Jesús pudo haber escogido a cientos de discípulos para acompañarlo durante Su ministerio. También pudo haber formado un grupo más pequeño o más grande. Sin embargo, decidió llamar exactamente a doce hombres, y ese número estaba lejos de ser una coincidencia.
Detrás de esa decisión había un profundo significado relacionado con la historia de Israel, el establecimiento de Su Iglesia y el cumplimiento del plan de Dios.
Por qué fueron exactamente 12

En el Antiguo Testamento, el pueblo del convenio estaba organizado alrededor de las doce tribus de Israel, descendientes de los doce hijos de Jacob. Estas tribus conformaban el pueblo escogido por Dios y representaban la nación de Israel.
Cuando Jesucristo comenzó Su ministerio, el pueblo judío aún conservaba esa identidad, aunque espiritualmente muchos se habían alejado del propósito original de la ley. Las tradiciones humanas y el legalismo habían reemplazado, en muchos casos, la verdadera adoración a Dios (Mateo 15:3–9).
Al escoger a doce apóstoles, Jesús estaba mostrando que Él venía a restaurar el convenio de Dios con Su pueblo y a establecer el fundamento de Su Iglesia. El número doce recordaba deliberadamente a las doce tribus de Israel y simbolizaba el inicio de una nueva etapa en la obra de Dios.
Por eso, el Salvador dijo a Sus apóstoles que un día se sentarían «sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mateo 19:28).
Qué significa la palabra «apóstol»

La palabra griega apostolos significa «uno que es enviado».
Sin embargo, los apóstoles no fueron únicamente mensajeros. Marcos registra que Jesús los llamó «para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad» (Marcos 3:14–15).
Después de Su resurrección, el Salvador les dio una comisión aún mayor:
«Id, y haced discípulos a todas las naciones» – Mateo 28:19–20.
Por ello, los apóstoles fueron testigos especiales de Jesucristo, llamados para enseñar Su evangelio y dirigir Su Iglesia.
Ese mismo patrón continúa hoy en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, donde el Señor sigue llamando apóstoles para ser testigos especiales de Jesucristo y dirigir Su Iglesia.
Jesús no eligió a los más preparados

Algo que llama la atención es que ninguno de los Doce parecía ser la elección más obvia.
Entre ellos había pescadores, un recaudador de impuestos e incluso hombres con diferentes ideas políticas. No eran rabinos famosos, líderes religiosos ni personas con gran influencia.
Pedro, Andrés, Santiago y Juan trabajaban pescando. Mateo cobraba impuestos para el Imperio romano, una profesión mal vista por muchos judíos. Simón era conocido como el Zelote, un grupo con fuertes ideales nacionalistas.
Aun así, Jesús vio en ellos algo más importante que la experiencia: vio su disposición para seguirlo.
Su historia demuestra que el Señor no llama a personas porque ya sean perfectas; las prepara mientras le sirven.
¿Por qué no fueron más o menos?

Jesús tenía muchos discípulos. De hecho, Lucas registra que llamó a setenta para una misión especial (Lucas 10:1). Sin embargo, solo doce recibieron el llamamiento apostólico, porque ese número representaba el fundamento de la Iglesia y el recogimiento de Israel.
El apóstol Pablo enseñó que la Iglesia está:
«Edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo» – Efesios 2:20.
Esto muestra que el número no respondió a una necesidad práctica, sino a un propósito divino. Los Doce representaban el fundamento sobre el cual el Salvador organizaría Su Iglesia, siguiendo el simbolismo de las doce tribus de Israel.
Un llamado con un propósito eterno

La elección de los Doce no fue un detalle sin importancia. Reflejaba el deseo del Salvador de reunir a Israel, establecer Su Iglesia y preparar a hombres que llevarían Su evangelio al mundo entero.
Aunque eran personas comunes, el Señor los capacitó para cumplir una misión extraordinaria. Su ejemplo nos recuerda que Dios no busca personas perfectas para hacer Su obra; busca personas dispuestas a seguirle y permitir que Él las transforme.
Más de dos mil años después, ese mismo principio sigue vigente. El Salvador continúa llamando a Sus siervos y guiando Su Iglesia, invitando a todos a formar parte de Su pueblo del convenio y a seguirle con fe.
Fuente: www.churchofjesuschrist.org
