más amplio.”

Recientemente tomé una decisión muy difícil que iba a tener un gran impacto en mí y en mi familia. Lo había pensado mucho y había pedido a otros consejos al respecto y estaba listo para tomar una decisión. Se lo dije al Señor y le pregunté qué debía hacer.

Jane Elizabeth Manning James

Tenía dos opciones, una por la cual estaba a favor y otra por la que no. Le dije a Dios que estaba dispuesto a tomar la decisión que menos me gustaba si es que era Su voluntad. Estaba más que dispuesto a confiar en Su consejo y Su decisión sobre el tema, ya que me sentía ofuscado por el peso de la decisión y estaba feliz de poder recurrir a Dios para que Él me dijera qué hacer.

No recibí esa respuesta palabra por palabra, pero básicamente, la respuesta que recibí fue:

“No voy a decirte que quieres hacer y no voy a tomar esta decisión por ti. Cuando tomes esta decisión, quiero que la elijas porque es lo que quieres y porque es lo que realmente crees que es la decisión más adecuada para ti en esta situación.

No quiero que me dejes pensar por ti. Es bueno que tengas un corazón dispuesto a obedecer, pero también necesitas desarrollar tu capacidad de discernir entre el bien y el mal por ti mismo. Sigue trabajando en ello, te daré guía siempre que sigas pensando en ello, pero no te voy a decir lo que tienes que hacer.”

La sumisión se trata de una disposición para ser moldeado a la manera del Señor, pero también se trata de desarrollar tu capacidad para discernir entre el bien y el mal. No se trata sólo de hacer lo que se te pide, sino también de trabajar para saber si a lo que te estás sometiendo es una elección correcta.

estudio de las escrituras

Dale G. Renlund, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó esta importante verdad acerca de Dios:

“La meta de nuestro Padre Celestial en la crianza de los hijos no es hacer que Sus hijos hagan lo correcto, sino que elijan hacer lo correcto y finalmente lleguen a ser como Él. Si simplemente quisiera que fuéramos obedientes, usaría recompensas y castigos inmediatos para influir en nuestros comportamientos.

Pero a Dios no le interesa que Sus hijos se conviertan en “mascotas” obedientes y entrenadas que no le mordisquearán las pantuflas en la sala de estar celestial. No, Dios quiere que Sus hijos crezcan espiritualmente y se unan a Él en el negocio familiar.”

Este artículo fue escrito originalmente por Sherrae Phelps y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “When Is Submission Good and When Is It Dangerous?

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