Notas del editor: Este artículo está basado en una publicación de Celisa Young para LDSLiving.
Mientras intento aprender a ser madre de mis dos hijos pequeños, hay una frase de 3 Nefi 13:34 que ha estado repitiéndose una y otra vez en mi mente:
«Basta el día para su propio mal».
Durante mucho tiempo pensé que el Salvador simplemente estaba recordando a Sus discípulos que, al igual que los lirios del campo y las aves del cielo, tendrían exactamente lo necesario para sobrevivir de un día al siguiente.
Confieso que muchas veces repetí esas palabras con cierta ironía, casi como un lema de supervivencia. Sin embargo, hace poco decidí profundizar un poco más en el significado de aquella expresión y descubrí algo que cambió por completo mi manera de entenderla.
El significado detrás de la palabra «suficiente»

Por curiosidad, investigué el origen de la palabra inglesa enough («suficiente», en español). Aunque el término sufficient proviene del latín y transmite la idea de algo adecuado o bastante, la palabra enough tiene raíces en el inglés antiguo y encierra un significado mucho más amplio.
Su origen combina dos elementos principales: uno relacionado con la plenitud, la totalidad y la unidad, y otro que significa alcanzar, obtener o llegar a algo.
Bajo ese sentido, esta palabra podría entenderse como «alcanzar la plenitud», «llegar a la totalidad» o incluso «avanzar hacia la integridad». Y para mí, eso hizo toda la diferencia.
De repente, aquella escritura dejó de significar un simple «Tendrás apenas lo suficiente para resistir un día más» y comenzó a transmitir un mensaje completamente distinto: cada día está perfeccionándote y cada día es completo en sí mismo.
También entendí que cada día, cuando decidimos consagrar nuestros esfuerzos al Señor, nos acerca un poco más a Él y fortalece nuestra relación con un Dios infinitamente generoso.
Puedes estar en proceso y seguir siendo una persona completa

Hoy interpreto esta escritura de otra manera. Para mí significa que es posible ser una persona íntegra y, al mismo tiempo, seguir creciendo.
Por eso, cuando mi bebé vuelve a llorar porque tiene hambre otra vez, cuando mi hija pequeña se queja conmigo, cuando tropiezo con el perro que quiere estar pegado a mí mientras intento comer unos huevos revueltos ya fríos porque no he tenido tiempo de sentarme en todo el día y siento que estoy al borde del agotamiento, vuelvo a repetir esa frase en mi corazón:
«Basta el día para su propio mal».
Pero ahora no pienso únicamente en las exigencias o las dificultades del día. Pienso también en mi propia plenitud, en el hecho de que cada jornada, incluso las más agotadoras, puede convertirse en una pequeña experiencia transformadora para un ser eterno.
Los días construyen algo más grande

Muchas veces los días parecen repetirse en temporadas en las que sentimos que hacemos lo mismo una y otra vez y que nuestros esfuerzos pasan desapercibidos. Sin embargo, también he aprendido que los días se acumulan.
Cada acto de paciencia, cada sacrificio silencioso, cada pequeña decisión de seguir adelante está formando algo dentro de nosotros, aunque todavía no podamos verlo con claridad.
Me encanta poder reconocer, de vez en cuando, pequeños destellos de hacia dónde me estoy dirigiendo y darme cuenta de cuánto he avanzado, incluso en medio del cansancio. He comenzado a comprender que mi vida es suficiente para mí y eso es un regalo.
Porque quizá el mensaje del Salvador no es simplemente que tendremos lo necesario para sobrevivir hasta mañana, sino que cada día posee su propia plenitud, su propio propósito y su propia capacidad para transformarnos.
Y aunque todavía estemos aprendiendo, creciendo y tratando de descubrir cómo hacerlo mejor, podemos descansar en la certeza de que Dios está utilizando incluso nuestros días más ordinarios para moldearnos y acercarnos a la persona que Él sabe que podemos ser.
Fuente: LDSLiving
