En la oficina de Holly Metcalf hay una pared que llama la atención desde el primer momento. Está cubierta de arriba abajo con fotografías, dibujos, pinturas y recortes de distintos tamaños y estilos que, aunque parecen muy diferentes entre sí, comparten un mismo enfoque: todas están relacionadas con Jesucristo y momentos de Su vida.
A Holly le gusta visitar museos y algunas de las piezas que tiene provienen de su familia, ya que heredó parte del interés por el arte de su madre, Elaine A. Cannon.
Sin embargo, ella misma reconoce que su interés no está tanto en el arte en general, sino específicamente en aquellas obras que le ayudan a pensar en el Salvador de una manera más personal.

Según explica, observar estas imágenes le permite conectar emocionalmente con lo que Cristo hizo y enseñó.
Todo comenzó en 1991, cuando fue llamada a enseñar seminario en Seattle. En ese momento sintió que necesitaba encontrar formas más efectivas de captar la atención de los jóvenes y ayudarles a imaginar las historias de las Escrituras, no solo a escucharlas.
Por eso empezó a usar todo el material visual que tenía a su alcance, incluyendo ilustraciones oficiales y recursos que encontraba en distintos lugares.
Con el tiempo, ese esfuerzo no solo impactó a sus alumnos, sino también a ella misma. Al observar imágenes del Salvador, comenzó a notar detalles que antes pasaban desapercibidos y que le ayudaban a comprender mejor los relatos.
Cuando enseñar también transforma

Expresiones, gestos o escenas específicas lograban transmitir emociones que enriquecían su entendimiento y hacían que las historias se sintieran más reales.
Sin embargo, en algún punto el material que tenía dejó de ser suficiente, por lo que empezó a buscar más. Revisaba revistas, guardaba imágenes que encontraba interesantes y visitaba museos donde podía descubrir nuevas representaciones.
Fue en ese proceso donde conoció obras de artistas como Carl Bloch, cuyas representaciones del Salvador le llamaron especialmente la atención. Poco a poco, fue reuniendo más imágenes hasta que notó que la mayoría de ellas tenían algo en común: estaban centradas en Jesucristo.

Años después, tras haber enseñado seminario por más de una década, recibió la asignación de enseñar instituto. Esta nueva responsabilidad le generó cierta inseguridad, ya que muchos de sus alumnos eran jóvenes con experiencia misional y con formación académica avanzada, lo que la hacía sentir menos preparada en comparación.
Después de su primera clase, mientras buscaba algunas cosas en casa, encontró una pequeña imagen que había adquirido tiempo atrás: una pintura de Cristo con un niño. Decidió llevarla consigo a sus siguientes clases y mantenerla entre sus apuntes mientras enseñaba.
Con el paso de las semanas, esa imagen se convirtió en un recordatorio constante de que no estaba sola. Pensar que el Salvador estaba presente, acompañándola y también presente en sus alumnos, le dio tranquilidad y confianza para seguir adelante con su labor.
Cuando enseñar también transforma

Hoy en día, esa colección sigue creciendo, pero no responde a criterios de valor económico o prestigio artístico. Muchas de las piezas provienen de lugares sencillos, algunas han sido hechas por miembros de su familia y otras son imágenes que ha encontrado en libros o revistas.
Lo importante, según explica, es que cada una de ellas le enseñe algo y le recuerde aspectos del carácter de Cristo. En medio de su rutina diaria, cuando necesita hacer una pausa, suele mirar la pared y notar que siempre hay una imagen que llama más su atención dependiendo del momento que esté viviendo.
En una ocasión menciona una pintura en particular que muestra a una gallina protegiendo a sus polluelos bajo sus alas, una escena que para ella representa el cuidado y la protección constante del Salvador.

La experiencia de Holly muestra que no es necesario contar con recursos costosos para construir algo significativo. Cualquier persona puede comenzar con elementos sencillos, como una imagen que le guste, una ilustración encontrada en una revista o incluso un dibujo hecho por alguien cercano.
También sugiere desarrollar el hábito de prestar más atención a las representaciones de Cristo que aparecen en distintos contextos, ya sea en libros, manuales, museos o incluso en objetos cotidianos. No todas las imágenes tendrán el mismo impacto, pero algunas pueden conectar de manera especial y convertirse en recordatorios constantes.
Al final, la idea no es simplemente coleccionar arte, sino encontrar formas personales de recordar al Salvador en la vida diaria y fortalecer la relación con Él a través de esos pequeños detalles visuales.
Fuente: LDS Living
Video relacionado
@masfe.org ¡Jesucristo vive! ¡Ha resucitado! Él venció la muerte para sostenernos, para alentarnos y para dar alivio a nuestra alma en los momentos más difíciles de nuestras vidas. Tú también puedes sentir el alivio que Él da al corazón herido mediante la oración y la lectura de las santas escrituras. Y si es tu primera vez acercándote a Dios o si necesitas ayuda para volver a tener una mejor relación con Él, puedes escribirnos y estaremos muy felices de poder acompañarte. ¡Feliz domingo de resurrección! #jesucristovive #mayoramor #jesus ♬ sonido original – Masfe.org



