La historia de Kristen es un recordatorio de que la fe no siempre se pierde de la noche a la mañana. A veces se debilita lentamente, casi sin que uno se dé cuenta. Durante años, su vida parecía seguir un camino normal dentro de la Iglesia, pero interiormente su testimonio, se iba debilitando.
Kristen creció dentro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su vida estaba llena de las enseñanzas del Evangelio, y por mucho tiempo creyó que su testimonio era firme.
Sin embargo, con el paso de los años comenzó a confiar más en su propio intelecto que en su relación con Cristo. En lugar de buscar respuestas mediante la oración y la revelación personal, empezó a buscarlas únicamente en el análisis intelectual y en estudios académicos.

Poco a poco, ese cambio comenzó a afectar su fe. Las preguntas que surgían ya no eran respondidas con confianza espiritual, sino con dudas cada vez más profundas. Sin darse cuenta, su testimonio de la Restauración y de José Smith comenzó a debilitarse.
Cuando su esposo empezó a cuestionar el Evangelio restaurado, Kristen decidió investigar por sí misma. Quería comprender, analizar y encontrar respuestas claras. Pero mientras más buscaba únicamente desde el razonamiento humano, más distante se sentía de su fe.
Con el tiempo llegó a un punto en el que ya no sabía exactamente qué creía.
Después de catorce años de matrimonio, su esposo finalmente se declaró gay y la noticia fue dolorosa, pero eso no fue la causa principal de su crisis de fe. Para ese momento, su testimonio ya era frágil.

Aquella revelación simplemente profundizó una crisis que llevaba años formándose en silencio. Poco después, ambos tomaron la decisión de eliminar sus registros de la Iglesia y dejar de asistir. Lo que siguió fue una etapa muy difícil en la vida de Kristen.
Su matrimonio terminó. Poco tiempo después, su padre, quien también era su mejor amigo, falleció. El dolor y la pérdida comenzaron a acumularse. Sin una base espiritual firme, Kristen buscó formas de adormecer ese sufrimiento. El alcohol se convirtió en una forma de escapar del dolor emocional que sentía.
Con el tiempo, esa espiral la llevó a tocar fondo. Finalmente despertó en un hospital después de una grave crisis de salud mental. En ese momento sentía que lo había perdido todo: su fe, su matrimonio, su identidad y cualquier sensación de estabilidad espiritual.
Un sueño que dejó una huella

Un mes después de la muerte de su padre, Kristen tuvo un sueño muy vívido. En él, su padre apareció y le dijo una sola frase:
“José Smith es un amigo”.
El sueño fue breve, pero poderoso. Kristen no entendía exactamente qué significaba, pero esas palabras quedaron grabadas en su mente. En ese momento no cambió su vida, pero con el tiempo ese recuerdo comenzó a regresar a su corazón.
Pasaron varios años. Durante ese tiempo, Kristen atravesó más dificultades, incluyendo una relación abusiva de la que finalmente logró escapar.
Mientras intentaba reconstruir su vida y cuidar a sus hijos, algo inesperado comenzó a ocurrir. Sus hijos empezaron a expresar el deseo de ser bautizados. Aquello despertó en ella un sentimiento que había permanecido dormido por mucho tiempo: el deseo de volver a casa.

No fue una decisión inmediata ni fácil. Era más bien un anhelo silencioso que poco a poco se hacía más fuerte.
Finalmente, un día Kristen decidió arrodillarse y orar. Habían pasado casi diez años desde la última vez que había tenido una oración sincera. En esa oración le dijo a Dios algo muy simple: que estaba cansada de intentar vivir sola.
Después de esa oración comenzaron a ocurrir cosas que Kristen no podía ignorar. Los misioneros aparecieron en su vida sin que ella los hubiera contactado. Las Escrituras comenzaron a responder preguntas que ni siquiera había expresado en voz alta.
Muchas de las dudas que habían permanecido durante años comenzaron a suavizarse, no necesariamente mediante argumentos intelectuales, sino a través de la influencia del Espíritu. Kristen empezó a aprender algo que había olvidado: cómo confiar nuevamente en Dios.

Poco a poco volvió a estudiar las Escrituras, a orar y a escuchar. Descubrió que la fe no se reconstruye solamente con respuestas académicas, sino con una relación viva con Jesucristo.
Con el tiempo, Kristen tomó la decisión de regresar a la Iglesia. Pero esta vez su fe era diferente.
No era la fe sencilla de su juventud ni una fe basada únicamente en tradición familiar. Era un testimonio reconstruido a través del dolor, la búsqueda y la misericordia de Dios.

A través de sueños, las Escrituras, la historia familiar y muchas experiencias espirituales personales, Kristen sintió que su testimonio se estaba formando nuevamente.
Esta vez era más humilde, más profundo y completamente centrado en Jesucristo. Finalmente, decidió bautizarse otra vez.
No porque su vida se hubiera vuelto fácil, ni porque todas sus preguntas hubieran desaparecido, sino porque había llegado a comprender algo fundamental. Durante todos esos años, incluso cuando ella se había alejado, Jesucristo nunca dejó de buscarla.
Y cuando finalmente decidió volver a Él, encontró nuevamente el camino a casa.
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