En las Escrituras encontramos relatos sorprendentes de personas que murieron y luego volvieron a vivir. Elías levantó al hijo de una viuda, Eliseo hizo lo mismo con el hijo de una mujer sunamita, Jesucristo devolvió la vida a la hija de Jairo, al hijo de la viuda de Naín, y a Lázaro, el ejemplo más conocido.

Los apóstoles Pedro y Pablo, por su parte, también realizaron milagros semejantes. A simple vista podría parecer que todos ellos resucitaron, pero la doctrina restaurada enseña que esos milagros fueron distintos de la resurrección.

Comprender esa diferencia nos ayuda a entender por qué la Resurrección de Jesucristo constituye el acontecimiento más único de la historia de la humanidad. Gracias a ella, la muerte dejó de ser definitiva y todos los hijos de Dios recibirán algún día un cuerpo inmortal.

La diferencia está en la naturaleza del cuerpo

La resurrección transforma completamente la naturaleza del cuerpo. Imagen: Canva

La doctrina restaurada enseña que todos los casos anteriores de personas que fueron levantadas por el poder del sacerdocio simplemente regresaron a la vida terrenal. Sus cuerpos seguían siendo mortales y, por lo tanto, continuaban sujetos a la enfermedad, al envejecimiento y, finalmente, a una segunda muerte física.

En cambio, la resurrección transforma completamente la naturaleza del cuerpo. El profeta Alma enseñó:

«El espíritu y el cuerpo serán reunidos otra vez en su perfecta forma… y no se perderá ni un solo pelo de su cabeza».

Luego añade una diferencia decisiva:

«…no pueden morir ya más; sus espíritus se unirán a sus cuerpos para no ser separados nunca más; por lo que esta unión se torna espiritual e inmortal».

Esa expresión, «para no ser separados nunca más», resume la esencia de la Resurrección. Mientras que una persona restaurada a la vida volverá algún día a experimentar la muerte, una persona resucitada nunca volverá a morir.

Jesucristo fue el primero en resucitar

pruebas
Jesucristo fue el primero en resucitar con un cuerpo glorificado e inmortal. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Cuando analizamos este tema, es común que surja otra pregunta: si los profetas ya levantaban muertos antes del ministerio terrenal de Jesucristo, ¿por qué se dice que Él fue el primero en resucitar?

La respuesta se encuentra en lo que enseñó el apóstol Pablo.

«Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos; y llegó a ser primicias de los que durmieron… Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados».

Jesucristo no fue simplemente el primero en volver a vivir, sino que también fue el primero en recibir un cuerpo glorificado e inmortal.

Después de Su resurrección podía comer con Sus discípulos, caminar junto a ellos e invitarlos a tocar las marcas de los clavos en Sus manos y costado. Sin embargo, Su cuerpo ya no estaba sujeto a la muerte. Por esa razón, el presidente Dallin H. Oaks afirmó:

«La resurrección universal se hizo realidad con la resurrección de Jesucristo».

Su victoria abrió el camino para toda la familia humana.

¿Por qué el sacerdocio podía devolver la vida, pero no hacer inmortal a una persona?

La resurrección es la victoria infinita del Salvador sobre la muerte y el pecado. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 

El poder del sacerdocio nunca actúa independientemente de la voluntad y del plan de Dios. Cuando un profeta levantaba a un muerto, simplemente permitía que el espíritu de esa persona regresara temporalmente a su cuerpo mortal para que completara una parte de su misión terrenal según la voluntad de Dios.

La inmortalidad, en cambio, solo fue posible gracias a la Expiación y la Resurrección de Jesucristo. Antes de la mañana de Pascua no existía un cuerpo inmortal para ningún ser humano.

Solo cuando el Salvador rompió definitivamente las cadenas de la muerte pudo comenzar la resurrección universal prometida desde la fundación del mundo. Como enseña Doctrina y Convenios:

«El espíritu y el cuerpo son el alma del hombre. Y la resurrección de los muertos es la redención del alma».

La resurrección no es simplemente otro milagro del sacerdocio. Es el resultado directo de la victoria infinita del Salvador sobre la muerte y el pecado.

¿Todos resucitaremos?

mundo de los espíritus
La inmortalidad es un don gratuito de Cristo. Imagen: Masfe.org

La respuesta de las Escrituras es clara y jamás cambiará: gracias a Jesucristo, la resurrección es un don universal. Alma declaró que:

«Esta restauración vendrá sobre todos, tanto viejos como jóvenes, esclavos así como libres, varones así como mujeres, malvados así como justos».

Así que no, nadie quedará excluido de resucitar. La anterior Primera Presidencia liderada por el entonces presidente Russell M. Nelson también fue clara en este tema y enseñó:

«La resurrección es un don para todos los hijos del Padre Celestial que han vivido en esta tierra».

Aunque todas las personas recibirán un cuerpo inmortal, las Escrituras también enseñan que el grado de gloria que heredará cada uno dependerá de su fidelidad al evangelio y de su aceptación del Salvador (véase Doctrina y Convenios 76).

La inmortalidad es un don gratuito de Cristo; la vida eterna es una bendición que requiere hacer y guardar convenios con Él.

Los milagros de Jesús

Jesucristo hace que Lázaro vuelva a la vida. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Cuando Jesús levantó a Lázaro, no solo mostró compasión por una familia que sufría, sino que también estaba preparando a Sus discípulos para comprender algo mucho más grande.

Cada persona que volvió a la vida anunciaba proféticamente el día en que la muerte sería derrotada para siempre. Aquellos milagros fortalecían la fe de quienes los presenciaban y testificaban que Jesucristo tenía poder sobre la muerte. Sin embargo, ninguno de ellos eliminó definitivamente sus efectos.

Solo la tumba vacía de Cristo cambió el destino de toda la humanidad. El presidente Dallin H. Oaks declaró:

«La promesa de la inmortalidad es un concepto básico de nuestra fe».

Sin la Resurrección, el evangelio perdería su propósito eterno. Gracias a ella sabemos que la muerte es una separación temporal y no el final de nuestra existencia.

Una esperanza que cambia la forma de ver la muerte

Quienes resuciten por el poder de Jesucristo jamás volverán a enfrentarse a la muerte. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Comprender la diferencia entre volver a la vida y resucitar transforma nuestra perspectiva sobre el plan de salvación. Las personas que fueron levantadas por los profetas experimentaron un milagro extraordinario, pero tarde o temprano volvieron a morir.

Quienes resuciten por el poder de Jesucristo jamás volverán a enfrentarse a la muerte. Sus espíritus y cuerpos permanecerán unidos para siempre en una condición inmortal. Por eso, cuando los cristianos hablan de la Resurrección, se refieren tanto al regreso de la vida física como al triunfo definitivo del Salvador sobre la tumba.

Jesucristo mismo prometió:

«Porque yo vivo, vosotros también viviréis».

Esa promesa sigue siendo una de las declaraciones más consoladoras de todas las Escrituras. Significa que ningún cementerio es permanente, que ninguna despedida será eterna y que la muerte no tiene la última palabra.

Gracias a Jesucristo, todos resucitaremos con un cuerpo perfecto e inmortal, para no separarnos jamás de nuestro espíritu. Esa es la diferencia que convierte la Resurrección en uno de los mayores milagros del plan de Dios.

Fuente: Ask Gramps

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