Necesito la guía de Dios, pero no puedo concentrarme en las Escrituras, ¿qué puedo hacer?

tribulación

¿Te has sentido así alguna vez?

Yo muchas. En momentos de “silencio” parece que Dios está callado y que las Escrituras están mudas.

¿Qué pasa en nuestro corazón para que no queramos leer las Escrituras? ¿No estamos amando a Dios y Su voz lo suficiente?

Oro para que este artículo anime al cansado, fortalezca al débil y ayude al frustrado.

¿Qué puedo hacer si hay algo en mí que me impide leer las Escrituras?

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“Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi conocimiento, porque es cosa deleitable que las guardes dentro de ti, y se afirmarán en tus labios”. (Proverbios 22: 17 – 18)

Mantente cerca, sigue leyendo, sigue estando ahí para escuchar.

Empuja a tu corazón, disciplínalo.

La palabra es un diamante que debes observar de diferentes ángulos y perspectivas para apreciar toda su belleza.

¿Qué hacer cuando leer las Escrituras nos deja igual, indiferentes, sin cambio?

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Con mucha frecuencia, sucede esto y tenemos menos ganas de leer las Escrituras y nos preguntamos, ¿qué hacer cuando leer las Escrituras parece insignificante, irrelevante?

Hay dos mentiras que Satanás quiere que creamos:

“No sirve para nada”: Esto produce incredulidad, nos llevará a leer cada vez menos y saltarnos lo “no importante”.

“Nunca entiendo nada”: Esto produce que no nos sintamos suficiente.

¿El problema?

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Parte del problema es que veamos la lectura como algo puramente intelectual.

Los seres humanos nos movemos por aquello que amamos: Aquello que deseamos y que cautiva nuestro corazón.

No leemos para aprender ciertas cosas. Leemos para convertirnos en cierto tipo de personas. Queremos que la belleza de Dios transforme no solo nuestra mente, también nuestro corazón.

Considera lo siguiente

JAS

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Haz tu parte: Lee

Permite que Dios haga Su parte. Él da el crecimiento, la revelación, el querer y el hacer.

Dios siempre está trabajando, aunque no lo percibamos.

Predícate día tras día

Háblale a tu corazón día tras día, anímalo a saborear lo bueno que es Dios. Si tu corazón no siente nada, despiértalo y empújalo a saborear. Verás que pronto, con cada pequeño esfuerzo, lograrás el cambio que anhelas.

Fuente: Llevando su gracia (Instagram) 

| Vida S.U.D

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