¿Te has imaginado cómo sería si mandaras a tu hijo a la misión y te escribe comentando que ya no desea estar ahí? 

Esto le pasó al hermano Jeff Strong. Dos semanas antes, todo parecía exactamente como muchas familias Santos de los Últimos Días lo imaginan. Su hijo había dado su discurso de despedida, llevaba camisa blanca, corbata y estaba emocionado por servir una misión en Japón.

Pero entonces llegó el correo.

“Ya no quiero hacer esto”.

El mensaje apareció mientras Jeff Strong servía como obispo en Midway, Utah. Y aunque había pasado años enseñando sobre la obra misional desde el púlpito, en ese momento sintió que todo lo que creía entender sobre el Evangelio, la familia y las expectativas dejó de encajar tan fácilmente.

Cuando el “plan perfecto” empieza a romperse

Imagen: Facebook del hermano Jeff Strong

Jeff cuenta que durante años construyó junto a su esposa una cultura familiar basada en expectativas muy claras. En su hogar, servir una misión, casarse en el templo y seguir cierto camino parecía simplemente parte natural de la vida.

No había amenazas ni presión, pero sí existía una especie de guión silencioso sobre cómo debían verse las cosas.

Con el tiempo entendió que mientras todos seguían ese “plan ideal”, su hijo Kale estaba luchando emocional y espiritualmente debajo de la superficie.

Muchas de esas señales pasaron desapercibidas porque estaban demasiado concentrados en que todo saliera “correctamente”.

El Evangelio no puede imponerse

Imagen: Facebook del hermano Jeff Strong

Después de años reflexionando sobre esa experiencia, Jeff llegó a una conclusión que transformó su manera de ver la paternidad y el discipulado.

Las expectativas, cuando se vuelven demasiado rígidas, pueden terminar sintiéndose como control, incluso cuando nacen del amor.

Explicó que nadie puede “instalar” el Evangelio en otra persona. El testimonio no funciona como una lista de tareas ni como una tradición familiar automática. La fe tiene que crecer dentro de cada persona por decisión propia.

Más adelante, Jeff serviría como presidente de misión supervisando a cientos de misioneros. Y fue ahí donde otra lección quedó aún más clara para él. Según contó, lo más importante nunca fue quién sabía más Escrituras o quién parecía más perfecto externamente.

Lo más importante era el deseo de cuando un joven realmente decide acercarse a Cristo por voluntad propia, el Señor puede hacer el resto.

La diferencia entre guiar y controlar

Imagen: Facebook del hermano Jeff Strong

Uno de los momentos que más marcó a Jeff ocurrió en un avión, mientras conversaba con un hombre que observaba fotografías de halcones.

El hombre había dedicado años a entrenar esas aves y, durante la conversación, Jeff le preguntó qué era lo que la mayoría de personas no entendía sobre los halcones. La respuesta lo dejó pensando durante mucho tiempo.

“Ellos no tienen que volver. Ellos eligen volver”.

El entrenador explicó que cuando un halcón siente enojo, presión o frustración de parte de quien intenta controlarlo, simplemente deja de regresar.

En ese instante, Jeff sintió que Dios le estaba enseñando algo sobre su hijo. Kale no era rebelde o estaba rechazando a su familia, él necesitaba espacio para decidir, sanar y encontrar su propio camino hacia Dios.

Así, Jeff entendió que, sin darse cuenta, había confundido la mayordomía con control y el amor con expectativas imposibles de flexibilizar.

Dios también está presente en los procesos difíciles

Imagen: Facebook del hermano Jeff Strong

Una de las reflexiones más profundas que compartió Jeff es que muchas veces queremos que el Evangelio se vea limpio, ordenado y predecible. Pero la realidad rara vez funciona así.

Hay jóvenes que regresan temprano de la misión. Otros dudan. Algunos se alejan por un tiempo. Y muchos están tratando de entender quiénes son mientras cargan expectativas familiares, culturales y espirituales muy pesadas.

Eso no significa que Dios los haya abandonado, el Salvador también está presente en los procesos incompletos, en las preguntas difíciles y en las etapas confusas de la vida.

Jeff dijo que aquella experiencia le enseñó a dejar de “clasificar” personas según estándares externos y comenzar a verlas como hijos de Dios que necesitan apoyo, paciencia y amor genuino.

El objetivo siempre ha sido acercarlas a Jesucristo.

Video relacionado

También te puede interesar