Hay momentos en los que parece que todas las promesas se han roto. Para esta mujer, el sueño de formar una familia parecía haberse terminado después de enfrentar la infertilidad, perder a sus dos hijos y atravesar un divorcio.
Sin embargo, una experiencia espiritual le recordó que el Padre Celestial aún no había terminado de escribir su historia.
Siete años esperando convertirse en madre

Desde el inicio de su matrimonio, ella y su esposo compartían el mismo deseo, tener hijos. Pero el embarazo nunca llegaba.
Durante siete años buscaron respuestas a través de consultas médicas, tratamientos de fertilidad y muchas oraciones.
Finalmente, decidieron someterse a una fecundación in vitro. En el primer intento recibieron la noticia que tanto habían esperado, serían padres de gemelos.
Aquella respuesta parecía el inicio de una nueva etapa, pero la historia tomó un rumbo inesperado.
Una pérdida que cambió su vida

Con apenas cinco meses y medio de embarazo, entró en trabajo de parto de manera prematura.
Su hija, Eloisa, falleció durante el parto. Su hijo, Vítor, permaneció 29 días en cuidados intensivos antes de regresar a la presencia del Padre Celestial.
Perder a dos hijos en tan poco tiempo dejó una herida profunda. Aunque intentó seguir adelante, el dolor terminó afectando también su matrimonio.
Dos años después, la pareja decidió divorciarse porque ella ya no lograba imaginar un futuro para su familia.

Ese mismo año, mientras escuchaba un mensaje del presidente Russell M. Nelson, ocurrió algo que nunca olvidaría.
Mientras el profeta hablaba sobre una bendición para quienes estaban enfermos, sintió una impresión muy clara en su corazón:
«Tú también estás siendo sanada.»
Aquellas palabras no cambiaron de inmediato sus circunstancias, pero sí cambiaron su esperanza. Con el paso del tiempo comprendió que el Señor también puede sanar heridas que no siempre son físicas, preparando a Sus hijos para recibir nuevas oportunidades cuando llega el momento indicado.
Una segunda oportunidad para su familia

Tiempo después, ella y su exesposo decidieron darse una nueva oportunidad y volvieron a casarse. Lo que ocurrió después los sorprendió por completo.
Durante la primera semana de su nuevo matrimonio descubrieron que ella estaba embarazada. Poco tiempo después nació Arturo, a quien consideran un verdadero milagro para su familia.

Años más tarde llegó otra bendición, el nacimiento de Isadora.
Después de haber pensado que nunca volvería a ser madre, el Padre Celestial abrió un camino que parecía imposible.
Cuando Dios aún no ha terminado la historia

Hoy, esta madre comparte su experiencia para recordar que, aunque algunas respuestas tarden en llegar, el Señor conoce el dolor de cada uno de Sus hijos y obra de acuerdo con Su tiempo y Su propósito.
Su historia no elimina el sufrimiento que vivió ni reemplaza la ausencia de sus dos primeros hijos. Pero sí testifica que Jesucristo puede traer sanación, esperanza y nuevas oportunidades incluso después de los momentos más difíciles.
Porque, como ella misma afirma, los milagros siguen ocurriendo y Dios nunca dejó de cuidar de su familia
