“Es probable que todos háyamos sido atacados por los dardos de Satanás. ¿Qué podemos hacer al respecto? Aquí hay algunas sugerencias.”

Insidioso. Destructivo. Poderoso.

Estas palabras describen una de las herramientas más utilizadas por el adversario. Conocida como la vergüenza, esta arma fue una de las primeras en ser utilizada por este gran seductor para tratar de alterar la relación entre el hombre y Dios por la eternidad. 

Lamentablemente, es una herramienta muy efectiva. Pero, ¿qué es la vergüenza y cómo se introdujo? Más importante aún, ¿cómo podemos combatirla?

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¿Qué es la vergüenza?

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La vergüenza es una emoción hiriente que surge de comparar como nos vemos a nosotros mismos y lo que creemos que deberíamos ser. Las personas que sienten vergüenza generalmente no piensan que han hecho o hacen cosas malas; creen que ellas son malas o que no valen nada. 

La vergüenza a menudo provoca un deseo de esconder o alejarse de quienes realmente son. Tratamos de ocultar nuestras insuficiencias o fracasos percibidos. La vergüenza puede crear sentimientos de imperfección tan fuertes que impide que las personas avancen en cualquier dirección.

Dentro del contexto del evangelio, la vergüenza puede hacer que nos preguntemos por qué deberíamos esforzarnos por tratar de vivir una vida justa, y es algo que puede colocar barreras entre nosotros y Dios. 

La vergüenza ataca directamente a la verdad fundamental de que somos hijos de Dios. Sin un sentido de confianza en un Dios amoroso, un Salvador misericordioso y nuestro propio potencial, nuestro progreso se vuelve casi imposible.

¿Cómo se introdujo la vergüenza?

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A través de las enseñanzas restauradas del evangelio y el templo, aprendemos que Adán y Eva disfrutaron de la presencia física de Dios en el Jardín del Edén. También aprendemos que fue Satanás quien sugirió que ellos se escondieran de Dios debido a su desnudez. Así nació la vergüenza. 

Nunca antes el hombre había considerado siquiera que debería esconderse de Dios, incluso después de haber transgredido.

Por necesidad del plan de Salvación, Adán y Eva fueron expulsados del Jardín y entraron en un desierto solitario y triste. Ya no podían disfrutar de la presencia física de Dios. Sin embargo, es imposible que Dios haya querido que Adán y Eva sintieran vergüenza.

Hubo consecuencias por sus acciones, pero ¿debían sentirse tan indignos que tenían que esconderse del Dios que amaban y con el que habían caminado?

De manera similar, todos transgredimos las leyes de Dios. ¿Debemos escondernos de Dios debido a nuestros pecados y errores? Si creemos en las escrituras y las palabras de los profetas modernos, la respuesta es no.

5 formas de combatir la vergüenza

Es probable que todos experimentemos vergüenza en nuestras vidas. ¿Qué podemos hacer al respecto? Aquí hay algunas sugerencias.

Reconoce la diferencia entre la vergüenza y la culpa

La culpa tiene un propósito, especialmente en el evangelio. La culpa nos permite saber cuándo hemos hecho algo mal y nos insta a arrepentirnos. No nos libera de las consecuencias cuando cometemos errores. Debemos enfrentar las consecuencias y soportar el dolor o la prueba que viene con el pecado. 

No obstante, Dios ha enseñado que tantas veces como nos volvamos a Él, podemos progresar y ser perdonados. Necesitamos disociar nuestras debilidades y pecados con el amor de Dios. Satanás evita la gloria del arrepentimiento acumulando tanta vergüenza sobre nosotros que ni siquiera nos atrevemos a entrar por la puerta que lleva al perdón.

El Elder Jeffrey R. Holland dijo una vez: 

“Por más tarde que piensen que hayan llegado, por más oportunidades que hayan perdido, por más errores que piensen que hayan cometido, sean cuales sean los talentos que piensen que no tengan, o por más distancia que piensen que hayan recorrido lejos del hogar, de la familia y de Dios, testifico que no han viajado más allá del alcance del amor divino.

No es posible que se hundan tan profundamente que no los alcance el brillo de la infinita luz de la expiación de Cristo.”

Concéntrate en tu relación con Dios, no en la cultura de la Iglesia

Gran parte de la vergüenza que sentimos viene de no estar a la altura de las expectativas percibidas, ya sean las que nosotros mismos ideamos o de influencias externas. 

Puede existir mucha presión creada por la cultura de la Iglesia aun cuando nadie tiene esa intención. A menudo sentimos que necesitamos ser perfectos. Los principios del Evangelio se convierten en infinitas listas de cosas por hacer. No es de extrañar que nos sintamos abrumados.

Dios sabe donde estás en tu progreso. Él tiene un plan para ayudarte a progresar. Concéntrate en establecer una relación con Cristo y en cambiar tu corazón, en lugar de adaptarte a cualquier “molde” o “encajar” en las expectativas que otros puedan poner sobre ti. Es probable que lo que necesites hacer para acercarte a Jesús sea diferente de otra persona.

Evita las comparaciones, especialmente en las redes sociales

redes sociales

Refiriéndonos a otras personas, todos sabemos que la comparación es el ladrón de la alegría. ¿Pero nos hemos dado cuenta de cuán profunda es nuestra comparación psíquica? 

Cada día en las redes sociales somos testigos de grandes actuaciones: sólo se publican los mejores selfies, las mejores comidas, los momentos más increíbles. Puede que no nos demos cuenta, pero la realidad se ha convertido en cualquier cosa menos que eso.

Evita las comparaciones enfocándote en tu propio progreso y en servir a los demás. Ambos te abrirán los ojos sobre cómo Cristo realmente ve las cosas. No confíes en las redes sociales y en el mundo para decirte cómo debes de verte, cómo debes actuar o cómo debes vivir tu vida.

Encuentra lo que amas de ti mismo

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Cuando sentimos vergüenza, a menudo nos sentimos ansiosos por cosas que nos hagan sentir amados o dignos. En lugar de hacer lo que verdaderamente nos traerá felicidad y satisfacción, hacemos lo que provocará la admiración o aprobación de los demás. Esto nunca será suficiente y nunca durará.

Descubre los dones y talentos con los que has sido bendecido y disfrútalos. Independiente de cualquier otra persona, ¿por qué razón te amas? ¿Qué te trae gozo? Es bueno que te des cuenta de lo que te motiva y el por qué estás haciendo algo.

Sigue adelante con fe

amor De Dios

Las personas que pasan por pruebas no quieren escuchar que el tratar de ser feliz arreglará las cosas. Y es verdad. Cuando alguien siente tanta vergüenza que el dolor parece insoportable, el “ámate a ti mismo” no va a funcionar en ellos. Sin embargo, hay un verdadero principio detrás de todo esto que puede ayudarlos. 

La única forma de deshacernos verdaderamente de la oscuridad es añadiendo luz. Necesitamos seguir intentándolo, seguir avanzando y seguir haciendo nuestro mejor esfuerzo para agregar luz a nuestra vida.

El Elder Holland en uno de sus discursos en la Conferencia General dijo: 

“Lo bello del Evangelio es que se nos da mérito por esforzarnos, aunque no siempre lo logremos…. sigan amando; sigan tratando; sigan confiando; sigan creyendo; sigan progresando. El cielo los está animando hoy, mañana y siempre.”

Este artículo fue escrito originalmente por Aleah Ingram y fue publicado originalmente por ldsdaily.com bajo el título “How Satan Created Shame + 5 Ways to Combat It