Pregunta
En esta vida, muchos tenemos que lidiar con luchas complicadas de sostener, que incluso provocan heridas que toman tiempo en sanar. Algunas pueden provenir de un matrimonio distante, ya sea física o emocionalmente, y otras de una condición mental que conlleva una larga lucha emocional.
Si bien esos no son los únicos casos, sí son los más comunes y fuertes. Cuando nos enfrentamos a estas situaciones, surge una pregunta común: si hay heridas que no logro sanar en esta vida, ¿qué pasará con ellas cuando muera?
Aunque no sepamos todo lo que ocurra después de esta vida, el Señor nos ha revelado verdades que nos pueden guiar hacia una respuesta clara. A continuación, abordaremos este tema.
Respuesta

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tenemos la creencia de que nosotros no somos solo nuestro cuerpo, sino que también somos espíritus eternos con identidad, memoria y experiencias reales.
Por eso, cuando morimos, seguimos manteniendo la esencia que cultivamos en esta vida. El Libro de Mormón lo enseña así:
«El mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno».

Esto implica que las partes internas de quienes somos como nuestros pensamientos, sentimientos e incluso nuestras heridas emocionales continúan.
Por ejemplo, una persona que ha sufrido rechazo o traición en su matrimonio podría seguir sintiendo dolor en el mundo de los espíritus. Alguien que ha vivido con autismo o ansiedad puede aún conservar aspectos de su forma de percibir el mundo.
Esto puede sonar duro al principio, pero no quiere decir que esté todo perdido.
Lo que será sanado

Aunque llevamos todas esas cosas con nosotros luego de morir, no llevamos para siempre nuestras limitaciones. El Libro de Mormón también afirma esto:
«El alma será restaurada al cuerpo… a su propia y perfecta forma».
Ese término «forma perfecta» es clave porque significa que lo que causa tu dolor en esta vida, será sanado. Ese principio no está solo en el Libro de Mormón sino incluso en la Biblia, tal como enseñó el apóstol Pablo:
«Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción».
Esto quiere decir que todo lo que está roto en tu vida ahora, será restaurado incluyendo heridas emocionales, problemas mentales o neurológicos y dolor acumulado por años.
Ningún pesar que afrontemos en esta vida será permanente.
¿Qué pasa con las heridas en el matrimonio?

El dolor en una relación, especialmente en el matrimonio, puede ser una de las heridas más profundas ya que en esta vida, un matrimonio puede verse afectado por la distancia, el rechazo o la desconexión.
Nadie te dice cómo reaccionar cuando esas cosas pasan y, aunque muchos matrimonios intentan superar esas pruebas en esta vida, es inevitable hacerse esta pregunta: ¿esto seguirá siendo así para siempre?

La respuesta es no porque el matrimonio eterno no es una versión extendida de nuestras dificultades actuales, sino una relación perfeccionada. Doctrina y Convenios 132:20 enseña que las parejas fieles:
«existirán de eternidad en eternidad, porque continuarán».
Eso implica que luego de esta vida, la unidad de un matrimonio será completa y todo lo que esté roto en la relación será sanado en la eternidad.
¿Qué pasa con el autismo u otras luchas mentales?

Este tema es muy delicado ya que involucra varios aspectos pero finalmente todo se responde con la misma promesa: todo lo que te limita ahora, será transformado.
El presidente Dallin H. Oaks declaró:
«Muchas de las privaciones mas serias de la vida terrenal se compensarán en el Milenio, que es el tiempo en que se cumplirá todo lo que haya quedado incompleto».
Esto incluye cualquier condición que limite nuestro crecimiento y conexión plena con los demás. Pero hay otra cosa igual de importante que debes saber y es que no perderás la esencia que desarrollaste con esa condición.
Muchas personas con autismo, por ejemplo, desarrollan sensibilidad, un pensamiento único y una percepción distinta del mundo. Esos aspectos parecen cualidades que pueden ser refinadas en la otra vida sin las cargas terrenales de esta vida.
La sanación no termina con la muerte

Algo que a veces pensamos es que si tenemos cargas o aflicciones que no hemos sanado, estas se sanarán automáticamente al morir. Pero en realidad no es tanto así y es que todos necesitamos tomarnos el tiempo apropiado para superar las dolores de esta vida.
Al morir, iremos al mundo de los espíritus, el cual sigue siendo un lugar de aprendizaje, arrepentimiento y crecimiento continuo, lo que quiere decir que allí también continuaremos con el proceso de sanación de aquellas cosas que no sanemos aquí.

Eso no quiere decir que debamos dejar de esforzarnos por sanar espiritual y emocionalmente. Como enseñó Amulek en el Libro de Mormón:
«Esta vida es cuando el hombre debe prepararse… sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra».
Esto quiere decir que es necesario hacer todo cuanto podamos para liberar nuestra mente y corazón de las cargas de la vida. Sin embargo, si lo hacemos y aún así no sanamos del todo al morir, podemos completar ese proceso en la otra vida porque:
«Es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos» (2 Nefi 25:23).
Fuentes: Ask Gramps, Ask Gramps II
