Vivimos en una época donde hablar de religión puede convertirse rápidamente en un debate. Basta una publicación en redes sociales, una opinión diferente o una conversación incómoda para que aparezcan las divisiones.
Sin embargo, un líder de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días recordó recientemente que la mejor manera de proteger nuestra fe no es ganando discusiones, sino construyendo relaciones.
Durante una conferencia sobre libertad religiosa realizada en la Universidad Brigham Young, el élder Robert M. Daines, Autoridad General Setenta, compartió una reflexión que llamó la atención de muchos por su claridad y relevancia.
La fe se demuestra en cómo tratamos a los demás

El élder Daines comenzó mencionando una caricatura humorística donde un hombre llega al cielo y escucha estas palabras:
«Sí, creíste en Dios. Pero te saltaste la parte de tratar bien a las personas.»
Aunque provocó risas entre los asistentes, el mensaje detrás de la broma era serio.
Según el élder Daines, el futuro de la libertad religiosa dependerá menos de las leyes y más de la manera en que los creyentes se relacionen con quienes piensan diferente.
En otras palabras, no basta con defender nuestros derechos. También debemos demostrar, mediante nuestras acciones, que nuestra fe nos convierte en personas más amables, más respetuosas y más dispuestas a tender puentes.
Los discípulos de Cristo están llamados a ser pacificadores

Vivimos en una cultura que muchas veces premia la confrontación. Las redes sociales suelen amplificar las diferencias y convertir cualquier desacuerdo en una batalla.
Sin embargo, el evangelio enseña otro camino.
Jesucristo nunca invitó a Sus discípulos a humillar a quienes no compartían sus creencias. Los invitó a amar, servir y ministrar.
El élder Daines explicó que la libertad religiosa necesita más que abogados y debates públicos. Necesita personas que estén dispuestas a escuchar, comprender y mostrar respeto incluso cuando existan diferencias profundas.
La verdadera influencia espiritual nace cuando los demás pueden ver en nosotros el carácter de Cristo.
El ejemplo del presidente Oaks

Para ilustrar este principio, el élder Daines compartió una experiencia personal ocurrida cuando estudiaba Derecho en Nueva York.
Durante una conversación conoció a un reconocido abogado que tenía posturas muy distintas a las enseñanzas de la Iglesia en varios temas importantes. Sin embargo, al enterarse de que Daines había estudiado en BYU, le preguntó si conocía al presidente Dallin H. Oaks.
A pesar de las diferencias ideológicas, aquel hombre expresó una profunda admiración por la integridad, inteligencia y bondad del presidente Oaks.
Para el élder Daines, aquella experiencia fue una lección valiosa. Las personas pueden no compartir nuestras creencias, pero aun así pueden reconocer la bondad, el respeto y la honestidad con que vivimos nuestra fe.
La amistad protege la libertad religiosa

Uno de los mensajes más profundos de la conferencia fue que las leyes, por sí solas, no garantizan el futuro de la libertad religiosa. Las comunidades religiosas prosperan cuando sus vecinos las respetan y valoran su presencia.
Por eso, la amistad, la empatía y el respeto mutuo son mucho más importantes de lo que solemos imaginar.
Cuando las personas conocen a miembros de la Iglesia que sirven, ayudan, escuchan y muestran amor sincero, es más fácil que comprendan el valor de la fe y el papel positivo que puede tener en la sociedad.
En una época marcada por la polarización, los discípulos de Jesucristo tienen la oportunidad de destacarse por algo distinto.
Al final, una de las evidencias más convincentes de nuestra fe será siempre la manera en que tratamos a los demás.La amistad abre puertas que los argumentos jamás podrán abrir.
Fuente: Deseret News
