Después de seis o siete años sin asistir regularmente a la Iglesia de Jesucristo, Litzy Daneth tomó una decisión que durante meses había estado rondando en su mente: volver. Pero lo más curioso es que lo hizo de sorpresa, sin avisar a nadie.
«Voy sin invitación. No contacté a nadie», contó Litzy mientras se arreglaba para asistir nuevamente a la Iglesia.
La razón era sencilla: quería que esa decisión fuera completamente suya. No quería sentir presión ni comprometerse antes de saber cómo se sentiría al regresar.
«Quiero ir porque yo realmente lo deseo», explicó.
Y aunque tenía muchas ganas de volver, también tenía nervios. Habían pasado años desde la última vez que había estado activa y ya no era la adolescente que recordaba aquella etapa de su vida. Ahora tenía esposo, una hija, una familia y una pregunta crucial: ¿seguiría sintiéndose parte de la Iglesia?
«Tengo miedo de no encajar»

Mientras se preparaba para salir, Litzy reconoció, en un reel de Instagram, que una de sus mayores preocupaciones era precisamente esa.
«Mi otra parte tiene miedo de no encajar ahí. Ya no soy una adolescente, ya tengo familia, ya tengo una hija», dijo.
Habían pasado suficientes años como para que muchas cosas pudieran haber cambiado. Incluso preguntó cómo funcionaban actualmente las reuniones y qué opciones había para los niños, porque recordaba que cuando asistía anteriormente existía una guardería.
Pero más allá de los cambios externos, su deseo de volver a experimentar lo que alguna vez había encontrado en la Iglesia permaneció. Litzy explicó que llevaba varios meses con esa inquietud. Una especie de necesidad interior que no había podido ignorar.
Ese día, después de consultar de manera anónima en grupos de Facebook para conocer el horario de las reuniones, decidió hacerle caso a sus sentimientos.
«Decidí hacerle caso a mi corazonada el día de hoy. No aguantarme más este sentimiento o esta necesidad de querer ir», contó.
Su esposo también apoyó su decisión y así, casi de manera improvisada, Litzy se arregló, tomó su bolso y salió rumbo a la Iglesia.
Volver después de tantos años

Los nervios no desaparecieron de inmediato. Incluso mientras se preparaba, reconocía que no sabía exactamente qué iba a encontrar. No conocía a los miembros de esa congregación y tampoco sabía cómo sería regresar después de tantos años. Pero había algo que sí tenía claro.
«Tengo clarísimo que Dios existe», afirmó.
Precisamente por eso, explicó que no quería tomar su regreso a la Iglesia a la ligera. Para Litzy, volver a la Iglesia no era simplemente asistir un domingo y olvidarse después.
«Quiero ver cómo me siento, ¿saben?, si me siento a gusto y encuentro esa paz que en mi interior necesito», dijo.
Su intención era descubrir cómo se sentía nuevamente en ese ambiente y, sobre todo, escuchar lo que ocurría dentro de ella.
Un primer domingo lleno de nervios

Después de aquel primer regreso, Litzy continuó asistiendo. En otro reel compartió que ya estaba viviendo su tercer domingo de regreso a la Iglesia.
«Si hace un mes me hubieran dicho que iba a estar haciendo esto otra vez, probablemente no lo habría creído. Pero aquí estamos», comentó.
Habían pasado siete años desde que había dejado de ser una miembro activa y ahora estaba nuevamente asistiendo cada domingo. Y, para su propia sorpresa, estaba feliz.
«Puedo decir que después de 7 años de no ser miembro activo, realmente me siento muy feliz», dijo.
Eso no significa que todo fuera sencillo. De hecho, reconoció que una de las partes más difíciles durante su regreso fue acostumbrarse a levantarse temprano. Sin embargo, ya llevaba tres domingos cumpliendo con su decisión de llegar temprano a las reuniones.
En tono divertido, contó que probablemente su esposo tenía dudas de que pudiera mantener el hábito, porque normalmente ella se levantaba mucho más tarde. Pero la realidad estaba siendo diferente. Tres domingos después, Litzy siguió asistiendo a la Iglesia.
«Pude sentirme en casa»

Uno de los momentos más significativos sobre el regreso de Litzy a la Iglesia llegó cuando alguien en Instagram le preguntó directamente cómo le había ido. Y Litzy respondió así:
«Me fue muy bien, a pesar de no conocer a ningún miembro de la iglesia, me enfoqué en lo realmente importante y pude sentirme en casa».
Esa frase resume buena parte de su experiencia. A pesar del tiempo transcurrido, Litzy todavía pudo encontrar en la Iglesia un lugar donde sentirse en paz.
Así vemos que no todos los regresos a la Iglesia comienzan con una invitación. En el caso de Litzy, comenzó con una corazonada y con el deseo de volver a encontrar paz. Siete años después, ella volvió a cruzar las puertas de la Iglesia. Y, según sus propias palabras, pudo sentirse en casa.
