Cuando hablamos de la historia de la Iglesia, es común que surja esta duda. En especial al conocer el rol activo y visible que tuvieron las mujeres en los primeros años. Para responder bien, es necesario aclarar conceptos y entender el contexto en el que se organizó la Iglesia.

El sacerdocio, tal como lo entendemos hoy, fue revelado y organizado de manera progresiva. No apareció completamente definido desde el primer día.

El contexto de los primeros años

sociedad de socorro
En los inicios de la Iglesia, muchas prácticas aún se estaban revelando. Comprender ese proceso ayuda a entender el rol activo que tuvieron las mujeres desde el comienzo. Mujeres de la Sociedad de Socorro. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Cuando La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se organizó en 1830, muchas prácticas aún estaban en desarrollo. Doctrinas, ordenanzas y responsabilidades se iban esclareciendo línea por línea.

En 1842, José Smith organizó la Sociedad de Socorro en Nauvoo. Desde el inicio, habló a las mujeres usando un lenguaje elevado y profundamente espiritual. Les enseñó que debían actuar “según el sacerdocio antiguo” y expresó su deseo de que fueran una sociedad selecta, virtuosa y santa.

Ese lenguaje establecía paralelos espirituales, no una ordenación formal al sacerdocio.

¿Qué significaba “ordenar” en ese tiempo?

El lenguaje usado en el siglo XIX no siempre coincide con el actual. Analizar cómo se usaban términos como “ordenar” aclara muchas confusiones históricas. Imagen: Ask Gramps

En las actas de la Sociedad de Socorro se menciona que Emma Smith y sus consejeras fueron “ordenadas” para presidir. Sin embargo, en la Iglesia primitiva esa palabra se usaba de forma más amplia. Con el tiempo, la Iglesia fue diferenciando términos.

Hoy entendemos que:

  • Ordenar se refiere a conferir un oficio del sacerdocio.
  • Apartar se refiere a asignar una responsabilidad o llamamiento.

Más adelante, líderes como el presidente Joseph Fielding Smith aclararon que esas “ordenaciones” tempranas equivalían a lo que hoy llamamos ser apartadas para servir.

En la doctrina de la Iglesia, el sacerdocio es el poder y la autoridad delegados por Dios para actuar en Su nombre. Este se confiere a hombres dignos que son ordenados a oficios específicos. Las mujeres no son ordenadas a oficios del sacerdocio. Sin embargo, eso no significa que no participen de su poder.

Toda persona que sirve bajo la dirección de alguien que posee llaves del sacerdocio ejerce autoridad delegada.

El rol sagrado de las mujeres en el templo

En el templo, las mujeres sirven en ordenanzas sagradas con autoridad delegada, mostrando una participación real y esencial en la obra del Señor. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Uno de los espacios donde esto se ve con mayor claridad es el templo. Las mujeres participan activamente en ordenanzas sagradas, como las iniciatorias, sirviendo a otras mujeres.

Estas ordenanzas son válidas y vinculantes. No porque las mujeres tengan un oficio del sacerdocio, sino porque actúan con autoridad delegada bajo las llaves del sacerdocio que posee el presidente del templo.

Dentro de la Iglesia existe una distinción clara entre autoridad y gobierno. Los oficios que presiden formalmente la Iglesia, como obispos o presidentes de estaca, son ocupados por hombres ordenados al sacerdocio.

Al mismo tiempo, las mujeres presiden organizaciones completas como la Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes y la Primaria. La obra del Señor no se sostiene solo desde el gobierno, sino desde el servicio inspirado.

Dones espirituales en la Iglesia primitiva

Sociedad de Socorro
La fe y los dones espirituales estuvieron presentes tanto en hombres como en mujeres, reflejando una Iglesia viva y guiada por revelación continua. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

En los primeros años, tanto hombres como mujeres ejercían dones espirituales, incluida la sanación por la fe. José Smith enseñó que estos dones seguían a los creyentes y que no era pecado que una mujer impusiera las manos para sanar si actuaba con fe.

Con el paso del tiempo, la Iglesia fue delimitando que las bendiciones de sanación se realizaran mediante el sacerdocio. No porque la fe femenina fuera menor, sino por orden y revelación.

Una promesa eterna compartida

Hermana Aburto
La doctrina del templo enseña que hombres y mujeres avanzan juntos hacia la plenitud eterna, como compañeros en el plan de Dios. Reyna I. Aburto. Segunda Consejera, Presidencia General de la Sociedad de Socorro. Imagen: Church News

La doctrina del templo enseña que hombres y mujeres fieles reciben promesas eternas. Las escrituras hablan de llegar a ser reyes y sacerdotes, reinas y sacerdotisas, en un sentido eterno.

La plenitud del poder de Dios no es individual ni competitiva, sino conjunta. Se alcanza como compañeros, no como categorías separadas.

Las mujeres no han sido ordenadas al sacerdocio en ningún periodo de la Iglesia. Pero desde el inicio, han tenido responsabilidades reales, autoridad delegada y un rol esencial en la obra de salvación.

Entender esto ayuda a evitar extremos. Ni negar su influencia, ni confundir funciones distintas. El sacerdocio no es un símbolo de estatus, sino una herramienta para servir. Y en esa obra, hombres y mujeres han sido llamados, preparados y guiados por el Señor desde el principio.

Fuente: Ask Gramps 

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