Una nueva Semana Santa ha pasado, y con ella se fueron días de reflexión, reuniones, tradiciones y momentos espirituales. Es aquí cuando muchos se preguntan: Ya culminó lo mejor de la temporada espiritual, ¿y ahora qué?
La respuesta nos sugiere que la Semana Santa no termina al caer el domingo por la noche. Es nuestro deber mantener vivo ese espíritu y es por eso que hoy te compartimos lo que puedes seguir haciendo ahora que la Semana Santa ha terminado.
Porque la Resurrección de Cristo no fue para un día, sino para toda la vida.
Ayudar a otros

La Semana Santa nos recuerda la forma de vida de Cristo: servir y amar. Entonces, ¿por qué no hacer de ese ejemplo un hábito diario?
Muchos líderes de la Iglesia de Jesucristo también han expresado esta invitación. Por ejemplo, el élder Dieter F. Uchtdorf enseñó:
“Cristo no sólo habló del amor, sino que lo demostró cada día… Cuando el Salvador extiende Sus manos, aquellos a los que toca son edificados… Si nosotros somos Sus manos, ¿no debemos hacer lo mismo?”
Esas palabras reflejan un llamado a la acción: ayudar a otros. Al hacerlo, extendemos la Pascua más allá del domingo de Resurrección y lo mejor es que no hace falta grandes gestos, sino de acciones constantes:
- Escuchar a un amigo con sinceridad.
- Visitar a un vecino que vive solo.
- Dar una mano sin esperar nada a cambio.
Con cada gesto de servicio sincero, Cristo vive en nosotros. Eso no se limita a una sola semana al año.
Leer las escrituras

Otra de las acciones que solemos frecuentar durante Semana Santa con más constancia es estudiar las escrituras. ¿Y si mantenemos eso para siempre?
El presidente Thomas S. Monson declaró:
“El dedicar cada día al estudio de las Escrituras ciertamente fortalecerá nuestro cimiento de fe y nuestro testimonio de la verdad”.
La Biblia, el Libro de Mormón y otros textos sagrados no solo son para los domingos, sino que son fuentes de consuelo y fortaleza que el Señor nos ha dado para guiar nuestro día a día.
Mientras más nos esforcemos por estudiar las escrituras cada día, más constantemente mantendremos viva la imagen de Jesucristo en nuestra mente.
Eso es como vivir la Semana Santa una y otra vez.
Santificar la vida como “una nueva Semana Santa”

En la Iglesia aprendemos que ser discípulos de Cristo es una vida de renovación constante.
Una de esas oportunidades de renovación llega cada domingo durante las reuniones dominicales en la Iglesia. Allí, recordamos nuestros convenios bautismales y el sacrificio de Jesucristo.
Al meditar en esto, recordemos las palabras del presidente Nelson:
“Permitan que este domingo de Pascua de Resurrección sea un momento decisivo en su vida. Elijan hacer el trabajo espiritual que se necesita para disfrutar del don del Espíritu Santo”.
Una de esas formas de disfrutar el don del Espíritu Santo es santificando nuestras vidas mediante la renovación de nuestros convenios. Cuando entendemos esto, la Semana Santa se convierte en una forma de vivir.
¿Se acabó la Semana Santa? ¡No!

Si la Semana Santa fue para ti un tiempo de paz, más ganas de orar, más deseo de servir e incluso más amor por tu familia, entonces no ha terminado realmente.
La Resurrección de Cristo es la base de nuestra esperanza, tal como lo declaró el profeta José Smith:
“Este es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre”.
Y aquí es donde viene nuestra invitación: vivir como si Cristo siempre estuviera vivo en tu vida.
Como ya lo explicamos, la Semana Santa sigue viva cuando el amor que mostró Jesús sigue actuando en y a través de nosotros. Y si eso sucede, entonces cada día puede sentirse como un nuevo amanecer de esperanza tal como Su resurrección.
¿Qué parte de la Semana Santa quieres que se quede contigo? Reflexiona en eso por un momento y empieza a actuar. Puede que tu vida sea distinta si decides desde hoy vivir la Semana Santa cada día.



