Hay algo curioso sobre Satanás. Mucha gente lo imagina como un personaje exagerado de películas de terror, mientras otros prefieren pensar que ni siquiera existe. Pero las Escrituras hablan de un ser real que busca alejarnos de Dios de maneras mucho más sutiles de lo que a veces imaginamos.
No siempre aparece en decisiones enormes o momentos extremos. Muchas veces trabaja en cosas pequeñas como distracciones e ideas que parecen inofensivas hasta que poco a poco nos alejan de lo que antes sentíamos cerca.
El problema es que, si creemos que la tentación siempre será obvia, probablemente no la detectaremos cuando llegue de forma tranquila.
La estrategia del adversario rara vez es escandalosa

En el Libro de Mormón se enseña que Satanás “susurra” hasta que logra sujetar a las personas con sus cadenas (2 Nefi 28:22). Esa imagen es importante porque muestra que su influencia suele ser progresiva.
A veces nos hace pensar que algo “no tiene nada de malo”. Otras veces intenta distraernos tanto que dejamos de buscar momentos espirituales reales.
También puede convencernos de que rendirse es más fácil o que somos demasiado imperfectos para acercarnos a Dios otra vez.
Pero el evangelio enseña que Cristo nunca ha trabajado alejando personas de Él. Siempre las invita a regresar.
Satanás no puede obligarnos

El profeta Joseph Smith enseñó que el diablo no tiene poder para forzarnos a pecar. Puede tentar, engañar o persuadir, pero no controlar nuestra decisión.
Eso significa que todavía tenemos albedrío y que podemos escoger o detenernos antes de cruzar ciertas líneas.
Y aunque a veces sentimos presión del mundo, la verdad es que ninguna tendencia cultural tiene más poder que nuestra capacidad de elegir a Cristo.
Recordar quiénes somos cambia la batalla

Uno de los momentos más interesantes de las escrituras ocurre cuando Satanás intenta tentar a Moisés. Primero trata de disminuir su identidad llamándolo “hijo de hombre”. Pero Moisés responde recordando algo más importante.
Él era un hijo de Dios. La tentación suele ser más fuerte cuando olvidamos nuestro valor espiritual.
Cuando una persona empieza a verse solamente como “alguien que falla”, “alguien débil” o “alguien que nunca cambia”, es más fácil que termine actuando como cree que es.
Por eso el evangelio constantemente nos recuerda que somos hijos e hijas de Padres Celestiales y que fuimos creados con propósito. Aunque vivimos en un mundo lleno de confusión, nuestra naturaleza espiritual sigue ahí.
No todo lo popular es espiritualmente seguro

Hoy vivimos rodeados de contenido como series, música, conversaciones, redes sociales y tendencias que consumimos casi sin pensar. Debemos pensar:
¿Esto me acerca a Cristo o me aleja de Él?
Moroni enseñó que todo lo que persuade a hacer el bien y creer en Cristo viene de Dios. Lo que persuade al mal o aleja de Él, no.
A veces queremos listas exactas para todo, pero el Señor también espera que aprendamos a discernir espiritualmente.
Hay contenidos que quizá el mundo considera normales, pero que dejan nuestra mente pesada, vacía o menos sensible al Espíritu Santo. La influencia espiritual de algo importa más de lo que aparenta.
Huir de la tentación también es madurez

En ocasiones pensamos que ser fuertes espiritualmente significa resistir cualquier ambiente sin problema. Sin embargo, la verdadera fortaleza consiste en alejarnos antes de caer.
José en Egipto entendió esto perfectamente cuando huyó de la esposa de Potifar. No se quedó negociando con la tentación o trató de “probar qué tan fuerte era”, simplemente salió de ahí.
A veces necesitamos apagar algo como tomar distancia de ambientes tóxicos y dejar conversaciones que sabemos que nos afectan espiritualmente.
Quizá otros lo vean exagerado, pero proteger nuestra paz espiritual nunca será una exageración.
Cristo ya ganó esta batalla

El presidente Russell M. Nelson ha enseñado repetidamente que la seguridad espiritual viene de permanecer cerca del Salvador y hacer convenios con Él.
Por eso vencer la tentación no se trata solamente de “evitar cosas malas”. Se trata de acercarnos más a Cristo todos los días.
Podemos orar con intención, escuchar al Espíritu Santo y llenar nuestra vida de luz. Permanecer cerca del Señor incluso cuando todavía estamos aprendiendo.
Porque nadie tiene que pasar las pruebas solo, y gracias a Jesucristo, nunca tenemos que hacerlo.
Fuente: Leading Saints
