Nota del editor: Este artículo de opinión contiene un lenguaje gráfico y relatos de violencia contra los primeros Santos de los Últimos Días que algunos lectores podrían encontrar pertubador.

He quedado consternado al ver que la violencia racial persiste incidente tras incidente. Una respuesta por parte de la comunidad afroamericana ha sido organizar el movimiento Black Lives Matter (Vidas Negras Importan). La respuesta de algunos estadounidenses es afirmar que “Todas las Vidas Importan”.

Es una respuesta sorprendente y sin sentido que se aleja por completo del objetivo del movimiento Black Lives Matter y demuestra la incapacidad de algunos estadounidenses de intentar ponerse en el lugar de otra persona. 

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Los Santos de los Últimos Días en particular no necesitan investigar más allá de la década de 1830 y a su propia complicada estadía en Missouri para poder encontrar al menos una razón para tomar una posición en contra de la injusticia racial.

En el otoño de 1838, mis antepasados ​​blancos y miembros de la Iglesia, Felinda y Levi Newton Myrick se asentaron en un pequeño puesto de avanzada en Missouri.

El 30 de octubre, un grupo de milicianos del estado de Missouri, personas cuya labor era proteger y servir, llegaron a este pequeño puesto de avanzada. Un “mormón” blanco levantó las manos y agitó su sombrero en son de paz para pedir asilo. Él fue recibido con disparos.

Un testigo ocular más adelante describió lo que le sucedió a Thomas McBride, un colono Santo de los Últimos Días de avanzada edad:

“Después de que él entregó su arma y se entregara como prisionero, fue abatido a tiros y después de mantenerse en el suelo intentó levantarse. Fue herido con una vieja hoz para cortar maíz. Después de un momento intentó levantarse una vez más y fue nuevamente herido y cortado en pedazos”.

Mis antepasados, Levi y su hijo Charles, de nueve años, corrieron a la herrería para protegerse. Era un lugar terrible para esconderse. La milicia de Missouri forzaron sus armas entre las hendiduras del la madera de la herrería y dispararon a quemarropa.

Levi fue asesinado de esa manera. Mientras tanto, Charles y otros dos niños, de diez y seis años, se escondieron detrás del fuelle en la herrería. Al descubrirlos, los miembros de la milicia le dispararon en la parte superior de la cabeza al niño de diez años, hiriendo de gravedad a Charles, quien murió cuatro semanas después, e hirieron también al niño de seis años en la cadera.

Como justificación para dispararle a uno de los niños, un miembro de la milicia exclamó:

“Las liendres producirán piojos, y si hubiera vivido se habría convertido en un mormón”.

La frase “las liendres producen piojos” fue usada en diferentes circunstancias en la historia de los Estados Unidos para justificar el asesinato de niños nativos americanos, pero ¿cómo justificas una orden de exterminio contra personas que se parecen a ti? Una forma de hacerlo es sugerir que no son como uno, que son de alguna manera diferentes, incluso racialmente inferiores a uno.

Los Santos en ese momento reconocieron este acto racista y se quejaron al respecto: un líder de la Iglesia de Jesucristo, Parley P. Pratt escribió que los Santos fueron tratados como si fueran “una tribu salvaje, o una raza de color extranjero”. Heber C. Kimball, otro líder de la Iglesia, reconoció que los Santos no fueron “considerados aptos para vivir entre personas blancas”.

Nadie fue llevado ante la justicia por la expulsión de los Santos en Missouri. José Smith le pidió a sus seguidores que escribieran peticiones de reparación al Congreso de los Estados Unidos para solicitar una intervención federal y una compensación por la pérdida de vidas y bienes que los Santos habían sufrido en Missouri.

Mexico y enemigo

El profesor Clark V. Johnson de BYU recolectó más de 800 de estas declaraciones juradas y el Centro de Estudios Religiosos de BYU las publicó en 1992. Al leer estas peticiones de reparación en el contexto actual, escucho a los Santos de las décadas de 1830 y 40 declarar, en una petición tras otra: “Las Vidas Mormonas Importan”.

Permítanme compartir con ustedes una pequeña porción de la petición de uno de mis antepasados, Filinda Myrick, después de que ella perdió a su esposo y a su hijo de nueve años:

“El populacho vino sobre nosotros al atardecer… y comenzaron a disparar contra los hombres, mujeres y niños indefensos y hubo quince muertos y fueron enterrados en una fosa al día siguiente y otros fueron heridos, algunos de muerte entre los cuales estaba mi esposo Levi N. Myrick, quien fue asesinado al instante, y también un hijo mío herido de gravedad que luego falleció unas cuatro semanas después”.

Amanda Smith, otra autora de dichas peticiones, también perdió a los miembros de su familia, escribió:

“Ahora le dejo a este Honorable Gobierno que diga cuáles podrían ser mis daños; o por lo que estarían dispuestos a ver a sus esposas e hijos sacrificados, de la misma manera en que vi a mi esposo, hijo y otros [asesinados]…”

En resumen, escribió, “todos mis daños son más de lo que vale el Estado de Missouri”.

Si fueras un Santo de los Últimos Días en Missouri en 1838 y enfrentaras una orden de exterminio emitida por el estado, ¿cómo te sentirías si la respuesta que recibieras fuera “Todas las vidas de Missouri importan”? Los Santos que estaban desarmados y cuyas manos estaban en el aire fueron asesinados en Missouri.

Se escribieron peticiones, más de 800, pidiendo justicia y argumentando que las Vidas Mormonas Importan. Sus súplicas permanecen aún sin respuesta.

Hoy en día, los estadounidenses afroamericanos pueden sentir que hay una orden de exterminio contra ellos y que sus vidas no son importantes para los demás.

Cuando una persona negra termina muerta por una infracción de tránsito menor o porque su auto se descompuso en camino a su casa desde la universidad, decirle a los estadounidenses negros que “Todas Las Vidas Importan” es un insulto.

Imagínate tratar de querer convencer a los Santos blancos, Filinda Myrick y Amanda Smith, en 1838 de que todas las vidas de Missouri importan cuando fueron sus esposos e hijos quienes fueron asesinados por ser “mormones”.

El movimiento Black Lives Matter simplemente significa que las vidas negras TAMBIÉN importan. Las vidas negras también importan en el momento en que el sistema de justicia parece implicar todo lo contrario.

Hoy lloro con aquellos que lloran, no por mis antepasados blancos Santos de los Últimos Días, sino a causa de ello.

Este artículo fue escrito originalmente por Deseret Staff y fue publicado originalmente por deseret.com bajo el título “My view: Black lives matter. Mormon lives matter”