Como discípulos de Jesucristo, el Maestro nos inspira a aligerar las cargas de los demás. Una de Sus enseñanzas más influyentes fue “el que es el mayor entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 23:11) algo que demostró practicando lo que predicaba. 

El Señor se acercó a los pobres, a los necesitados y a los enfermos con ternura y compasión, realizó actos de sanación y consuelo. Muchas personas intentan seguir este ejemplo, pero a veces pasan por alto que Él también aceptó (e incluso pidió) ayuda de otros.

“Forgiven” por Daniel F. Gerhartz

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Jesús con gratitud permitió que otros lo ayudaran

Aunque Jesús vivió Su vida y la dio para beneficio de los demás, no debemos tener la idea de que tratar de ser más como Él exige que siempre seamos los que brindan, y no los que reciben, servicio.

Hay muchos casos en que Jesús pidió ayuda y la recibió con gratitud cuando le fue ofrecida. Mientras estaba en Getsemaní, le pidió al Padre que lo librara de Su sufrimiento, si es que le era posible. Aunque sufrió voluntariamente el castigo por los pecados de la humanidad, no rechazó al ángel que fue enviado para consolarlo.

jesus

Jesús estando agotado aceptó la ayuda de Simón al llevar Su cruz. El burro que cabalgó a Jerusalén fue prestado. Cuando alimentó a la multitud de cinco mil lo hizo con panes y peces ofrecidos por un niño pequeño. Cristo permitió que una mujer arrepentida ungiera Su cabeza y le lavara los pies con sus lágrimas.

Podemos encontrar muchos ejemplos. Aceptar la ayuda de otros no fue una muestra de debilidad por parte de Jesús. Él comprendió que el permitir que otros pudieran servirle le brindaba a ambos la oportunidad de expresar amor y entablar lazos, tal como lo hizo cuando Él les sirvió.

Cómo el recibir ayuda nos permite crecer

manos

El Elder Dieter F. Uchtdorf explicó que:

“Todos sabemos que “Más bienaventurado es dar que recibir”, pero me pregunto si a veces rechazamos o incluso menospreciamos la importancia de ser los que recibimos con bondad…

A veces, llega el punto en el que las personas no pueden recibir un regalo o ni siquiera un cumplido sin sentirse avergonzadas o tener sentimientos de estar en deuda…

Toda dádiva que se nos brinda, especialmente una que provenga del corazón, es una oportunidad para crear o fortalecer un lazo de amor. Cuando recibimos con bondad y agradecimiento, abrimos la puerta para intensificar nuestra relación con el que obsequia la dádiva…

¿Hemos recibido esas dádivas con humilde gratitud, con alegría? ¿O las rechazamos por el orgullo o un falso sentido de independencia?” (“El que recibe con bondad y agradecimiento”).

matrimonio

Con demasiada frecuencia, nuestras propias relaciones se ven dañadas por nuestro “orgullo [y] falso sentido de independencia”. En mi experiencia como terapeuta, he visto matrimonios ser lastimados de la manera sólo porque las parejas esperaron demasiado tiempo en pedir ayuda. 

He visto divisiones innecesarias causadas cuando los miembros de la familia no se permiten mostrar amor a través del servicio o expresar elogios y gratitud.

Algunos dicen que no piden ayuda porque “no quieren ser una carga”. Al hacerlo, les impiden a otros la oportunidad de hacer lo que Jesús hubiera hecho, como compartir y aligerar las cargas de los demás, proporcionando consuelo y fortaleza. 

Esas personas terminan sin el apoyo y la ayuda que pudo quitar, o al menos aliviar, su sufrimiento sólo porque no aceptaron o pidieron ser ayudados.

confesión

Al considerar la historia y la vida de Jesucristo, recordemos Su ejemplo, no sólo en ayudar a los demás, sino en pedir y aceptar la ayuda de los demás.

Recordemos que Él mostró humilde gratitud, no un rechazo orgulloso. Su historia ha resonado a través de los siglos porque sabía cómo amar a través de dar y, lo que es más importante, recibir, servicio y amabilidad.

Este artículo fue escrito originalmente por Lds Living Staff y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Latter-day Saint Therapist: Jesus Accepted Help, So Why Don’t We?