Uno de los milagros de la Restauración del Evangelio incluye el proceso mecánico que generó las 269,528 palabras del texto del Libro de Mormón. José Smith utilizó la piedra vidente de una manera que nunca explicó y dictó las palabras a sus copistas, que las registraron con plumas.

Royal Skousen, profesor de BYU, el experto más importante en los manuscritos originales del Libro de Mormón, supone que la cantidad de palabras en los bloques del texto recitado fue “de 20 a 30.” Una vez registradas, David Whitmer, uno de los tres testigos del Libro de Mormón, explicó que “luego el copista leía la oración” para que José pudiera evaluar la precisión. Whitmer también recordó: “Trabajaban desde la mañana hasta la noche. Era un trabajo lento y solo se podían escribir unas cuantas páginas al día.”

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Comenzar donde se quedó

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El Profeta dictaba sin utilizar notas ni recursos externos. Emma Smith contó que “en ninguna parte José Smith tuvo ningún manuscrito ni libro de ningún tipo del que leer o dictar.”

Un detalle sorprendente describe el comportamiento de José Smith después de tomarse un descanso. Emma relató, “Al regresar de las comidas, o después de las interrupciones, comenzaba inmediatamente a partir de donde se había quedado, sin ver el manuscrito ni que se le leyera ninguna parte del mismo. Eso era habitual para él.” Luego, Emma ofreció su opinión: “Hubiera sido improbable que un hombre instruido pudiera hacer esto y para alguien con tan escasa educación como él, era simplemente imposible.” El novelista galardonado, Orson Scott Card está de acuerdo: “José Smith nunca le pidió al copista que leyera la parte en que se había quedado. Ese es un milagro. No puedo hacer eso. Ningún escritor que conozco puede hacerlo.” Continuó Crad, “incluso después de un día debo regresar y volver a leer varias páginas antes de comenzar a escribir nuevamente.”

Sin revisiones

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Entre el 07 de abril y finales de junio de 1829, José Smith dictó casi 270,000 palabras que se convirtieron en la versión impresa del Libro de Mormón de 1830. Una vez que se terminó el manuscrito, se hizo una copia que fue directamente hacia la imprenta. Para Jack Kelly, bloguero de Huffington Post, el hecho de que José Smith “no haya revisado una sola palabra antes de su primera impresión,” en sus propias palabras, fue asombroso.”

El manuscrito original del Libro de Mormón no contenía puntuación, pero los tipógrafos dividieron la vasta cadena de palabras en 6,974 oraciones. Hasta el día de hoy, esas oraciones permanecen en el mismo orden en que se dictaron con una excepción. Un error tipográfico yuxtapuso dos oraciones que ahora son Alma 11: 18 – 19. El manuscrito impreso presenta las oraciones en orden inverso.

Los esfuerzos de José Smith son aún más impresionantes porque la longitud promedio de las oraciones en el Libro de Mormón es casi el doble de lo que se encuentra en la literatura popular. La mayoría de las novelas oscilan entre 10 y 20 palabras por oración en comparación con las 42.5 del Libro de Mormón. Así que para comparar, la cantidad de oraciones de José Smith posiblemente podría duplicarse a 14,000 oraciones, todas publicadas sin cambiar su secuencia de dictado.

Repetir los esfuerzos de José Smith en la actualidad

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José Smith relató constantemente que el Libro de Mormón se tradujo “por el don y el poder de Dios.” Los últimos avances tecnológicos nos permiten intentar repetir su logro.

Hoy, normalmente utilizamos aplicaciones que convierten nuestra voz en mensajes de texto en nuestros teléfonos móviles para enviarselos a amigos y familiares. Si quisiéramos repetir el esfuerzo de José Smith, todo lo que tenemos que hacer es dejar que nuestros teléfonos móviles transcriban nuestras palabras (en reemplazo del escritor Oliver Cowdery) y dictar alrededor de 10,000 mensajes de texto con 20-30 palabras cada uno, uno tras otro. Luego, se permitiría hacer algunas correcciones de gramática y ortografía, pero no se modificaría el orden o el significado de ninguna oración. Tampoco podríamos revisar los mensajes anteriores mientras decimos cada nuevo enunciado. Asimismo, el texto resultante debería incluir una prosa religiosa y elocuente como se encuentra en el Libro de Mormón, junto con narraciones complicadas, argumentos, ubicaciones y movimientos geográficos. Súper fácil, ¿verdad?

Artículo originalmente escrito por Brian C. Hales y publicado en ldsliving.com con el título “Why Joseph Smith’s Dictation of the Book of Mormon Is Simply Jaw-Dropping