A veces pensamos que para aceptar un llamamiento importante primero debemos tener resueltos todos los aspectos de nuestra vida: estabilidad económica, experiencia o los recursos necesarios. Sin embargo, el Señor muchas veces obra de otra manera.

La historia de Giovanni Dicarolo, el primer presidente de estaca de Puglia, Italia, demuestra que cuando Dios llama a alguien a servir, también prepara el camino para que pueda hacerlo.

Un llamamiento que parecía imposible

Imagen: Meridian Magazine

En 1997, Giovanni Dicarolo servía como consejero en la presidencia de misión cuando recibió una noticia inesperada: sería llamado como el primer presidente de estaca de la región de Puglia, en el sur de Italia.

Hasta ese momento solo existían unas pocas estacas en el país, por lo que este era un paso importante para el crecimiento de la Iglesia.

Aunque había servido fielmente durante años, la noticia no le dio seguridad, sino preocupación.

«No pensaba que podían llamarme», recordó tiempo después. 

Estaba acostumbrado a que los presidentes de misión dirigieran la obra y sentía que no tenía la preparación suficiente para asumir una responsabilidad tan grande.

Durante los primeros meses recurrió muchas veces al entonces presidente del Área Europa, el élder Dieter F. Uchtdorf, para pedir consejo y orientación. Sabía que necesitaba aprender, pero también estaba dispuesto a hacerlo.

El problema no era el llamamiento

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Había otro desafío que lo inquietaba aún más, su situación económica era complicada. No tenía un empleo estable y, para evitar deudas, había tomado una decisión difícil: vender su automóvil.

Pero como presidente de estaca tendría que recorrer largas distancias para visitar las unidades de la Iglesia.

Cuando el élder Uchtdorf conoció la situación, le dijo algo que nunca olvidaría:

«No sé cómo lo harás, pero de alguna manera debes conseguir un auto. No me preguntes cómo, porque no lo sé. El Señor proveerá«

Aquellas palabras parecían sencillas, pero para Giovanni eran casi imposibles de imaginar.

Cuando el Señor conoce los detalles

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Poco después comenzaron a ocurrir cosas inesperadas. Familiares, incluso algunos que no eran miembros de la Iglesia, decidieron ayudarlo económicamente y logró reunir alrededor de cinco mil dólares.

Era un gran avance, pero todavía estaba muy lejos de lo que necesitaba.

Encontró un vehículo adecuado para el servicio que debía realizar y el concesionario le ofreció un préstamo sin intereses por diez mil dólares. Sin embargo, entre impuestos y otros gastos todavía le faltaban aproximadamente 1.700 dólares.

Pensó que ese último monto sería imposible de conseguir. Entonces recibió una llamada inesperada. Un amigo suyo, profesor de la Universidad Brigham Young y geólogo de profesión, estaba de visita en Italia y quería verlo.

Cuando se encontraron, el amigo le entregó un sobre y solo le dijo:

Tuve un sueño en el que sentí que debía darte esto. Ábrelo cuando llegues a casa.

Giovanni esperó hasta regresar, cuando abrió el sobre encontró un cheque.

La cantidad era exactamente la que necesitaba para completar la compra del automóvil. Para él fue una confirmación de que el Señor conocía su necesidad mucho antes de que él supiera cómo resolverla.

Poco tiempo después también consiguió estabilidad laboral, lo que le permitió servir sin la preocupación constante por las deudas.

Los milagros no terminaron ahí

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Durante los años que presidió la estaca, Giovanni fue testigo de muchas experiencias, una de las que más recuerda ocurrió con un joven de la estaca que estudiaba en la Universidad Brigham Young. 

Debido a una enfermedad grave tuvo que regresar a Italia. Los médicos le habían dicho que su esperanza de vida sería corta y que probablemente nunca podría casarse. 

Cuando el élder John K. Carmack, entonces Autoridad General Setenta, visitó la estaca, pidió darle una bendición del sacerdocio.

Giovanni sirvió como intérprete durante esa bendición. En ella, el élder Carmack prometió que el joven podría casarse y formar una familia, siempre que permaneciera fiel al Señor.

Las promesas parecían ir en contra de todo pronóstico médico, pero un año después, ese joven contrajo matrimonio. Aunque continuó enfrentando su enfermedad, las promesas del sacerdocio se cumplieron exactamente como habían sido pronunciadas.

Dios también está en los pequeños detalles

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Al recordar su servicio, Giovanni asegura que presenció muchos milagros entre los Santos de los Últimos Días en Italia.

No todos fueron acontecimientos extraordinarios. Muchos fueron respuestas personales, oportunidades inesperadas y pequeñas manifestaciones del amor de Dios que llegaron justo cuando alguien las necesitaba.

Su historia recuerda que el Señor no solo dirige Su Iglesia; también conoce las circunstancias de quienes aceptan servirle.

A veces la respuesta no llega de inmediato. Otras veces aparece por medio de personas, oportunidades o impresiones que parecían imposibles de prever.

Pero cuando actuamos con fe, Dios puede convertir nuestras limitaciones en una oportunidad para demostrar que Él sigue guiando a Sus hijos, incluso en los detalles que parecen más pequeños.

Fuente: Meridian Magazine 

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