Nota del editor: Este artículo está escrito con base en el testimonio personal de Nahin Pérez que compartió con Más Fe.
Durante años, Nahin Pérez aseguró que no creía en Dios. Rechazaba las invitaciones de sus amigos para asistir a la Iglesia y jamás imaginó que algún día fuera miembro de alguna iglesia.
Sin embargo, después de atravesar uno de los periodos más dolorosos de su vida, el joven nicaragüense decidió hacer algo que nunca había considerado seriamente: arrodillarse y orar.
Hoy, tras bautizarse en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, comparte cómo aquella experiencia transformó su manera de ver la vida.
Rechazó ir a la Iglesia

Nahin creció considerándose ateo. Aunque tenía curiosidad por saber si Dios existía, nunca sintió la necesidad de investigar sobre religión. Sin embargo, durante su adolescencia, su interés creció cuando estudió inglés en un centro educativo donde muchos de sus compañeros eran miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Con el tiempo se hizo amigo con ellos y comenzaron a invitarlo a actividades de la Iglesia, pero Nahin casi siempre los rechazaba.
Su primer acercamiento al evangelio ocurrió de una manera inesperada: escuchó que le preguntaban a un estudiante a qué estaca pertenecía y, como no sabía qué significaba aquella palabra, pidió una explicación.
Desde entonces, sus amigos aprovecharon diferentes oportunidades para hablarle sobre sus creencias.
En 2023, mientras participaba en una actividad de servicio comunitario con los Scouts de Nicaragua, también conoció a unos misioneros que estaban ayudando en el mismo lugar que él. Así que conversó con ellos, pero todavía no tenía intenciones de unirse a la Iglesia.
La pérdida que casi termina con su vida

En 2024, Nahin sufrió dos pérdidas que lo afectaron profundamente. Primero, la organización de los Scouts de Nicaragua, que consideraba su segunda familia, fue disuelta por el gobierno perdiendo así un espacio donde había construido fuertes amistades.
Meses después, el 24 de octubre de 2024, falleció su mejor amigo de la infancia.
Nahin, quien tenía formación como paramédico y realizaba voluntariado en la Cruz Blanca, fue enviado a atender una emergencia sin saber que la persona herida era precisamente su amigo.

Tuvo que participar en su atención y traslado al hospital, una de las experiencias más dolorosas para él. Sin embargo su amigo falleció lo cual hizo que su salud emocional se deteriora gravemente.
Debido a eso, Nahin se aisló de sus amigos, dejó de disfrutar actividades que antes amaba y atravesó una depresión profunda, acompañada de autolesiones e intentos de suicidio.
Con el tiempo recibió atención terapéutica y posteriormente intentó recuperar algunas de sus rutinas, pero todavía sentía que algo faltaba en su vida.
Dios, no sé si eres real, pero dame una señal

Una noche de abril de 2026, Nahin estaba acostado en su habitación, a oscuras, sintiendo miedo de volver a caer en el estado emocional del que tanto le había costado comenzar a salir. En medio de aquella desesperación, se arrodilló junto a su cama.
Por primera vez, decidió dirigirse sinceramente a Dios, cuya existencia aún no estaba seguro de creer y oró diciendo:
“Dios, yo no sé si eres real, yo no sé si me estás escuchando, pero si eres real y realmente puedes escucharme, quiero que me des una señal de lo que debo hacer, porque yo ya no encuentro qué hacer con mi vida”.
Después de llorar durante un largo rato, tomó su celular, abrió TikTok y notó que su página de recomendaciones, que normalmente mostraba contenido sobre deportes y literatura, comenzó a llenarse de videos relacionados con Jesucristo, el Libro de Mormón y la Iglesia de Jesucristo. Entre ellos, comenzó a aparecerle contenido de Más Fe.

