Durante décadas, pocas preguntas han generado tanta controversia sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como la restricción que impidió que hombres de ascendencia africana recibieran el sacerdocio hasta 1978.

Para algunos, este episodio demuestra que la Iglesia fue «racista». Para otros, es un tema que prefieren evitar porque resulta difícil de explicar. Y para otros, especialmente los más jóvenes, representa una pregunta crucial: ¿cómo pudo ocurrir algo así dentro de una Iglesia guiada por profetas?

No es una pregunta sencilla, y tampoco existe una respuesta corta que haga justicia a la historia. Precisamente por eso, la misma Iglesia ha decidido abordar este tema de manera abierta afirmando que:

«Actualmente, la Iglesia rechaza las teorías formuladas en el pasado que consideraban la piel negra como una señal de desaprobación o maldición divina, o como un reflejo de malas acciones hechas en la vida preterrenal; o que veían los matrimonios interraciales como un pecado; y a las personas de raza negra, o de cualquier otra raza o etnia, como inferiores de algún modo a cualquier otra persona».

Primeros miembros de la Iglesia de Jesucristo en Nigeria. Imagen: LDSLiving

Esta declaración establece una diferencia importante entre la doctrina del evangelio y las ideas culturales que, durante distintos períodos de la historia, influyeron en algunos miembros y líderes de la Iglesia.

Comprender este episodio requiere hacer dos cosas: mirar el contexto histórico en el que se desarrolló y, al mismo tiempo, aceptar que la Iglesia actual reconoce que hubo ideas equivocadas que nunca debieron convertirse en explicaciones doctrinales.

Una historia que comenzó mucho antes de 1978

nuevo monumento a los pioneros negros en Utah
Desde los inicios de la Iglesia, los mimebros negros se bautizaron y fueron recibidos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Con frecuencia se piensa que la historia de las personas negras dentro de la Iglesia comienza con la revelación recibida por el presidente Spencer W. Kimball en 1978. Sin embargo, la realidad es mucho más antigua y también mucho más compleja.

Desde los primeros años de la Restauración hubo miembros negros que se bautizaron, predicaron el Evangelio, sirvieron como misioneros e incluso fueron ordenados al sacerdocio. Este hecho contradice la idea de que desde el principio existió una prohibición hacia la raza negra.

Los registros históricos muestran que durante la vida de José Smith no existía una polírica que impidiera ordenar al sacerdocio a hombres de ascendencia africana. Uno de los casos más documentados es el de Elijah Abel, quien recibió el Sacerdocio de Melquisedec en 1836 y fue ordenado como miembro del Quórum de los Setenta.  Más tarde sirvió varias misiones y permaneció fiel a la Iglesia hasta su muerte.

Otro ejemplo importante es Q. Walker Lewis, un respetado líder de la comunidad afroamericana en Massachusetts, quien también fue ordenado élder durante el tiempo del profeta José Smith.

También encontramos a Green Flake, un hombre esclavizado que fue bautizado antes de emprender el éxodo hacia el oeste junto con los pioneros. Aunque legalmente seguía siendo esclavo cuando cruzó las llanuras, llegó a convertirse en el primer pionero de la Iglesia en entrar al valle del Lago Salado.

Estos ejemplos muestran que la relación entre la Iglesia y los miembros negros no comenzó con una política de exclusión. Sin embargo, para comprender por qué esa situación cambió, es necesario observar el mundo en el que vivían aquellos primeros santos.

Un mundo marcado por la esclavitud

La Iglesia surgió cuando la esclavitud llevaba más de doscientos años. Imagen: Canva

Es difícil exagerar cuánto influía la esclavitud en la sociedad estadounidense del siglo XIX.

Cuando la Iglesia fue organizada en 1830, la esclavitud llevaba más de doscientos años formando parte de la vida política, económica y cultural de Estados Unidos debido a que, desde sus inicios, fue un sistema que moldeaba la forma en que la mayoría de las personas entendía las diferencias raciales.

