Keyson Lucas De Lara tiene 23 años y nació en Paraná, Brasil. Creció en una familia de seis hijos y enfrentó muchas dificultades, pero el evangelio de Jesucristo cambió su vida y le enseñó el verdadero significado del servicio.
Su familia conoció la Iglesia gracias a los misioneros, quienes comenzaron a enseñar a su hermana mayor. En casa sufrían por el alcoholismo de su papá, pero poco a poco encontraron esperanza en el evangelio.
Cuando Keyson cumplió ocho años, decidió bautizarse. Ese día, su papá intentó impedir que salieran de casa, pero su mamá encontró la manera de ayudarlos. Finalmente, Keyson pudo bautizarse y aprendió que seguir a Jesucristo requiere fe, incluso en los momentos difíciles.
Su mamá los crió sola y siempre se esforzó por darles lo necesario. Su ejemplo de fortaleza y perseverancia marcó la vida de Keyson y fortaleció su deseo de servir una misión.
Una misión que cambió su vida

Después de superar algunas dificultades, Keyson recibió su llamamiento para servir en la Misión México Ciudad de México Norte. Allí aprendió español y vivió experiencias que fortalecieron su testimonio.
Una de las más especiales fue conocer a Carlos Beymar. Después de varios intentos por encontrarlo, Keyson y su compañero sintieron que debían visitarlo nuevamente.
Cuando finalmente lo encontraron, Carlos aceptó la invitación a bautizarse. Su familia también comenzó a escuchar las enseñanzas y, con el tiempo, varios de sus integrantes decidieron seguir a Jesucristo.
Ver cómo el evangelio transformaba sus vidas le enseñó que ayudar a una persona a acercarse a Cristo también puede bendecir a toda una familia.
Las dificultades también le enseñaron a servir

A los siete meses de su misión, Keyson desarrolló queratocono, una enfermedad ocular que afectó su visión. Necesitó someterse a dos cirugías y temía tener que regresar a casa.
Gracias al apoyo de su presidente de misión, las oraciones de muchas personas y las bendiciones del Señor, pudo continuar sirviendo.
Durante ese tiempo comprendió que el servicio lo ayudaba a mirar más allá de sus propias dificultades. Mientras ayudaba a otros a encontrar respuestas espirituales, el Señor también fortalecía su fe.
Aprendió que servir no significa ignorar las propias necesidades, sino reconocer que también es posible bendecir a los demás en medio de las pruebas.
Un momento que hizo que todo valiera la pena

Una de las experiencias más emocionantes de su misión fue acompañar a la familia Hernández Sánchez cuando se preparó para sellarse en el templo, después de aproximadamente un año de pertenecer a la Iglesia.
Verlos vestidos de blanco le hizo recordar todas las dificultades que había enfrentado. En ese momento comprendió que cada sacrificio había valido la pena.
También le llena de alegría saber que Marisol, una de las niñas a las que enseñó, ahora se está preparando para servir una misión.
Su historia le recuerda que una decisión de seguir a Jesucristo puede influir en muchas vidas y continuar dando frutos con el paso del tiempo.
Tres lecciones que aprendió durante su misión

Al mirar hacia atrás, Keyson reconoce tres principios que siguen guiando su vida:
- Olvidarse de uno mismo: dejar de centrarse únicamente en los propios intereses y estar dispuesto a ayudar a quienes lo necesitan.
- Servir de todo corazón: no se trata solo de cumplir responsabilidades, sino de amar a las personas y acompañarlas en su progreso espiritual.
- Amar al prójimo: aprender a ver a los demás como hijos de Dios y servirles con amor sincero.
Hoy, Keyson sabe que las familias pueden ser eternas gracias a Jesucristo y a las ordenanzas del templo. Su misión le enseñó que, cuando se pone al Salvador en el centro del servicio, es posible encontrar propósito en las dificultades y bendecir la vida de quienes nos rodean.sacerdocio y ver cómo el evangelio puede transformar vidas y unir familias.
