Un año después de que un ataque destruyera su centro de reuniones y dejara cuatro personas fallecidas y ocho heridas, los Santos de los Últimos Días de Grand Blanc, Michigan, se reunieron nuevamente en el mismo lugar, esta vez para comenzar una nueva etapa.

El 28 de septiembre de 2026, miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, líderes locales y representantes de la comunidad participaron en la ceremonia de la primera palada para la construcción de una nueva capilla en Grand Blanc.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La ceremonia también incluyó la dedicación del terreno, marcando el inicio de un proyecto que busca levantar un edificio más grande y, al mismo tiempo, acompañar a una comunidad que todavía continúa sanando.

Para Jeff Schaub, obispo del barrio de Grand Blanc, el nuevo edificio representa “un símbolo de esperanza y un nuevo comienzo”. Según explicó, el evangelio de Jesucristo les ha enseñado que, incluso después de experiencias muy difíciles, es posible avanzar con esperanza y fe.

“Gracias al Salvador Jesucristo, podemos comenzar un nuevo capítulo”, expresó.

Un año después, decidieron volver a construir

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El antiguo centro de reuniones había servido durante más de 40 años a los miembros de la zona. El nuevo edificio será más amplio y se espera que su construcción tome alrededor de 14 meses.

Una vez terminado, la Iglesia planea realizar una jornada de puertas abiertas para que vecinos, líderes locales, socorristas y otros miembros de la comunidad puedan conocer el nuevo centro de reuniones.

Para Marcelino Sánchez, presidente de la Estaca Grand Blanc Michigan, la ceremonia fue también una oportunidad para recordar a quienes perdieron la vida y reconocer todo lo que la comunidad ha vivido desde aquel día.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Pero regresar al lugar también tuvo otro significado. “Elegimos volver a construir”, explicó, destacando que la nueva construcción demuestra que la esperanza todavía tiene trabajo por hacer.

El élder Joni L. Koch, de la Presidencia del Área Noreste de Estados Unidos, señaló que el encuentro mostró la unión que se ha formado entre los miembros de la Iglesia, sus vecinos y distintos líderes de la comunidad.

Durante este año, muchas personas se han acercado para acompañar a los miembros de Grand Blanc. Para ellos, esa solidaridad se ha convertido en parte importante del proceso de recuperación.

Sanar también significa reconstruirse por dentro

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La nueva capilla representa una reconstrucción visible, pero para los miembros de Grand Blanc el proceso ha sido mucho más personal. Cindy Hougaboom, miembro del barrio, explicó que la palabra “reconstruir” tiene un significado especial para ellos.

“No solo estamos reconstruyendo nuestro edificio; estamos reconstruyendo nuestro barrio como familia y también a nosotros mismos”, señaló.

Cada persona ha enfrentado el proceso de una manera diferente. Algunos han recurrido a terapia, grupos de apoyo, escritura, ejercicio y tiempo con sus familias. Otros han encontrado consuelo en su fe y en el apoyo de amigos, vecinos y miembros de la Iglesia alrededor del mundo.

Michael Mero resumió esta perspectiva al señalar que una tragedia no tiene por qué convertirse en aquello que define a una persona.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Lo que queda después de una experiencia así también está relacionado con la manera en que cada persona decide seguir adelante, crecer y encontrar nuevas fuerzas.

Para Lisa Louis, cuyo padre, Craig Hayden, falleció durante el ataque, uno de los aprendizajes más importantes ha sido la misericordia.

Con el tiempo, explicó, el perdón se convirtió en una parte importante de su proceso de sanación y le permitió comprender de una manera más profunda el amor del Padre Celestial por Sus hijos.

La fe no elimina el dolor, pero puede acompañar

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Los sobrevivientes han reconocido que sanar no significa olvidar lo ocurrido ni avanzar todos al mismo ritmo.

Durante el último año, algunos han tenido momentos de ansiedad, recuerdos difíciles o sentimientos de culpa. Otros han encontrado tranquilidad al regresar poco a poco a sus actividades cotidianas y compartir lo vivido con personas que pasaron por experiencias similares.