Hoy sabemos que esas ideas eran falsas y moralmente inaceptables. Sin embargo, en aquel entonces eran consideradas por muchos como verdades evidentes y las iglesias cristianas no estuvieron libres de estas influencias culturales.

Durante generaciones, numerosos predicadores utilizaron interpretaciones de la Biblia para justificar la esclavitud. Entre las más conocidas estaba la idea de que «las personas negras descendían de Caín o de Cam» y que su color de piel representaba una maldición divina. Durante buena parte del siglo XIX, esa era la ideología en la que crecieron tanto los primeros santos como prácticamente todos los líderes religiosos y políticos de aquella generación.

Fue precisamente en ese ambiente dividido por la cuestión racial donde nació una Iglesia que muy pronto se enfrentaría a uno de los temas más mediáticos de toda la historia estadounidense: la esclavitud.

José Smith, la esclavitud y el difícil comienzo de la Iglesia

José Smith fue objetivo de amenaza política ya que sus creencias desafiaban la esclavitud. Imagen: masfe.org

Comprender el contexto cultural del siglo XIX es solo una parte de la historia. La otra consiste en observar cómo actuó la Iglesia durante sus primeros años y por qué, desde muy temprano, comenzó a despertar sospechas entre quienes defendían la esclavitud.

Aunque José Smith no fue un «abolicionista radical» desde el inicio de su ministerio, sus enseñanzas fueron adoptando una postura cada vez más favorable a la dignidad y los derechos de las personas esclavizadas. Esa evolución ocurrió en un momento en que cualquier cuestionamiento al sistema esclavista podía interpretarse como una amenaza política.

Los primeros santos eran, en su mayoría, inmigrantes provenientes de estados del norte de Estados Unidos y de Europa. Muchos no compartían la visión predominante en los estados esclavistas y creían que todos los seres humanos eran hijos de Dios con el mismo potencial espiritual.

Esa convicción se reflejó desde muy temprano en las publicaciones de la Iglesia.

En la década de 1830, los periódicos y materiales publicados por los líderes de lglesia de Jesucristo enseñaban que la salvación estaba disponible para todas las personas sin importar su origen. En el Libro de Mormón, uno de los pasajes más conocidos declara:

«Él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles».

Un principio que hoy la Iglesia sigue considerando fundamental. Sin embargo, esas ideas contrastaban con muchas de las ideas religiosas predominantes en Estados Unidos, donde las iglesias usaban la Biblia para justificar la inferioridad de las personas negras.

José Smith y su propuesta para abolir la esclavitud

José Smith decidió poner fin a la esclavitud desde el ámbito de las leyes. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Con el paso de los años, la postura personal de José Smith respecto a la esclavitud se volvió mucho más explícita. En 1844 decidió presentarse como candidato a la presidencia de los Estados Unidos.

Su plataforma política incluía una propuesta extraordinariamente ambiciosa para la época: poner fin a la esclavitud antes de 1850.

En lugar de una abolición inmediata y violenta, propuso que el gobierno federal comprara gradualmente la libertad de las personas esclavizadas y compensara económicamente a los propietarios utilizando recursos provenientes de la venta de tierras públicas.

Hoy esa propuesta puede parecer insuficiente, pero en el contexto de la década de 1840 representaba una posición notablemente avanzada. Mientras muchos políticos evitaban siquiera discutir el tema por temor a dividir al país, José Smith planteaba un plan nacional para eliminar la esclavitud sin provocar una guerra civil.

Aquella iniciativa aumentó aún más las tensiones políticas alrededor de su figura. Finalmente, su asesinato en junio de 1844 puso fin a ese proyecto antes de que pudiera desarrollarse.

¿Cómo surgió la restricción al sacerdocio después de José Smith?

Brigham Young
La restricción del sacerdocio a los afrodescendientes inició bajo la presidencia de Brigham Young. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Tras el fallecimiento de José Smith, la Iglesia enfrentó uno de los períodos más difíciles de su historia. Las amenazas del populacho llevaron a los Santos a establecerse en una sociedad marcada por el racismo y la esclavitud. En ese contexto comenzaron a producirse cambios graduales en la práctica de la Iglesia respecto a los miembros de ascendencia africana.

