Pregunta

¿Al comenzar a leer nuevamente el Nuevo Testamento, puede surgir una pregunta interesante:

¿Por qué Jesucristo esperó tanto tiempo para ser bautizado? En Doctrina y Convenios 84:28 aprendemos que Juan el Bautista se bautizó en su juventud, recibió el sacerdocio y obtuvo el llamamiento de preparar el camino para el ministerio del Señor.

Si el Salvador tuvo que aprender “gracia por gracia” hasta recibir una plenitud, ¿no habrían ayudado en ese proceso el bautismo y el don del Espíritu Santo? Entonces, ¿por qué esperó hasta los últimos años de su vida para bautizarse con Juan?

Respuesta

Imagen: Angel Studio

Para responder esa pregunta, primero debemos entender el propósito del bautismo de Jesucristo y el contexto en el que ocurrió.

El profeta Nefi explica en el Libro de Mormón varias razones por las que el Salvador decidió bautizarse. Entre ellas destacan cuatro:

  • Cumplir toda justicia.
  • Humillarse ante el Padre y demostrar obediencia al guardar todos los mandamientos.
  • Mostrar la rectitud del camino y la estrechez de la puerta.
  • Dar el ejemplo perfecto para todos nosotros.

Jesucristo no necesitaba el bautismo para recibir el perdón de los pecados, porque vivió una vida perfecta y sin pecado. Aun así, eligió bautizarse para cumplir la ley del evangelio, hacer un convenio y mostrar el modelo que todos debemos seguir.

Por lo tanto, su bautismo no respondió a una necesidad personal, sino al deseo de obedecer la ley divina y enseñar el camino correcto.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el bautismo representa arrepentimiento y un convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Cristo, obedecer los mandamientos del Padre y permanecer fieles durante toda la vida. Esta ordenanza no es solo un acto simbólico; también es una declaración pública de fe y un compromiso sagrado hecho con autoridad.

Imagen: Midjorney

La situación de Jesucristo, sin embargo, fue única. Él fue el único ser perfecto que ha vivido en la tierra y aun así decidió someterse al bautismo. No buscaba el perdón de pecados. Más bien, quiso obedecer perfectamente todas las leyes de Dios y mostrar humildad ante el Padre.

Como enseñó Nefi:

“Según la carne se humilla ante el Padre y testifica al Padre que será obediente a Él en guardar Sus mandamientos” (2 Nefi 31:7).

Otra parte de la respuesta se relaciona con el momento en que ocurrió el bautismo.

En el antiguo Israel, los 30 años marcaban la edad adecuada para comenzar el servicio religioso público. Por ejemplo, los levitas iniciaban su servicio en el tabernáculo a partir de esa edad (Números 4:3). La sociedad consideraba esa etapa como un momento de madurez y preparación para asumir responsabilidades espirituales.

Por esa razón, tanto Juan el Bautista como Jesucristo comenzaron su ministerio alrededor de los 30 años.

Las escrituras también enseñan que Juan recibió su llamamiento desde la niñez para preparar el camino del Señor. Doctrina y Convenios 84:27–28 explica que se bautizó en su juventud y que un ángel lo ordenó para cumplir esa misión especial.

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Además, Juan recibió una señal para reconocer al Mesías. Dios le enseñó que aquel sobre quien descendiera el Espíritu y permaneciera sería quien bautizaría con el Espíritu Santo (Juan 1:33).

Cuando Jesús llegó para bautizarse, Juan dudó al principio porque comprendía quién era Él. Sin embargo, aceptó realizar la ordenanza cuando el Salvador explicó que debían cumplir toda justicia.

Este momento también enseña un principio importante del evangelio: las ordenanzas deben realizarse con la autoridad adecuada. Incluso Jesucristo, quien poseía todo poder, decidió someterse al bautismo que administró alguien con autoridad del sacerdocio.

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Imagen: Masfe.org

Ese principio continúa vigente en la Iglesia hoy. El bautismo debe realizarlo alguien que posea la autoridad apropiada del sacerdocio.

Si nos enfocamos demasiado en la edad en que Jesucristo se bautizó, podemos perder el mensaje más importante. El ejemplo que el Salvador dejó no se centra en una edad específica, sino en una vida de obediencia perfecta y fidelidad a la voluntad de Dios.

Jesucristo, aun siendo perfecto, decidió obedecer todas las leyes del Padre. Con ese ejemplo nos mostró el camino que todos podemos seguir al hacer convenios con Dios y caminar por la senda que conduce a la vida eterna.

Fuente: Ask Gramps

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