En 1986, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días apenas comenzaba a establecerse oficialmente en la República Democrática del Congo. En ese entonces solo había tres miembros congoleños, el número mínimo que exigía la ley para reconocer una nueva religión en el país.

Ese mismo año, un joven de 14 años llamado Junior Banza se convirtió en la primera persona bautizada dentro de las fronteras de la nación. Cuatro décadas después, regresó al mismo lugar, pero como presidente de la Misión Kinshasa Norte de la República Democrática del Congo junto a su esposa, Annie Banza.

Para él, ver el crecimiento de la Iglesia en su país es algo que solo puede describir de una manera.

«El Señor me ha dado un asiento en primera fila para presenciar Su mayor milagro«, expresó emocionado.

De tres miembros a una Iglesia en constante crecimiento

El Templo de Kinshasa, República Democrática del Congo.
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuando la Iglesia fue reconocida oficialmente en 1986, apenas existían tres miembros congoleños: los padres de Junior Banza y otro miembro llamado Nkitabungi Mbuyi.

Hoy la realidad es completamente distinta. La República Democrática del Congo cuenta con alrededor de 160 mil miembros, siete misiones, un Centro de Capacitación Misional, un templo dedicado y otros tres templos anunciados o en construcción.

Para el presidente Banza, ese crecimiento representa mucho más que cifras.

Es una muestra de cómo el Señor puede hacer crecer Su obra incluso en los lugares donde todo parece comenzar desde cero.

Una serie de «coincidencias» que cambiaron la historia

El presidente Junior Banza y la hermana Annie Banza, nuevos líderes de la Misión Kinshasa Norte de la República Democrática del Congo, estudian en el Centro de Capacitación Misional de Provo durante el Seminario para Nuevos Líderes de Misión en Provo, Utah, el 19 de junio de 2026. Créditos: Leslie Nilsson. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La historia de la familia Banza comenzó años antes, cuando sus padres vivían en Ginebra, Suiza. Mientras estudiaban allí, todos los días pasaban frente a un edificio que llevaba un nombre que les despertó curiosidad: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Poco después, un amigo les habló de los misioneros que había conocido durante un viaje a España.

Al mismo tiempo, dos misioneros habían sido asignados al edificio donde vivía la familia Banza. Después de visitar todos los departamentos, sintieron la impresión de regresar una vez más.

Subieron hasta el último piso y tocaron la última puerta, era la de la familia Banza. El padre abrió y, al escuchar que eran representantes de La Iglesia de Jesucristo, decidió escucharlos.

Tiempo después, ambos padres fueron bautizados en Suiza. Sin embargo, poco después perdieron la beca que les permitía permanecer allí y tuvieron que regresar a su país.

El primer bautismo de una nueva etapa

Las hermanas misioneras permanecen juntas en el Centro de Capacitación Misional de la República Democrática del Congo en Kinshasa el domingo 2 de noviembre de 2025.

De regreso en su país, la familia comenzó a reunirse con otros Santos de los Últimos Días y trabajó para que la Iglesia pudiera obtener reconocimiento legal.

Cuando finalmente se autorizó su establecimiento, llegaron los primeros misioneros de tiempo completo al país.

El 1 de junio de 1986, Junior Banza, con apenas 14 años, fue bautizado como el primer converso de la Iglesia dentro de la República Democrática del Congo. Apenas cinco minutos después, su hermano menor también fue bautizado.

Lo que comenzó con un pequeño grupo de creyentes terminaría convirtiéndose, con los años, en una de las comunidades de Santos de los Últimos Días de mayor crecimiento en África.

Una amistad que terminó en un matrimonio eterno

Junior Banza y Annie Banza ejercerán como líderes de la Misión de la República Democrática del Congo en Kinshasa Norte a partir de julio de 2026. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La historia de Junior y Annie también creció junto con la Iglesia. La familia de Annie se bautizó pocos meses después, por lo que ambos crecieron asistiendo a las mismas congregaciones mientras la Iglesia continuaba expandiéndose.

Más adelante, Junior sirvió una misión de tiempo completo en Sudáfrica y Annie fue una de las primeras misioneras de tiempo completo en servir dentro de la República Democrática del Congo.

Durante ese tiempo comenzaron a escribirse cartas como amigos. Fue entonces cuando Junior decidió hacer una propuesta poco común. En una de sus cartas le escribió:

«¿Qué te parece si tú y yo nos casamos?»

Diez días después llegó la respuesta, ella aceptó. Tres meses después de que Annie concluyera su misión, ambos se sellaron en el templo.

Volver para servir donde todo comenzó

Cerca de 500 misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Kinshasa, República Democrática del Congo, observan una devoción protagonizada por el élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, el 21 de mayo de 2025. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Hace más de dos décadas, la familia Banza se mudó a Estados Unidos, donde criaron a sus tres hijos.

Cuando recibieron el llamamiento para presidir una misión, estaban dispuestos a servir en cualquier parte del mundo. 

Sin embargo, al saber que regresarían al Congo, sintieron que no solo volverían a casa, sino que regresarían al lugar donde había comenzado su historia con el Evangelio.

Aunque muchos todavía están adquiriendo experiencia como líderes, el presidente Banza destaca una característica que encuentra en todos ellos.

«Aman al Señor. Son personas felices y aman Su Iglesia

También señaló que una gran cantidad de los misioneros que actualmente sirven en su misión son miembros de primera generación, es decir, los únicos miembros de la Iglesia dentro de sus familias.

Cuando el Señor multiplica una pequeña semilla

El élder Gary E. Stevenson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y otros líderes se toman una foto grupal con misioneros en Kinshasa, República Democrática del Congo, en febrero de 2024. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La historia de Junior Banza demuestra que el Señor puede hacer grandes cosas a partir de comienzos muy pequeños.

Lo que un día fueron solo tres miembros hoy es una Iglesia con cientos de miles de discípulos de Jesucristo que sirven, edifican congregaciones y llevan el Evangelio restaurado a nuevas generaciones.

Y para quien fue el primer bautizado de su país, regresar ahora como presidente de misión no es solo un honor, sino un recordatorio de que la obra del Señor continúa creciendo «línea por línea», muchas veces de maneras que solo pueden entenderse con el paso de los años.

Fuente: Church News 

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