Durante décadas, muchas conversaciones sobre el Libro de Abraham han partido de una idea que casi nadie se detuvo a cuestionar. Se asumió que José Smith tradujo directamente el texto egipcio que aparecía junto a la ilustración conocida como el Facsímile 1. Esa suposición se volvió tan común que pasó a sentirse como un hecho.

El problema no fue hacer una hipótesis, sino convertirla en verdad sin comprobarla.

El hallazgo que cambió el debate

El redescubrimiento de los fragmentos de los papiros en 1967 cambió la forma de estudiar el Libro de Abraham y puso en perspectiva ideas asumidas durante décadas. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Por muchos años se creyó que todos los papiros que José Smith había poseído se habían destruido en el incendio de Chicago de 1871. Por eso, cuando algunos fragmentos reaparecieron en 1967, el impacto fue inmediato. 

Uno de ellos contenía el dibujo original del Facsímile 1, lo que despertó expectativas tanto dentro como fuera de la Iglesia.

Algunos pensaron que ese fragmento permitiría “probar” la traducción de José Smith. Otros vieron una oportunidad para desacreditarla. Ambos grupos compartían la misma suposición inicial, aunque llegaran a conclusiones opuestas.

Cuando una suposición se vuelve un problema

Creer en hipótesis sin verificarlas puede generar conclusiones erróneas y confusión; este subtítulo explica cómo algunas suposiciones afectaron el debate sobre el Libro de Abraham. Imagen: Meridian

El texto egipcio que rodea el Facsímile 1 resultó ser un documento funerario común, conocido como el Libro de las Respiraciones. A partir de ahí, muchos concluyeron rápidamente que el Libro de Abraham no podía ser inspirado.

No reconocer una suposición no es un detalle menor. Impide llegar a conclusiones reales y crea una falsa sensación de certeza.

Cualquier estudio serio debía haber seguido pasos claros. Primero, analizar el texto egipcio y su relación con la imagen. Segundo, comparar otros papiros similares de la misma época. Y tercero, escuchar a los testigos presenciales que vieron los papiros y escucharon directamente de qué material decía José Smith que provenía el Libro de Abraham.

La historia viva pesa más que las especulaciones modernas.

Lo que muestran los testigos

jose smith traducción de abraham
Los relatos de quienes vieron los papiros en la época de José Smith proporcionan información clave sobre la fuente original y la naturaleza del Libro de Abraham. Fuente: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Los relatos de personas que vieron los papiros en tiempos de José Smith son consistentes en un punto clave. Cuando hablaban del origen del Libro de Abraham, se referían a un rollo largo de papiro, no a los fragmentos pequeños donde aparece el Facsímile 1.

Algunos testigos relataron que la madre del Profeta mostraba un rollo extenso y explicaba que allí estaba el registro de Abraham. Otros recordaron que ese rollo se encontraba asociado al cuerpo de un antiguo rey egipcio.

Estos relatos aparecieron después de que el Facsímile 1 ya estaba montado como fragmento separado, lo que refuerza la idea de que no era considerado la fuente directa del texto.

Lo que sí podemos afirmar

Abraham y Isaac
A partir de la evidencia histórica, se pueden establecer hechos claros sobre la relación entre los papiros y el texto revelado, manteniendo un enfoque honesto y preciso. Arte: «Abraham Taking Isaac to Be Sacrificed» por Del Parson

A la luz de la evidencia histórica, hay algo claro. El Libro de Abraham no proviene del texto que rodea el Facsímile 1. Defender lo contrario implica ignorar los únicos testimonios directos que tenemos.

Eso no significa que sepamos con exactitud cómo se produjo el Libro de Abraham. La relación entre los papiros y el texto revelado sigue siendo compleja. Pero la honestidad intelectual exige reconocer lo que no sabemos y no afirmar más de lo que la evidencia permite.

Abraham como eje, no como problema

El Libro de Abraham tiene un mensaje espiritual central sobre convenios y el plan de Dios, más allá de debates arqueológicos o académicos sobre los papiros. Imagen: Canva

El centro del Libro de Abraham nunca fue un debate técnico sobre papiros. Su mensaje apunta más alto. Habla de convenios, de una visión eterna, del propósito de la creación y del lugar de Abraham en el plan de Dios.

Reducir el Libro de Abraham a una discusión arqueológica es perder de vista su intención espiritual. El texto invita a mirar más allá del método y enfocarse en la revelación.

Las suposiciones no examinadas pueden generar confusión académica y espiritual. En cambio, un enfoque honesto permite fe informada, no fe ingenua.

El Libro de Abraham no necesita defensas apresuradas ni ataques simplistas. Necesita lectores dispuestos a pensar, a estudiar y a confiar en que el Señor revela Su palabra de maneras que no siempre encajan en nuestras categorías modernas.

Fuente: Meridian 

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