Hay una pregunta sobre Jesucristo que aparece de vez en cuando, ¿Jesús tuvo esposa e hijos?
La idea puede parecer lógica para algunas personas. Después de todo, el matrimonio es una institución ordenada por Dios y la familia ocupa un lugar central en Su plan. Entonces, ¿por qué el Salvador no habría formado una familia?
La Iglesia no enseña como doctrina que Jesucristo haya estado casado o haya tenido hijos. Las Escrituras tampoco presentan a una esposa o descendientes de Jesús.
Eso no significa que tengamos una respuesta detallada sobre cada aspecto de Su vida privada. Significa que debemos distinguir entre lo que las Escrituras revelan y lo que simplemente podemos imaginar.
Y cuando hacemos esa diferencia, también aparece una pregunta mucho más interesante: si el matrimonio y la familia son tan importantes en el plan de Dios, ¿por qué los Evangelios no hablan de una familia propia de Jesucristo?
Jesús vino a cumplir una misión específica

Para entender esto, primero hay que mirar quién era Jesucristo y cuál era Su misión.
El Salvador no vino simplemente a vivir una buena vida, formar una familia y convertirse en un ejemplo moral. Él vino como el Hijo Unigénito del Padre en la carne para llevar a cabo la Expiación y vencer el pecado y la muerte.
El Evangelio de Juan enseña que Dios envió a Su Hijo para que el mundo pudiera tener vida eterna mediante Él (Juan 3:16–17). El Libro de Mormón enseña lo mismo al explicar que Cristo sufriría y moriría para llevar a cabo la Expiación y vencer la muerte.
La Iglesia enseña que Jesucristo es el Primogénito del Padre en el espíritu y el Unigénito del Padre en la carne. Esta condición única está directamente relacionada con Su capacidad de cumplir Su misión como Salvador.
Por eso, cuando hablamos de la vida de Jesús, no podemos analizarla únicamente con los mismos criterios con los que analizamos la vida de cualquier otra persona.
Entonces, ¿por qué no aparece una esposa?

La Biblia cuenta una parte de la vida mortal de Jesucristo, especialmente Su ministerio, Sus enseñanzas, Sus milagros, Su sufrimiento, Su muerte y Su resurrección.
No todo lo que Jesús hizo durante Sus aproximadamente 33 años de vida quedó registrado en las Escrituras. Juan incluso termina su Evangelio diciendo que Jesús hizo muchas otras cosas que no fueron escritas en ese registro (Juan 20:30; 21:25).
Por eso, sería incorrecto decir: “La Biblia demuestra que Jesús nunca se casó”, porque la Biblia no hace esa afirmación directamente.
Pero tampoco podemos dar el salto contrario y decir:
“Entonces seguramente estuvo casado”.
No tenemos una revelación que lo confirme. La posición más responsable desde la perspectiva del Evangelio restaurado es sencilla: no sabemos que Jesús haya estado casado y no tenemos una enseñanza oficial de la Iglesia que afirme que tuvo esposa o hijos.
¿Y qué hay de las bodas de Caná?

Este es uno de los argumentos que algunas personas utilizan para intentar demostrar que Jesús estaba casado.
En Juan 2 se relata que Jesús asistió a unas bodas en Caná de Galilea. Durante la celebración ocurrió el conocido milagro en el que convirtió el agua en vino. Pero el texto nunca dice que Jesús fuera el novio.
De hecho, cuando María le habla sobre la falta de vino, Jesús responde haciendo referencia a Su “hora”, y posteriormente realiza el milagro (Juan 2:1–11).
El hecho de que Jesús estuviera presente en una boda no demuestra que fuera Su propia boda. Y esto es importante porque una interpretación interesante no se convierte automáticamente en doctrina.
Las Escrituras permiten afirmar lo que dicen; no nos autorizan a llenar cada silencio con una conclusión.
El matrimonio es parte del plan, ¿no tendría sentido que Jesús se casara?

