En una ocasión el élder Neil L. Andersen se sentó con su hijo para hablar de fe, familia y lo que realmente implica servir como apóstol de Jesucristo.
Fue una conversación directa, sin filtros en la que dejaba claro que seguir a Cristo no es cómodo, pero sí profundamente significativo.
Estar con las personas en sus momentos más difíciles

Cuando se le preguntó cuál es la parte más difícil de su llamamiento le respondió que acompañar a personas en momentos de dolor.
Curiosamente el élder no habló de agendas apretadas o la presión pública. Estar cara a cara con alguien que está pasando por pruebas reales era lo que verdaderamente hacía su llamamiento más difícil.
Lo más difícil también puede ser lo más valioso cuando se vive con propósito espiritual.
Servir a otros en sus momentos más vulnerables revela la fe real de las personas.
En ese contacto directo, el élder Andersen explicó que ha visto que la mayoría de las personas quieren hacer el bien, aman a su familia y están dispuestas a ayudar.
Su experiencia nos demuestra que esas acciones son parte de la naturaleza divina que todos compartimos.
La fe no aparece sola, se desarrolla

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
En la conversación surge otra pregunta clave. De dónde viene la fe.
La respuesta no apunta a experiencias extraordinarias. Va hacia decisiones diarias. La fe no es algo que simplemente se tiene, es algo que se construye.
El élder Andersen la describe como un músculo espiritual. Se fortalece cuando se usa. Cuando una persona decide orar, estudiar las Escrituras o acercarse a Dios incluso sin tener todas las respuestas, está desarrollando esa fe.
Hay un punto importante aquí. La fe comienza como una decisión antes de convertirse en una convicción. No espera condiciones perfectas. Crece cuando alguien elige confiar, incluso en medio de la duda.
Volver a creer también es posible

No todos parten del mismo lugar ya que algunos sienten que su fe se ha debilitado o que nunca la tuvieron realmente.
El consejo a su hijo fue que es necesario hacer cosas que antes no se hacían. Como por ejemplo, orar y leer las Escrituras. Requiere esfuerzo, pero hay una promesa implícita sobre que la fe puede renovarse cuando hay disposición real de buscar a Dios.
En medio de la conversación, apareció otro principio que sostiene todo lo anterior, la humildad.
El élder Andersen reconoce que, para seguir creciendo espiritualmente, necesitaba escuchar más y hablar menos. La humildad abre espacio para que Dios enseñe. Sin ella, incluso la experiencia o el conocimiento pueden volverse un obstáculo.
Además, el reconocimiento o la admiración pueden desviar el enfoque si no se manejan con cuidado. Por eso, la humildad es esencial.
La responsabilidad central de un apóstol

Después de más de una década como apóstol, su enfoque sobre hablar de Jesucristo no ha cambiado.
Él testifica que Él vive, que es el Salvador y que, gracias a Él, todos resucitaremos.
Entre tantas responsabilidades, todo en el Evangelio apunta a Jesucristo y hay principios que se repiten porque funcionan.
Las personas enfrentan pruebas, la fe se construye, la humildad es necesaria y Cristo es el centro.
Servir a Dios implica esfuerzo real, pero también trae una claridad que no se encuentra en otro lugar.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