El apoyo profesional también ha sido importante. Para algunos miembros, participar en terapia grupal les permitió hablar de lo ocurrido cuando sentían que quienes los rodeaban ya habían seguido adelante.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La Iglesia y la comunidad también estuvieron presentes desde los primeros días. Dos días después del ataque, el élder David A. Bednar visitó Michigan para ministrar y brindar consuelo a las personas afectadas.

En aquella ocasión, recordó que todavía habría mucho que vivir y procesar, pero que la oración, la fe y la compañía del Espíritu Santo podrían ayudarles a permanecer firmes.

Ese acompañamiento continuó durante los meses siguientes mediante mensajes, tarjetas, regalos, donaciones y distintas muestras de apoyo provenientes de personas de diferentes lugares.

El lugar ahora es visto como sagrado

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Para algunos sobrevivientes, regresar al terreno donde ocurrió el ataque no ha sido sencillo. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunos comenzaron a verlo de una manera diferente.

Lindsey Frampton, quien estuvo allí con su familia, explicó que ya no considera el lugar como uno que deba provocar miedo, sino como un espacio que se ha vuelto significativo para ellos. La nueva capilla será construida precisamente allí.

Para los miembros de Grand Blanc, esto no significa borrar lo ocurrido ni pretender que el dolor desapareció. Significa darle un nuevo propósito al lugar y continuar construyendo sobre lo que aprendieron durante este año.

La presencia del Salvador en medio de las dificultades se ha convertido en una parte central de esa experiencia.

El obispo Schaub explicó que, en momentos así, el evangelio deja de ser solamente algo que se aprende y se convierte en algo que se vive.

También destacó que la Expiación de Jesucristo no solo ofrece ayuda para superar nuestros propios errores, sino que puede brindarnos fortaleza mientras enfrentamos las consecuencias de las acciones de otras personas.

Una comunidad que respondió con servicio

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Desde el ataque, los miembros de la Iglesia también han buscado servir a la comunidad de Grand Blanc.

En noviembre de 2025, la Iglesia donó alimentos y suministros a FISH of Grand Blanc, una organización comunitaria que brinda ayuda a personas necesitadas.

La ayuda volvió a entregarse en septiembre de 2026. El 24 de septiembre, pocos días antes de la ceremonia de la primera palada, se donaron aproximadamente 40 000 libras de alimentos.

Para los líderes locales, estas acciones han demostrado que la comunidad de Grand Blanc no quedó definida únicamente por lo que ocurrió aquel día.

Scott Bennett, supervisor del municipio de Grand Blanc, destacó la manera en que los vecinos se han unido y señaló que, frente a lo ocurrido, muchas personas eligieron responder con solidaridad y servicio.

Un nuevo capítulo para Grand Blanc

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La construcción de la nueva capilla no elimina los recuerdos ni cambia lo que ocurrió hace un año. Sin embargo, para los miembros de Grand Blanc representa una oportunidad para seguir adelante sin dejar atrás las lecciones que aprendieron.

Durante la ceremonia, Sánchez expresó su deseo de que quienes visiten el nuevo edificio puedan sentir el amor de Dios y, a su vez, deseen compartirlo con otras personas.

Y esa parece ser una de las ideas que más ha acompañado a esta comunidad durante el último año: reconstruir significa volver a reunirse, servir, acompañarse y encontrar razones para tener esperanza.

Como explicó una de las sobrevivientes, incluso en medio de una experiencia tan difícil, nunca sintió que el Señor los hubiera abandonado. Por el contrario, encontró consuelo en medio del miedo y pudo reconocer la presencia del Salvador durante el proceso.

Ahora, un año después, Grand Blanc comienza a levantar una nueva capilla en el mismo terreno. Y junto con ella, sus miembros continúan reconstruyendo algo que no se puede medir con planos ni ladrillos: su fe, su comunidad y su esperanza en Jesucristo.

Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org

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