Sí, el matrimonio es parte del plan de Dios. La Iglesia enseña que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en Su plan.
Además, el Señor reveló a José Smith que el matrimonio eterno forma parte de las bendiciones relacionadas con la exaltación (Doctrina y Convenios 131:1–4).
Pero que algo sea una bendición o un mandamiento para los hijos de Dios no significa que cada persona tenga que recibirlo exactamente de la misma manera o en el mismo momento de la vida mortal.
La propia Iglesia reconoce que algunas personas no se casan, otras pierden a su cónyuge y otras desean tener hijos y no pueden hacerlo. Sin embargo, ninguna de esas circunstancias significa que hayan perdido para siempre las bendiciones que Dios tiene preparadas para Sus hijos fieles.
Por eso, no podemos convertir el matrimonio en una condición que debamos imponer sobre la vida mortal de Jesucristo simplemente porque nosotros entendamos su importancia dentro del plan.
¿Jesús habría dejado viuda a una mujer?

Si imaginamos a Jesús sabiendo que Su muerte estaba cerca, podríamos preguntarnos:
¿Por qué iniciaría una relación matrimonial sabiendo que pronto dejaría a su esposa?
Pero nuevamente estamos entrando en un terreno que las Escrituras no explican.
Jesús sabía que Su muerte formaba parte de Su misión. En diferentes momentos habló de que Su “hora” se acercaba y anunció a Sus discípulos que sería entregado y moriría (Mateo 16:21; Juan 12:23–27).
Eso hace comprensible la pregunta, pero no constituye una prueba de que no estuviera casado.
Además, el hecho de que una persona vaya a morir no significa que el matrimonio pierda su propósito. Desde la perspectiva de los Santos de los Últimos Días, precisamente porque existen los convenios y las ordenanzas del templo, la muerte no tiene por qué ser el final de una relación familiar sellada por la autoridad de Dios.
Así que el argumento de “Jesús no pudo casarse porque habría dejado viuda a una mujer” tampoco resuelve la cuestión.
Y si hubiera tenido hijos, ¿serían semidioses?

Aquí sí hay una confusión doctrinal que vale la pena aclarar. La idea de que los supuestos hijos de Jesús serían “semidioses” no corresponde a la doctrina de la Iglesia.
En la teología de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ser hijo de Jesucristo no convertiría automáticamente a una persona en un ser mitad humano y mitad dios.
Todos nosotros somos hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Jesús es nuestro Salvador, nuestro Hermano Mayor en la vida preterrenal y el Unigénito del Padre en la carne.
La naturaleza divina de Jesucristo tampoco significa que cualquier descendiente biológico suyo tendría automáticamente divinidad.
De hecho, cuando la Iglesia habla de la condición única de Jesús como el Unigénito, se refiere específicamente a Su nacimiento mortal, Él es el único cuyo cuerpo mortal fue engendrado por el Padre Celestial.
Por lo tanto, incluso si hipotéticamente Jesús hubiera tenido hijos durante Su vida mortal, eso no los convertiría en “semidioses”.
Lo que sí sabemos sobre Jesús

Sabemos que Jesús nació de María. Sabemos que es el Hijo de Dios. Sabemos que vivió sin pecado. Sabemos que enseñó el Evangelio, realizó milagros, ministró a los enfermos y afligidos, sufrió por nuestros pecados en Getsemaní, murió en la cruz y resucitó.
Su vida no estuvo centrada en lo que podía recibir, sino en lo que podía ofrecer.
Tal vez no podamos saber si Jesús tuvo esposa o si tuvo hijos, pero sí podemos saber que Su prioridad era elegir entre Su propia voluntad y la voluntad del Padre, eligió al Padre.
Cuando pudo haber evitado el sufrimiento, permaneció; cuando Sus discípulos necesitaron dirección, enseñó. Y cuando llegó la muerte, entregó Su vida por todos nosotros.
Entonces, ¿Jesucristo estuvo casado?

La respuesta más honesta es que las Escrituras no lo dicen y la Iglesia no enseña que Jesús haya tenido esposa o hijos.
Existen interpretaciones y especulaciones sobre ciertos pasajes, como las bodas de Caná, pero ninguna de ellas constituye una revelación. Y tampoco necesitamos inventar una respuesta para que la vida de Jesucristo tenga sentido.
El Evangelio sí nos ha revelado aquello que necesitamos conocer para ejercer fe en Él: Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios, nuestro Salvador y Redentor, y Su sacrificio hizo posible nuestra resurrección y nuestro regreso a la presencia de Dios.
Quizás la mejor pregunta no sea si Jesús tuvo una esposa. La pregunta que Sus propias palabras nos dejan es mucho más directa:
“¿Qué pensáis del Cristo?” – Mateo 22:42.
Porque, al final, conocer cada detalle de Su vida mortal no es el propósito de las Escrituras. El propósito es conocerlo a Él.