Nahin se sorprendió por ese contenido inusual e intentó reiniciar su página, pero continuó encontrando videos similares. Entonces cerró los ojos y se preguntó si aquello era la respuesta que había pedido.
“Sentí algo en el pecho, una sensación de paz y tranquilidad tan grande que por un momento dejé de pensar en todo aquello que me estaba haciendo sentir mal”, recordó.
En ese instante decidió asistir a la Iglesia.
El primer domingo que llegó a la Iglesia

Eran aproximadamente las cinco de la mañana cuando Nahin buscó los horarios de las reuniones sacramentales. Antes de dormir, pidió a Dios que lo ayudara a despertarse temprano para poder asistir. No puso ninguna alarma, pero asegura que se despertó por sí solo a las 8:15, se preparó y se dirigió hacia la Iglesia.
Aunque tuvo dificultades durante el trayecto y terminó llegando tarde, decidió continuar. Entró nervioso, sin saber cómo comportarse ni qué esperar. Mientras escuchaba el discurso del obispo, unos misioneros se acercaron y se sentaron a su lado.
Al terminar la reunión sacramental, los antiguos compañeros de inglés de Nahin, algunos amigos suyos e incluso algunos vecinos se acercaron a él, lo saludaron con cariño y expresaron su alegría al verlo allí.
“Había llegado pensando que iba a estar completamente solo y que probablemente nadie me conocía, pero resulta que conocía a muchísima gente”, contó.
Aquella bienvenida hizo que quisiera regresar.
El día de su bautismo llegó en corto tiempo

El 3 de mayo de 2026, Nahin se bautizó y se convirtió en miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Esa misma noche acompañó a los misioneros a visitar a un amigo que también deseaba bautizarse, pero necesitaba la autorización de sus padres por ser menor de edad.
Nahin conversó con la madre del joven, quien finalmente firmó el permiso y concertaron una fecha bautismal. Para él, ayudar a otra persona apenas unas horas después de su propio bautismo fue muy especial.
Actualmente, Nahin practica y enseña taekwondo, una disciplina en la que ha obtenido numerosas medallas y reconocimientos. Sin embargo, asegura que sus prioridades han cambiado.
“Mi mayor logro no necesariamente está colgado en una pared ni guardado entre mis trofeos, sino que es haber llegado a esta Iglesia, haber conocido más de Jesucristo y haber encontrado algo que durante muchísimo tiempo no sabía que necesitaba”.
Ahora Nahin se encuentra preparando su carpeta misional y solo le falta un examen médico para poder enviarla. Su deseo ahora es dedicar dos años a compartir el evangelio, tal como los misioneros con los que convive.
Yo era exactamente esa persona

Con todo esto, Nahin reconoce que todavía enfrenta días difíciles e incluso tuvo que lidiar con la oposición de parte de su familia a su decisión de unirse a la Iglesia. Sin embargo, asegura que encontró una comunidad que lo recibió con un cariño y calidez incluso más fuertes que en su hogar.
Al recordar todas las invitaciones que rechazó durante años, Nahin expresa:
“Creo que nunca deberíamos dar por perdida a una persona simplemente porque no quiere escuchar o porque dice que no cree en Dios. Porque yo era exactamente esa persona”.

Su historia nos recuerda que una sencilla invitación puede adquirir significado mucho tiempo después. Sus amigos no sabían si Nahin aceptaría acompañarlos a la Iglesia algún día y él tampoco lo imaginaba, pero hoy, luego de episodios fuertes en su vida, aprendió a sentir el Espíritu y ahora sueña con la ilusión de compartir el evangelio que lo salvó.
“Si durante mi misión consigo ayudar aunque sea a una persona a encontrar una pequeña parte de aquella paz que yo sentí cuando llegué por primera vez a la Iglesia, creo que todo habrá valido la pena”, expresa Nahin.
Para Nahin, unirse a la Iglesia de Jesucristo fue pasar de sentirse perdido y aislado a encontrar una comunidad y nuevas razones para mirar hacia el futuro. Imagina el gran impacto que pudieras lograr en la vida de alguien si te animas a compartir tu fe. ¿A quién puedes invitar a la Iglesia? Ora a Dios y vé por esa persona.
