Betty Luke ha vivido en Venecia toda su vida, no en Italia, sino en un pintoresco pueblo a solo unos kilómetros de Richfield, Utah. En su casa de montaña, Luke ha pasado casi sus 87 años perfeccionado una destreza que ha llevado a sus hábiles dedos a muchas oportunidades invaluables.

“Me gusta coser, he cosido toda mi vida. Operé máquinas eléctricas, fui gerente de una planta de costura… y tuve un pequeño negocio, donde era la propietaria, de una tienda de tapicería”, dijo Betty Luke en una entrevista con Church News.

Sin embargo, quizá, la mayor aventura de Luke comenzó cuando cerró su tienda después de 40 años de actividad y se quedó con montones de exceso de material. Estos “pequeños restos” la inspiraron a convertir los retazos de tela en hermosos abrigos de invierno, que parecen haber sido confeccionados por profesionales.

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betty luke

Betty Luke encontró un hogar para sus abrigos únicos en el Centro Humanitario Richfield.

“Cuando llevé los abrigos al Centro Humanitario, me dijeron: ‘Oh, tráigalos, los cuidaremos’, así que seguí cosiendo.”

Desde ese día, hace más de 6 años, Betty Luke ha donado 1000 abrigos hechos a mano “todos confeccionados con retazos.”

Todos han sido muy generosos al enviarme pequeños retazos aquí y allá. Disfruto de la buena sensación de producir cosas que otros necesitan”, dijo Betty Luke.

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Sin embargo, el trabajo de Luke no se limita a confeccionar abrigos. Ella y su mejor amiga, Margaret Cowley, junto con otras viudas ancianas en el Barrio Venecia de la Estaca Richfield Utah, hacen de 4 a 5 edredones por semana en el Centro Humanitario.

“Hemos estado invitando a nuestros vecinos y amigos, a todos los que parecen interesados. Habrá un día en el que todos los obispos y el clero vendrán y tomarán todo lo que necesiten y quieran, así que influye directamente en la comunidad”, dijo Cowley.

El día al que se refiere Cowley es una actividad anual por Navidad realizada por el Centro Humanitario Richfield en el que los líderes del clero local vienen a recoger los abrigos, las mantas, los edredones, los juguetes, entre otras cosas, para aquellas personas que lo necesitan.

“Estamos involucrados con seis condados y todas las denominaciones. El Centro Humanitario está abierto para todos, todos están invitados a participar”, dijo Cowley.

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El interior de un abrigo no terminado.

Los abrigos de Betty Luke están en total exhibición durante estos eventos comunitarios. De hecho, un niño amó tanto su abrigo que nadie pudo conseguir que se lo quitara. “Nunca tuvo un abrigo tan bonito”, explicó Cowley.

A pesar del agradecimiento que se siente en la comunidad por el trabajo experto de Luke, ella está mucho más interesada en involucrar a las personas en el voluntariado.

“Los invito a todos. Solo tienen que venir para formar parte de esto”, dijo Luke.

Aunque Cowley ha hecho su parte justa en el trabajo humanitario, no dudó en unirse a los demás y elogiar a Luke.

“Nadie tiene un récord como ella. No escucha muy bien, pero sigue ahí, todas las semanas, siempre hace lo que se necesita hacer… confecciona los abrigos en su casa, no solo en el centro humanitario… siempre hace más de lo que se espera de ella, en todos los aspectos”, dijo Cowley.

Este artículo fue escrito originalmente por Emmy Gardiner y Kaitlyn Brancott, y fue publicado en thechurchnews.com con el título “Nobody’s got a record like she has: How 1 Utah woman made 1,000 coats for humanitarian center.”