Durante años, Roger Keller dedicó su vida al ministerio cristiano. Predicó, enseñó y sirvió como pastor en iglesias presbiterianas y metodistas en Estados Unidos. Pero algo interesante ocurrió mientras investigaba sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días para escribir un libro.
La investigación terminó llevándolo nuevamente hacia una pregunta espiritual que había ignorado durante décadas.
Y eventualmente, aquella búsqueda terminó cambiando el rumbo de su vida.
Todo comenzó mucho antes de escribir el libro

Roger Keller creció dentro de la Iglesia Presbiteriana y desde joven sintió un fuerte deseo de servir a Dios. Según contó en diferentes entrevistas, siempre sintió que el Señor guiaba sus decisiones, incluso cuando intentaba tomar otros caminos profesionales relacionados con la ciencia o la música.
Con el tiempo, terminó dedicando su vida al ministerio religioso, pero cuando tenía 21 años conoció por primera vez a miembros de La Iglesia de Jesucristo.
“Encontré cristianos que realmente vivían su fe. Las personas se cuidaban unas a otras y servían mediante sus llamamientos”.
Aquello le impactó porque, según él, vio una comunidad activa espiritualmente y comprometida con Jesucristo de manera práctica y diaria.
Una fe paso a paso

A pesar de sentirse atraído por la Iglesia, Roger Keller continuó sirviendo durante años en otras denominaciones cristianas.
Trabajó como pastor, maestro y líder religioso mientras también estudiaba religiones del mundo y promovía el diálogo interreligioso.
Y justamente esa experiencia le ayudó a desarrollar una visión más amplia sobre la fe.
Keller llegó a creer que Dios trabaja con Sus hijos en distintos lugares y circunstancias, ayudándolos a crecer espiritualmente paso a paso. Incluso enseñaba que el Señor conoce perfectamente a cada persona y la guía de acuerdo con lo que necesita aprender.
Una idea que relacionaba con el pasaje de Libro de Mormón en 2 Nefi 29, donde el Señor enseña que habla a diferentes naciones y pueblos.
El libro que terminó acercándolo otra vez

Años después, mientras servía como pastor principal de una iglesia presbiteriana en Mesa, Arizona, Keller comenzó a escribir un libro para explicar las creencias de los Santos de los Últimos Días a personas que no pertenecían a la Iglesia.
Como parte de su investigación, visitó la Brigham Young University durante varios días.
Mientras regresaba manejando hacia Arizona, tuvo una experiencia espiritual que jamás olvidaría. Según relató, sintió claramente una impresión espiritual que decía:
“Encontraste la Iglesia hace veinte años. ¿Qué vas a hacer ahora?”
Aquella experiencia lo dejó pensando profundamente.
Una decisión que también involucró a su familia

Roger Keller no tomó una decisión impulsiva, Él y su esposa comenzaron un proceso personal y espiritual para entender qué quería el Señor para ellos.
Ambos llegaron a la misma conclusión el mismo día, sentían que Dios los estaba guiando hacia La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En 1986 finalmente se unieron a la Iglesia.
Para Keller, aquella decisión no significó rechazar todo lo bueno que había vivido antes. Más bien, sentía que el Señor había usado cada etapa de su vida para acercarlo gradualmente a una comprensión más completa del Evangelio restaurado.
Una conversión basada en seguir a Jesucristo

Algo que hace interesante esta historia es que Roger Keller no llegó a la Iglesia desde el rechazo o la crítica hacia otras religiones.
De hecho, pasó gran parte de su vida promoviendo el respeto y entendimiento entre distintas creencias cristianas, por eso su historia conecta con algo importante del Evangelio restaurado.
La verdad y la luz pueden encontrarse en muchos lugares, pero toda verdad finalmente apunta hacia Jesucristo.
Keller llegó a creer que Dios guía sinceramente a Sus hijos y que cada experiencia espiritual puede acercar más a una persona a Él. Por eso, cuando finalmente decidió unirse a la Iglesia, sintió paz.
Porque más allá de los años, los estudios o los libros escritos, lo que realmente estaba haciendo era seguir una invitación espiritual que había sentido desde mucho tiempo atrás.
Fuente: LDS Living
