Cuando comenzaron a trabajar en la construcción del Templo de Harare, en Zimbabue, probablemente pensaban que sería solo otro empleo. Pero para varios obreros, ese lugar terminó cambiando mucho más que su rutina diaria.

Mientras ayudaban a levantar la primera casa del Señor en el país, también comenzaron un camino personal hacia el Evangelio de Jesucristo. Algunos conocieron a los misioneros en el mismo sitio de construcción. Otros escucharon por primera vez sobre el templo mientras instalaban sistemas de agua, movían materiales o trabajaban en los jardines.

Ahora, después de la dedicación del templo en marzo de 2026, varios de ellos ya recibieron sus propias ordenanzas en el mismo edificio que ayudaron a construir.

Construyó sistemas de agua y encontró “agua viva”

Kilford Shereni, segundo desde la izquierda, y Reginald Magocha, a la derecha, posan para una foto con Bruce y Elizabeth Anderson frente al Templo de Harare, Zimbabue, después de su dedicación el 1.º de marzo de 2026 en Harare, Zimbabue. Créditos: Elizabeth Anderson. Imagen: Church News

Uno de ellos es Kilford Shereni, quien trabajó instalando sistemas de riego y aspersión en los jardines del templo.

Su historia comenzó en noviembre de 2023, cuando escuchó sobre el proyecto del templo y empezó a trabajar en el terreno. Poco tiempo después, misioneros comenzaron a enseñarle allí mismo.

Con el paso de las semanas, Shereni explicó que las enseñanzas sobre Jesucristo y el propósito del templo despertaron en él una sensación de paz y propósito que no había sentido antes.

Lo que empezó como un trabajo terminó convirtiéndose en una experiencia espiritual profundamente personal.

Fue bautizado en septiembre de 2024 y, apenas dos días después de la dedicación del templo, recibió su investidura en la misma casa del Señor donde había trabajado durante meses.

“Sentí una profunda paz y cercanía con Dios”, compartió Shereni.

También dijo que entrar al templo tuvo un significado aún más especial al saber que él mismo había ayudado a prepararlo.

Para él, no era simplemente un edificio terminado. Era un lugar sagrado donde ahora también hacía convenios con el Señor.

El templo se convirtió en un lugar de conversión

Kilford Shereni, al centro, hace una pausa en su trabajo en los terrenos del Templo de Harare, Zimbabue, para unirse a las hermanas misioneras que estaban recogiendo basura, para una foto el 19 de noviembre de 2024. Créditos: Elizabeth Anderson. Imagen: Church News

Los misioneros que enseñaron a Shereni todavía recuerdan claramente su proceso de conversión. Loryn Stoddard, una de las hermanas misioneras que lo enseñó, contó que desde el principio notó en él un deseo sincero de aprender sobre Jesucristo.

Según explicó, el templo despertó preguntas importantes en muchos trabajadores del lugar. Querían entender por qué ese edificio era tan diferente y qué ocurría dentro.

Mientras aprendían sobre el Evangelio restaurado, varios comenzaron a desarrollar testimonios propios.

Los matrimonios misioneros Bruce Anderson y Elizabeth Anderson también compartieron el Libro de Mormón con varios obreros. Bruce Anderson recordó que muchos quedaron profundamente impactados al leer sobre la visita de Jesucristo a las personas en el continente americano después de Su resurrección.

El mensaje del Salvador y Su ministerio personal tocaron el corazón de personas que originalmente solo habían llegado allí para trabajar.

De trabajador de construcción a “cada miembro un misionero”

Kilford Shereni, a la izquierda, está afuera del Templo de Harare, Zimbabue, el día en que entró a la casa del Señor, el 3 de marzo de 2026, y está acompañado por Bruce Anderson, al centro, y el obispo Evans Chitiyo del Barrio Harare en Harare, Zimbabue. Créditos: Elizabeth Anderson. Imagen: Church News

Otra historia que llamó la atención fue la de Reginald Magocha. Él comenzó trabajando como conductor para la empresa encargada de la construcción del templo, mientras su hermano supervisaba parte del trabajo en el lugar.

Con el tiempo, también conoció a los misioneros, aceptó el Evangelio y fue bautizado.

Después de unirse a la Iglesia, comenzó a compartir activamente el Evangelio con familiares, amigos y vecinos junto a su esposa, Eunice. Según los misioneros, más de 35 personas cercanas a ellos ya fueron bautizadas gracias a su ejemplo y esfuerzo.

Además, dos familias relacionadas con ellos ya fueron selladas en el templo. El Evangelio no solo transformó su vida personal. También comenzó a bendecir a toda su familia y comunidad.

La primera casa del Señor en Zimbabue ya está bendiciendo vidas

El Templo de Harare, Zimbabue, en la noche del viernes 27 de febrero de 2026, en Harare, Zimbabue. Créditos: Jeffrey D. Allred. Imagen: Deseret News

El Templo de Harare fue dedicado el 1 de marzo de 2026 por el élder Gerrit W. Gong y se convirtió en la primera casa del Señor en Zimbabue.

Desde entonces, muchos miembros han podido recibir ordenanzas del templo sin tener que viajar largas distancias a otros países.

Pero historias como las de Shereni y Magocha muestran que a veces el Señor empieza Su obra en maneras simples. Y poco a poco, esas pequeñas experiencias terminan llevando a personas y familias completas hacia convenios eternos.

Hoy Shereni continúa trabajando en los jardines del templo, cuidando árboles, flores y senderos alrededor de la casa del Señor. Mientras observa ese lugar terminado, piensa:

“Ahora realmente sé que la palabra de Dios es buena para mí”, expresó Reginald Magocha.

Para varios de ellos, el templo también fue el lugar donde comenzaron a construir una nueva vida con Jesucristo.

Fuente: Church News 

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