Si una mujer no es bendecida con la oportunidad de tener hijos en esta vida, ¿tendrá la oportunidad de tener hijos en el milenio (si está unida en matrimonio)?

Respuesta

Hace algunos años, mientras leía sobre las esposas de los Patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, observé algo notablemente peculiar. 

A estos hombres se les prometió una posteridad tan numerosa como las estrellas del cielo, y tan abundante como la arena del mar.

Sus esposas recibirían la misma promesa. 

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Estas promesas fueron renovadas y se extendieron hasta nuestros días para todos los cónyuges dignos en los templos sagrados.

Ahora toma un lápiz y papel para poder contar los muchos hijos que tuvieron estas mujeres justas. Sarah dio a luz a Isaac y … eh, a nadie más. Rebeca dio a luz una sola ves, pero tuvo dos hijos. Empieza a parecer que la expresión “estrellas del cielo” empieza  a sonar exagerado.

No obstante, en la próxima generación tenemos las doce tribus de Israel, para ese entonces Raquel claramente ha formado parte de la profecía con sus… 2 hijos. No son las numerosas arenas del mar que podemos imaginar.

tener hijos en el milenio

He conocido a algunas hermanas que han escuchado estas promesas y han lamentado tener limitaciones físicas que impiden el cumplimiento de dichas promesas. Espero que puedan encontrar consuelo al saber que las mujeres que asociamos con estas bendiciones sintieron la misma tristeza.

Rebeca tuvo dificultades para tener a sus dos hijos mientras su hermana tenía un niño tras otro. Tales comparaciones son peligrosas, incluso si parecen comprensibles, porque llevan al creyente a dudar de las bendiciones prometidas por el Señor. 

Es mejor ver ejemplo de estas valerosas mujeres que experimentaron pruebas similares, pero que fueron bendecidas por su fidelidad.

La promesa de la descendencia es una que tiene dos cumplimientos en esta vida. En una perspectiva literal, en ciertas ocasiones tenemos que esperar varias generaciones para ver su cumplimiento. Para una perspectiva más espiritual, tenemos que volver al convenio de Abraham.

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“Pues Cuantos reciban este Evangelio serán… considerados tu descendencia, y se levantarán y te bendecirán, como padre de ellos” -Abraham 2:10. 

Sara y Abraham tuvieron descendencia a través del evangelio. Cuando viajaron de un lugar a otro, se llevaron “las almas que [habían] ganado” (Abraham 2:15).

También vemos que sucede lo mismo en nuestros días cuando escuchamos a los conversos hablar con cariño de los misioneros que los trajeron a la Iglesia. Pueden tener en sus corazones un vínculo poderoso con las familias que les presentaron el evangelio o los guiaron por el camino correcto cuando se encontraron en un momento crítico de su vida.

La mujer que no puede tener hijos en esta vida, puede mantener la esperanza de ser otra Sara, cuya simiente fue milagrosamente llena de vida. O puede aferrase a la esperanza compartida en el testimonio de un apóstol:

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“Sabemos que hay muchos excelentes y dignos Santos de los Últimos Días a quienes les faltan las oportunidades ideales y los requisitos esenciales para su progreso. La soltería, la falta de hijos, la muerte y el divorcio frustran los ideales y posponen el cumplimiento de las bendiciones prometidas… 

Pero esas frustraciones son sólo temporales, pues el Señor ha prometido que en la eternidad no se negará ninguna bendición a Sus hijos que obedezcan los mandamientos, sean fieles a sus convenios con El y deseen lo correcto.

Muchas de las privaciones más serias de la vida terrenal se compensarán en el Milenio, que es el tiempo en que se cumplirá todo lo que haya quedado incompleto en el gran plan de felicidad para todos los hijos de nuestro Padre que sean dignos; sabemos que eso sucederá con las ordenanzas del templo; y también creo que sucederá con las relaciones y experiencias familiares” -Dallin H. Oaks, “Gran Plan De Salvación”.

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Para estas mujeres, en cuanto al cumplimiento literal de la promesa de Abraham, esta se cumplirá en las eternidades, donde se encontrarán rodeadas de sus hijos en la fe, sintiendo la gratitud de aquellos hijos pródigos que regresaron a casa gracias al cuidado de estas hermanas.

“¡Cuán grande será vuestro gozo… en el reino de mi Padre!” -DyC 18:15

En ese día serán testigo de las promesas que se encuentran en el himno de Isaías:

“Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; prorrumpe en cánticos y da voces de júbilo, la que nunca ha estado de parto, porque más son los hijos de la desolada que los de la casada, ha dicho Jehová” -Isaías 54: 1

Fuente: askgramps.org