Pregunta
¿Cómo es aceptar el evangelio después de morir?
Esa es una pregunta que despierta la curiosidad de muchos y que nos lleva a investigar qué siente o experimenta alguien que, después de esta vida, finalmente entiende y acepta el evangelio de Jesucristo.
Comprender la respuesta a esa pregunta no solo responde nuestras inquietudes sobre la vida después de la muerte, sino que también cambia nuestra manera en que vemos nuestras decisiones hoy.
Respuesta

Para entender lo que implica aceptar el evangelio después de morir, hay que mirar dos verdades que van de la mano: lo que sucede en el mundo de los espíritus y cómo nuestras decisiones en la tierra siguen teniendo relevancia.
Las escrituras enseñan que el evangelio se predica en el mundo de los espíritus, dando oportunidad a que lo reciban quienes no lo comprendieron plenamente en vida. En Doctrina y Convenios 138:58, el profeta Joseph F. Smith vio que:
«Los muertos que se arrepientan serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios».
Esto nos muestra que aceptar el evangelio después de morir es un proceso que implica acción. Esa acción se traduce en arrepentimiento, humildad y disposición a cambiar. El Nuevo Testamento también refuerza esta idea:
«Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos; para que sean juzgados en la carne según los hombres, pero vivan en el espíritu según Dios» (1 Pedro 4:6)

Es decir, las personas que mueren continúan aprendiendo y tomando decisiones en el mundo de los espíritus. Aceptar el evangelio en ese estado es elegir cambiar el corazón y decidir seguir a Cristo, aunque ya no estén en la vida terrenal.
Pero aquí cabe resaltar que a pesar de que los que mueren pueden hacer un cambio y aceptar el evangelio en el mundo de los espíritus, eso no borra sus actos aquí en la tierra. Cada persona llega al mundo de los espíritus con el carácter que formó aquí.
Lo que vivimos aquí sigue importando

Aceptar el evangelio después de morir es una oportunidad real porque el arrepentimiento no termina con la muerte, pero eso no elimina lo vivido anteriormente. Más bien, ese pasado forma parte del proceso de crecimiento.
El Libro de Mormón enseña claramente:
«Esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios».
Y añade algo aún más poderoso:
«El mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida… tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno» (Alma 34:34).

Esto significa que las actitudes, hábitos y decisiones que desarrollamos aquí nos acompañarán al mundo de los espíritus. Por eso, aceptar el evangelio después de morir es un proceso de transformación desde el punto en el que cada persona se encuentra.
Los líderes de la Iglesia de Jesucristo han enseñado constantemente este principio. El presidente Russell M. Nelson enseñó:
«Nada es más liberador, más ennoblecedor ni más crucial para nuestro progreso individual que centrarse con regularidad y a diario en el arrepentimiento».
Si el arrepentimiento es tan esencial ahora, es porque nuestras decisiones en la vida terrenal realmente importan.
Entonces, ¿qué pasa luego de aceptar el evangelio tras morir?

La respuesta completa tiene muchas implicaciones, pero lo que sí o sí debes saber es que:
- La vida terrenal sigue importando.
- Las personas siguen siendo responsables de sus actos y serán juzgados por eso como todos.
- Las personas pueden aceptar ordenanzas como el bautismo vicario para progresar, pero deben esforzarse por dar frutos dignos de arrepentimiento.
En esencia, el plan de Dios combina justicia y misericordia de una manera perfecta. No ignora lo que hemos hecho, pero tampoco limita lo que podemos llegar a ser.
Eso es lo que hace que esta doctrina sea tan poderosa: cada decisión cuenta y nadie está fuera del alcance de la redención de Cristo.
Fuente: Ask Gramps