Los documentos oficiales muestran que, durante la presidencia de Brigham Young, especialmente a partir de 1852, comenzó a aplicarse una restricción del sacerdocio a personas afroamericanas. Aquella medida no fue uniforme en sus inicios, pero con las décadas pasó a formar parte de la política de la Iglesia.

Junto con esa práctica surgieron diversas explicaciones para justificarla. Algunas relacionaban la restricción con la maldición de Caín, otras con Cam o con una supuesta «falta de valentía en la vida premortal», pero ninguna de esas ideas provenía de una revelación registrada.

Por esa razón, la Iglesia declara:

«Actualmente, la Iglesia rechaza las teorías formuladas en el pasado que consideraban la piel negra como una señal de desaprobación o maldición divina».

Esa declaración marca una diferencia importante: reconoce que las explicaciones que durante años circularon entre los miembros no forman parte de la doctrina restaurada del evangelio.

¿Qué llevó al fin de la restricción?

profeta Presidente Kimball
Esta restricción llego a su fin mediante una revelación del presidente Spencer W. Kimball que hoy conocemos como la Declaración Oficial 2. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Durante el siglo XX, varios presidentes de la Iglesia estudiaron el tema con profunda seriedad. El presidente David O. McKay llegó a la conclusión de que la restricción era una práctica y no una doctrina revelada. En una declaración expresó:

«No existe, ni ha existido jamás, una doctrina en esta Iglesia que afirme que los negros están bajo una maldición divina».

Sin embargo, él también creía que un cambio de esa magnitud debía venir únicamente por revelación. Ese momento llegó en 1978. Después de años de oración, estudio y deliberación junto con la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles, el presidente Spencer W. Kimball recibió la revelación que hoy conocemos como la Declaración Oficial 2.

En ella se anunció que todas las bendiciones del sacerdocio y del templo estarían disponibles para los hombres dignos de cualquier raza, color o ascendencia. Quienes estuvieron presentes describieron aquella experiencia como uno de los momentos espirituales más poderosos de sus vidas.

Poco tiempo después, el élder Bruce R. McConkie invitó a los miembros de la Iglesia a dejar atrás las explicaciones anteriores con unas palabras que siguen siendo profundamente significativas:

«Olvídense de todo lo que he dicho, o de lo que el presidente Brigham Young, el presidente George Q. Cannon o cualquier persona ha dicho anteriormente que sea contrario a la presente revelación. Hablábamos con un entendimiento limitado», expresó el presidente Bruce R. McConkie.

Esas palabras reflejan que la revelación continúa, y el Señor guía a Su Iglesia «línea por línea, precepto por precepto».

¿Cómo vivimos esta historia hoy?

Miles de hombres y mujeres de ascendencia africana sirven como misioneros, obispos, presidentes de estaca, presidentes de misión y líderes de la Iglesia. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hoy la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña con claridad que todos somos hijos de Dios y que todos somos iguales para Él. El acceso al sacerdocio, al templo y a todas las bendiciones del evangelio está abierto a cualquier persona digna.

El mayor mensaje que podemos llevarnos de este suceso en la historia de la Iglesia es que el evangelio de Jesucristo es perfecto, pero quienes lo vivimos seguimos aprendiendo. A lo largo de la historia, el Señor ha guiado a Su Iglesia mediante revelación continua, permitiendo que Sus hijos reciban más luz y mayor comprensión.

Hoy ese mismo evangelio está transformando millones de vidas en todo el mundo, y uno de los ejemplos más notables es África, donde la Iglesia crece con extraordinaria rapidez.

Miles de hombres y mujeres de ascendencia africana sirven como misioneros, obispos, presidentes de estaca, presidentes de misión y líderes de la Iglesia, fortaleciendo comunidades de fe como testimonio de que ésta es la verdadera Iglesia de Jesucristo.

Fuentes: Anti anti-mormón, Temas de la Historia de la Iglesia, maisfe.org

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