Nota del editor: Parte de este artículo está inspirado en el relato compartido por una persona miembro de la Iglesia de Jesucristo en un hilo de Reddit. Para proteger su identidad, nos referiremos a esa persona como Oscar.
Durante años, Oscar había procurado vivir el principio del diezmo con convicción. No recordaba haberse hecho rico por ello, pero sí veía una mano providencial guiando a su familia en momentos clave.
Cada vez que surgía una necesidad importante, aparecía una solución inesperada. Cuando llegaron sus hijos, también llegaron mejores oportunidades laborales, y aunque nunca sobraba el dinero, casi siempre parecía haber lo suficiente para salir adelante.
Con el paso del tiempo, Oscar comenzó a asociar esas experiencias con la promesa del Señor registrada en Malaquías 3:10, donde Dios invita a Sus hijos a probarlo y promete que abrirá «las ventanas de los cielos» para derramar bendiciones sobre quienes sean fieles en el diezmo.

Sin embargo, pronto llegó una prueba grande para Oscar que desafiaría su fe en el diezmo: fue despedido de su trabajo.
Oscar trabajaba en el sector tecnológico y recientemente había recibido un ascenso que parecía confirmar que todo marchaba bien. Pero poco después llegó un cambio de administración y, pese a que su desempeño seguía siendo competitivo, terminó siendo despedido.
Al principio pensó que encontraría otra oportunidad rápidamente, pero las semanas se convirtieron en meses, las entrevistas no daban fruto y las solicitudes de empleo seguían acumulándose sin respuesta positiva.
Entonces Oscar se hizo una pregunta que muchos miembros de la Iglesia se han hecho alguna vez: «Si he procurado ser fiel, ¿por qué está pasando esto?»
Mucho más allá del dinero

La historia de Oscar trata sobre el desconcierto que sentimos cuando la vida parece desarrollarse de forma distinta a como esperábamos después de haber procurado obedecer al Señor. En su caso, con los diezmos.
Hay miembros que pagan fielmente el diezmo y aun así enfrentan dificultades económicas. Otros cumplen sus llamamientos con dedicación y luego reciben un diagnóstico médico complicado o atraviesan una crisis familiar. En esos momentos es natural preguntarse: ¿y dónde están las promesas de Dios?
No obstante, las Escrituras nunca enseñan que la obediencia elimina toda oposición. De hecho, el Señor declaró:
«Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas».
La vida terrenal fue diseñada precisamente para que nuestra fe creciera en medio de pruebas, no en ausencia de ellas.
El diezmo no es una transacción

Quizá una de las lecciones más importantes que deja la historia de Oscar es que existe una diferencia profunda entre un contrato y un convenio.
En un contrato esperamos una compensación específica por cumplir nuestra parte, pero en un convenio con Dios, decidimos confiar en Él incluso cuando todavía no comprendemos el resultado. Sobre esto, el presidente Dallin H. Oaks enseñó:
«El pagar el diezmo es evidencia de que aceptamos la ley de sacrificio… Una religión que no requiera el sacrificio de todas las cosas nunca tendrá poder suficiente para producir la fe indispensable para la vida y la salvación«.

Esa enseñanza nos recuerda que limitar las bendiciones del diezmo únicamente a un aumento de ingresos o a la ausencia de problemas es una malinterpretación de la promesa de Dios. Algo parecido expresó el presidente Russell M. Nelson al afirmar:
«El Señor ama el esfuerzo, porque el esfuerzo brinda recompensas que no pueden recibirse sin él».
Ser fiel a la ley del diezmo no garantiza una vida libre de desafíos, pero sí abre las ventanas de los cielos para que Dios actúe en nuestra vida de maneras inesperadas. Aceptar eso es estar dispuestos a esperar realizar sacrificios.
Las ventanas de los cielos

Cuando pensamos en la promesa de Malaquías, solemos imaginar bendiciones económicas inmediatas. Sin embargo, las mayores respuestas del Señor llegan a veces de otra manera como una paz difícil de explicar durante una crisis, una gran oportunidad después de un aparente fracaso o personas que brindaron ayuda en el momento justo para seguir adelante.
No sabemos cuál será el desenlace en la historia de Oscar, pero muchas personas que pasan por eso pueden escoger seguir con fe y encontrar un empleo mejor, un nuevo rumbo profesional o solo mirar atrás y comprender que el despido fue el inicio de una bendición.
También es posible que la lección principal de su historia no tenga que ver con su trabajo, sino con aprender a confiar en Dios cuando las respuestas no llegan en el momento deseado.

El mismo profeta José Smith pasó por un periodo de intensa aflicción, sin embargo el Señor le habó y le dijo:
«Todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien».
José Smith recibió esas palabras mientras estaba injustamente encarcelado en la cárcel de Liberty, una circunstancia que difícilmente parecía una bendición en ese instante.
Una invitación para quienes hoy atraviesan una prueba similar

Si alguna vez has sentido que pagas tu diezmo, guardas los mandamientos y aun así las cosas parecen ir en dirección contraria a la que esperabas, la historia de Oscar te recuerda que la fidelidad consiste en caminar con Dios aunque el camino se vuelve incierto.
Ante dificultades similares, hay que recordar que las ventanas de los cielos no siempre se abren como queremos. A veces se abren mediante la serenidad para soportar una pérdida, la guía para tomar una decisión difícil o una oportunidad que solo puede surgir después de que otra puerta se haya cerrado.
Eso no hace menos doloroso perder un empleo ni elimina la incertidumbre del presente, pero sí nos invita a cambiar de perspectiva y buscar al Señor para comprender a dónde nos está llevando.
Al final, la historia de Oscar demuestra que incluso las personas más fieles enfrentan grandes desafíos. Sin embargo, Dios sigue cumpliendo Sus promesas y obrando para nuestro bien, incluso cuando no lo vemos.
Fuente: Add Faith
