Hay algo que muchos cristianos incluso dentro de la Iglesia de Jesucristo pasamos por alto sin darnos cuenta y es creer que nuestro testimonio se limita a lo que decimos en voz alta cuando en realidad también tiene poder cuando lo escribimos.
Sabemos que llegará eventualmente un momento en el que ya no estaremos en este mundo, y ahí es donde surge una pregunta: ¿cómo quiero que me recuerden mis seres queridos? ¡Qué mejor manera que mediante la fuerza de tu testimonio!
Porque tu testimonio no es solo para ti, sino que también es una guía viva para quienes vendrán después: tus hijos, tus nietos y toda tu posteridad. Entonces, la pregunta que debes hacerte es: ¿cómo preservo mi testimonio?
El testimonio también se puede escribir

Muchas veces pensamos que un testimonio se fortalece únicamente cuando llega el primer domingo del mes y nos toca testificar frente a todos en la Iglesia, pero las Escrituras muestran que los discípulos verdaderos escribían sus experiencias con Dios.
El profeta Nefi lo dejó claro cuando afirmó:
«De modo que no escribo las cosas que agradan al mundo, sino las que agradan a Dios».

Esto nos enseña que escribir nuestro testimonio también es un acto de fe, ya que básicamente es lo que los profetas de las antigüedad hacían. Pero, si aún te falta convencerte, vale la pena recordar las palabras que el presidente Henry B. Eyring compartió una vez al poner en práctica este consejo. Él declaró:
«Antes de escribir [cómo me había ido en el día después de llegar a casa], meditaba en esta pregunta: “¿Hoy he visto la mano de Dios bendecirnos a nosotros, a nuestros hijos o a nuestra familia?”… Comprendí que el tratar de recordar había permitido que Dios me mostrara lo que Él había hecho».
Esa experiencia del presidente Eyring nos recuerda que escribir nuestras experiencias espirituales, aunque sean las más mínimas, fortalece nuestro testimonio y también el de nuestra familia.
Tu historia fortalece a tu familia

Decir «sé que Dios vive» durante un domingo de testimonios es poderoso. Pero explicar cómo descubriste que Dios vive, es aún más poderoso y transformador. Ahí está la diferencia.
Cuando compartes las experiencias que te llevaron a creer en Dios y en Su evangelio, tu familia se fortalece. Pero siendo honestos, a veces no alcanza el tiempo para hablar sobre eso en el púlpito. Es por eso que escribir tu testimonio incluyendo estas experiencias es tan importante.
Las generaciones futuras que vengan después de ti no solo se fortalecerán al conocer tus creencias, sino también al conocer las dudas que tuviste, las oraciones que hiciste, las respuestas que obtuviste y cómo todos esos momentos cambiaron tu vida. Tal como declaró el élder Kevin G. Brown, de los Setenta:
«Su testimonio les brindará gozo [a ustedes] al verlo reflejado en sus hijos, nietos y bisnietos, y en aquellos a quienes aman y sirven».

Para ilustrar este punto a la perfección, puedes pensar en el Libro de Mormón el cual es una colección de historias reales de cómo actuaron las personas de fe de la antigüedad.
Cuando escribes tu testimonio reflejando tus experiencias personales, como lo hicieron los profetas, estás escribiendo un «Libro de Mormón» para quienes vengan en el futuro.
Cómo escribir tu testimonio sin complicarte

Puede que la dificultad no sea escribir tu testimonio sino cómo obtener inspiración para escribirlo. Pero no necesitas ser escritor profesional ni haber tenido experiencias “extraordinarias” para hacerlo. Solo necesitas ser honesto.
Para inspirarte, puedes empezar por estas sugerencias:
- Escribe una experiencia donde sentiste paz al orar.
- Describe una decisión difícil donde buscaste guía de Dios.
- Anota una impresión espiritual que hayas recibido.
- Registra lo que sientes al leer las Escrituras.
El élder Gerrit W. Gong enseñó:
«Cuando permites que Dios prevalezca en tu vida, permites que Él multiplique las bendiciones que Él desea darte».

Escribir tu testimonio es una manera de dejar que Dios prevalezca en tu vida porque al leerlo encontrarás fuerza para anclarte a tu fe y, como producto de esa firmeza, las bendiciones de Dios se multiplicarán no solo para ti sino para tus futuras generaciones.
Así que no esperes a tener una historia perfecta, para empezar a escribir tu testimonio. Empieza hoy y ahora porque tu testimonio, aunque parezca pequeño ahora, puede convertirse en una luz potente que guíe en el futuro.
Fuente: Meridian Magazine
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