“Para mí, es interesante saber que Dios no respondió mi oración cuando la necesitaba desesperadamente; a cambio, El esperó hasta que fuera lo suficientemente fuerte espiritualmente para recibir una respuesta.”

Es una pena decir que no tengo muchos recuerdos con mi abuelo. Desde que tengo memoria, él siempre había estado confinado en una cama debido a sus múltiples problemas de salud. Al ser una de los niños más pequeños de mi familia, nunca experimenté los momentos cuando mi abuelo estaba joven y saludable.

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El Abuelo

Cuando era pequeña, cada vez que íbamos a visitar a mis abuelos, corría a la pequeña habitación al lado del cuatro de mi abuelo y veía dibujos animados con mi hermano. El único entretenimiento que había en la habitación de mi abuelo era escuchar la radio. 

Hubo varias veces en las que pensé que era una pena estar solo en esa habitación. Sin embargo, no me gustaba la idea de ir a su habitación y hablar con la persona a la que apenas conocía o con la que nunca había interactuado.

oración

En su último cumpleaños, toda la familia se reunió alrededor de su cama para celebrar. Mientras cantábamos la canción de “Feliz Cumpleaños”, mi papá me pidió que tomara la mano del abuelo. Torpemente estiré mi mano hacia la suya. Su mano estaba caliente y me sorprendió su fuerza. Fue difícil dejarlo ir al final de la canción de cumpleaños.

A medida que su salud disminuía y fue internado en el hospital, comencé a sentirme culpable por no haber pasado más tiempo con mi abuelo. A este punto, él ya no estaba consciente y los doctores estaban contando el tiempo que tenía en esta tierra.

Una noche, me acosté en mi cama y le ofrecí una oración silenciosa a Dios, pidiéndole que le permitiera a mi abuelo vivir más tiempo. Oré pidiendo que pudiera tener más tiempo para pasar con él, y le dije a Dios que si podía tener otra oportunidad, haría cualquier cosa para conocer a mi abuelo y hacerlo sentir amado. Después de la oración, las lágrimas caían de mis ojos. 

Hasta este punto, nunca había tenido experiencias espirituales en mi vida. No sabía por qué estaba llorando, pero por alguna razón, sentí que Dios estaba escuchando mi oración.

Volver a intentar

Al día siguiente, estaba en la escuela cuando mi mamá me envió un mensaje de texto que decía que el abuelo acaba de fallecer. Mi corazón se entristeció. Rápidamente le expliqué mi situación a mi maestra y corrí al hospital. Cuando llegué, mi familia rodeaba la cama del hospital de mi abuelo, y mis dos tías sugirieron cantar himnos porque eso era lo que más amaba mi abuelo cuando estaba vivo: escuchar a su familia cantar himnos juntos.

Estaba confundida porque mi oración no había sido respondida. En ese momento, no estaba segura de por qué Dios no me concedió mi justo deseo, pero al mismo tiempo, no sabía qué más podría haber hecho.oración

Mi familia realizó el funeral en la capilla. El abuelo fue el director de una escuela durante muchos años. La capilla estaba llena de sus estudiantes y personas que lo conocían y lo admiraban. Casi todos podían nombrar uno o dos recuerdos que habían compartido con mi abuelo. Ahí estaba yo, sentada en la capilla, sin saber mucho sobre él.

Tres meses después, mi tía falleció de cáncer de mama. En este punto, quería saber más, para ser más exactamente, necesitaba saber si realmente hay una vida después de la muerte. Necesitaba saber si la fe en la que creía era real o una ilusión. Oré a Dios para que de alguna manera supiera que mi abuelo y mi tía estaban bien. No sabía cómo iba a responder mi pregunta o si Él me estaba escuchando.

Lo que aprendí de la oración

Tres meses después, estaba en una conferencia para jóvenes. Al final de la conferencia, todos los jóvenes se pusieron de pie juntos y cantaron: “Llevar al mundo su verdad”. El Espíritu era fuerte y de repente escuché una voz diferente que me vino a la mente: “Tu abuelo y tu tía están aquí conmigo. Ellos se encuentran bien, están bien.” 

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Me sorprendió la voz y comencé a llorar. Aunque la duda me dijo que la voz simplemente era mi imaginación, la rechacé. Sabía que esa era la voz del Señor respondiendo a mi oración. Desde entonces, sé que todo va a estar bien. Aunque no tuve tiempo en esta vida para conocer a mi abuelo, sé que después de esta vida tendré la eternidad para pasar tiempo con él y llegar a conocerlo.

Esta experiencia me ayudó a obtener un testimonio del Evangelio y me inspiró a servir en una misión años más tarde. Para mí, es interesante saber que Dios no respondió mi oración cuando la necesitaba desesperadamente; a cambio, El esperó hasta que fuera lo suficientemente fuerte espiritualmente para recibir una respuesta. 

Si la respuesta hubiera llegado de inmediato, no hubiera creído que la respuesta era la voz del Señor. Tuve que esperar a estar espiritualmente lista para recibir mi respuesta. En Éter 12:6 dice: “Quisiera mostrar al mundo que la fe es las cosas que se esperan y no se ven; por tanto, no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe.”

Estar listos en el tiempo del Señor

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Si nunca hubiera experimentado la muerte de mis seres queridos, nunca hubiera llegado a comprender mejor el amor de Dios por Sus hijos y cuán importante es la familia para mí. Nuestro Padre Celestial nos conoce tan bien que sabe en qué circunstancias y cuándo será el mejor momento para que aprendamos de nuestras experiencias y que podamos apreciar las cosas más importantes en nuestras vidas. 

Ahora veo que cuando oré por primera vez a Dios para que dejara que mi abuelo viviera más tiempo, fue sólo el comienzo para pueda obtener mi testimonio. El hecho de que Dios me envió el Espíritu mientras lloraba muestra que se preocupa por mi dolor y mi deseo. Dios quería desesperadamente que supiera que Él estaba allí. Él estaba escuchando. Él tiene un plan para mí, incluso si ese plan significaba perder a mi abuelo.

Siempre habrá algo en nuestro camino que sea difícil y desagradable, pero creo que Dios siempre nos proporcionará una manera para que podamos recibir consuelo de Él. Según mi experiencia, la respuesta o el consuelo usualmente no vienen en el momento en que las pedimos; por el contrario, Dios espera hasta que estemos listos para recibir una respuesta. Entonces Él, de manera desinteresada, derramará Sus bendiciones celestiales sobre nosotros.

Este artículo fue escrito por Yvonne Liu y fue publicado por ldsliving.org bajo el título de “How I Received a Testimony of the Gospel When God Didn’t Answer My Prayer to Let My Grandpa Live