Asumir el liderazgo de una misión eclesiástica es un cambio de vida radical. Exige dejar atrás la rutina, el trabajo y las comodidades del hogar. Para Alan y Elizabeth Farrell, este desafío se transformó en un proyecto familiar sin precedentes. Actualmente, el matrimonio lidera la Misión Perú Huancayo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su territorio abarca gran parte de la sierra central del país.

Lo peculiar de su historia no es solo su asignación en Sudamérica. Sus dos únicos hijos también se encuentran sirviendo como misioneros de forma simultánea. Las labores de los jóvenes se desarrollan en otras regiones del mundo. De esta manera, han creado una red de voluntariado que conecta a tres países distintos.

Todo comenzó a configurarse a mediados de 2024. En ese momento, la dinámica de este hogar de Salt Lake City, Utah, dio un giro inesperado. En marzo de ese año, el hijo mayor, Joshua, recibió su llamamiento oficial. Su destino fue una misión de habla hispana en Oklahoma, Estados Unidos. El joven inició sus labores de proselitismo en agosto.

Créditos: Elizabeth Farrell

En ese periodo, la vida de los Farrell parecía seguir un curso bastante predecible. Alan Farrell se desempeñaba como obispo de su comunidad local. El padre de familia calculaba que le quedaban al menos dos años en el cargo. Por su parte, su hija menor, Jane, todavía cursaba la escuela secundaria. La idea de que los padres realizaran una misión a tiempo completo parecía un plan destinado para el futuro lejano.

Sin embargo, los planes institucionales avanzaron rápido. Apenas un mes después de la partida de Joshua, la pareja recibió una citación. Fueron llamados a una serie de entrevistas imprevistas con las autoridades generales de la Iglesia. El élder Quentin L. Cook les propuso formalmente asumir la dirección de la misión en Huancayo.

Créditos: Elizabeth Farrell

La principal preocupación del matrimonio era el bienestar de su hija Jane. La joven estaba por terminar la secundaria. Ella deseaba fervientemente servir en una misión. Además, quería evitar pasar un largo periodo separada de su hermano. La respuesta de los líderes de la organización fue otorgar una excepción especial. Gracias a esto, la joven pudo iniciar su servicio un año antes de la edad reglamentaria.

Para junio de 2025, el panorama familiar estaba definido. Jane inició su capacitación virtual en el hogar. Esto ocurrió solo dos días antes de que sus padres viajaran al seminario anual de líderes en Provo, Utah. Poco después, la joven fue asignada a la Misión Chile Viña del Mar. De este modo, los cuatro integrantes del núcleo familiar terminaron en el campo de servicio al mismo tiempo. Por coincidencia, todos operan e interactúan en el idioma español.

Créditos: Elizabeth Farrell

Estar en la misma sintonía ha generado una dinámica muy particular en sus comunicaciones. Alan Farrell explica que las llamadas ya no giran en torno a temas cotidianos. Ahora se han convertido en un espacio para intercambiar estrategias de enseñanza. También analizan metas y comparten experiencias sobre cómo apoyar a las comunidades. En varias ocasiones, los hijos aprovechan la tecnología para enlazar a sus padres a la distancia. Así les piden que compartan sus perspectivas con las personas en Chile u Oklahoma.

Joshua y Jane concluirán sus misiones primero y regresarán a sus actividades académicas. A los esposos Farrell todavía les quedan dos años de gestión en el Perú. Elizabeth Farrell asegura que esta experiencia cambió por completo su concepto de familia. Ahora considera a las decenas de jóvenes misioneros que supervisa en Huancayo como sus propios hijos. Su responsabilidad afectiva se expandió más allá de sus fronteras biológicas.

Fuente: Church News

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