En sus momentos de silencio, Cambrie Taylor recuerda su camino. Por eso, hoy reconoce la mano de Dios en su vida, incluso cuando intentó alejarse.
«Siempre sentí que Él me buscaba, que estaba ahí apoyándome».
Al principio, Cambrie creció en Arizona dentro de una familia de la Iglesia. Tuvo una infancia feliz junto a sus cinco hermanos. De hecho, ella recuerda esa etapa como la más hermosa del mundo. Sin embargo, todo se desmoronó muy rápido.
El quiebre empezó cuando su familia se mudó a San Tan Valley. Por lo tanto, llegar a un lugar nuevo y sin amigos fue muy duro. En medio de la soledad, entonces, se refugió en las Mujeres Jóvenes. Así, las actividades eran lo único que la mantenían a flote.

Con el tiempo, esa devoción se convirtió en una fachada. Cambrie asistía a las reuniones solo para buscar aprobación. Además, al llegar a la preparatoria, su entorno se volvió más oscuro. A causa de esto, y con la pandemia, se alejó por completo.
Luego, buscó respuestas en el misticismo, los cuarzos y las energías. Intentaba convencerse de que Dios no existía. A pesar de esto, en el fondo sabía que esa vida no era la suya.
Por fortuna, el gran cambio llegó en 2021 al enterarse de que sería mamá. El embarazo de su primer hijo, Jadrian Jr., fue su gran epifanía. Por consiguiente, tuvo que reordenar su vida y pensar en el futuro.

En ese momento, todos los recuerdos de su infancia regresaron. Recordó su deseo de sellarse en el templo. Asimismo, supo que debía ser un buen ejemplo para su bebé. Por esta razón, necesitaba alejarse del alcohol que la separaba de Dios.
«En mi alma, en mi espíritu, nunca pude dudar de las experiencias que había tenido en la Iglesia. Nunca pude dudar de mi testimonio».
Entonces, decidida a cambiar, regresó a las reuniones. Su transformación fue tan real que también inspiró a su novio, Jadrian. Por este motivo, él comenzó a acompañarla y recibió a los misioneros.
Jadrian quedó fascinado con el mensaje. Finalmente, la pareja se casó a finales de 2022 y él se bautizó en marzo de 2023.

No obstante, la prueba de fuego llegó en septiembre de 2024 con su segundo bebé, Booker. Casi al mismo tiempo, su esposo entró al ejército. Por ello, él se preparó para partir a Georgia a inicios de febrero de 2026.
De este modo, Cambrie se vio ante el reto de criar a dos niños muy pequeños ella sola. En lugar de rendirse, decidió apoyarse por completo en el Señor. Por lo tanto, dejó atrás cualquier distracción y se enfocó en el templo.
«Sabía que iba a tener que apoyarme en Dios en cada sentido. El café o cualquier error no valen la pena. Necesito sentir Su bondad».
En conclusión, Cambrie sigue adelante con fe. Siente que su corazón está entregado al Evangelio y a la paz que trae a su vida.
Fuente: Church News
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