Es curioso. Hoy en día, pocas personas se sorprenderían al ver una serie, una película o un programa de comedia haciendo bromas sobre los «mormones». De hecho, para muchos ya es algo normal.
Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué una religión terminó convirtiéndose en un estereotipo tan fácil de usar en la cultura popular?
Más allá de los memes y las bromas, esta historia dice mucho sobre cómo nacen los prejuicios y por qué vale la pena conocer una fe antes de reducirla a una caricatura.
Mucho antes de los memes ya existían los prejuicios

Cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fue organizada en 1830, no pasó desapercibida. Su mensaje afirmaba que Dios seguía revelándose mediante profetas y que el Libro de Mormón era otro testamento de Jesucristo.
Para muchos en aquella época, esas afirmaciones resultaban difíciles de aceptar.
Las críticas comenzaron desde muy temprano. Algunos llamaban impostor a José Smith y consideraban que quienes seguían la Iglesia estaban siendo engañados. Con el tiempo, ese rechazo dejó de ser únicamente religioso y también se convirtió en un conflicto social y político.
La tensión llegó a un punto tan alto que, en 1844, José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados por una turba mientras permanecían en la cárcel de Carthage.
Desde entonces, la imagen pública de los miembros de la Iglesia empezó a construirse más sobre los prejuicios que sobre sus verdaderas creencias.
La historia que termina definiendo a todos

Uno de los temas que más marcó esa percepción fue el matrimonio plural.
Es una realidad histórica que la Iglesia de Jesucristo practicó el matrimonio plural durante un período del siglo XIX. Fue una práctica compleja, polémica y que genera preguntas hasta el día de hoy. Ignorar ese hecho no ayuda a comprender la historia.
Sin embargo, con el paso del tiempo ocurrió algo más: una práctica temporal terminó convirtiéndose en la etiqueta permanente de millones de personas.
Aunque la Iglesia dejó oficialmente el matrimonio plural en 1890 y actualmente no lo practica ni lo autoriza, para muchas personas la palabra «mormón» sigue evocando automáticamente la imagen de un hombre con varias esposas.
Y esa percepción fue alimentada durante décadas por caricaturas, periódicos, películas y programas de televisión que redujeron toda una religión a uno de los episodios más llamativos de su historia.
Hollywood encontró un personaje perfecto

Con los años, la industria del entretenimiento descubrió que los Santos de los Últimos Días eran fáciles de convertir en un personaje.
Los misioneros con camisa blanca y placa, los templos, la Palabra de Sabiduría, las familias numerosas o algunas expresiones propias de la Iglesia comenzaron a presentarse como elementos extraños o misteriosos.
Series como Big Love, The Secret Lives of Mormon Wives, Under the Banner of Heaven e incluso comedias como South Park o el musical The Book of Mormon contribuyeron, cada una desde un enfoque distinto, a reforzar una imagen muy específica.
El problema no es que existan obras de ficción o que se hagan preguntas sobre una religión. El verdadero problema aparece cuando la ficción se convierte en la única fuente de información que muchas personas tienen sobre una fe.
El peligro de conocer una religión solo por sus estereotipos

Imagina que todo lo que supieras sobre una religión proviniera únicamente de una serie de televisión o de un meme en internet.
Probablemente terminarías creyendo una versión incompleta de la realidad.
Eso ocurre con frecuencia con los Santos de los Últimos Días. Muchas personas nunca han conversado con un miembro de la Iglesia, nunca han leído sus creencias y nunca han visitado una capilla. Sin embargo, sienten que ya saben quiénes son gracias a lo que han visto en la pantalla.
Los estereotipos simplifican a las personas hasta convertirlas en personajes, cuando en realidad detrás de cada creyente hay una historia, una familia, preguntas, desafíos y una fe sincera en Jesucristo.
El evangelio enseña un camino diferente

Como discípulos de Jesucristo, creemos en defender la libertad religiosa para todas las personas, no solo para quienes comparten nuestra fe.
El Artículo de Fe número 11 declara:
«Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen».
Seguir a Jesucristo también significa aprender a respetar las creencias de los demás, incluso cuando no las compartimos. Y ese mismo respeto es el que esperamos recibir.
Debatir ideas, hacer preguntas o analizar la historia de una religión siempre será válido. Lo que no ayuda es convertir a millones de personas en un chiste sin haber hecho el esfuerzo de conocerlas.
Antes de creer un estereotipo

Quizá la próxima vez que escuches una broma sobre los «mormones», valga la pena hacer una pausa y preguntarte:
¿Lo que sé sobre ellos proviene de personas que realmente viven esa fe o de personajes creados para entretener?
Al final, los prejuicios no solo afectan a una religión. También nos impiden conocer a las personas como realmente son.
Y eso es precisamente lo que enseñó Jesucristo durante Su ministerio: mirar a las personas más allá de las etiquetas y tratarlas con amor, dignidad y respeto.
