Cuando comenzó la temporada, pocos creían que el Alba Berlín pudiera competir por el título de la liga profesional de baloncesto de Alemania. Mucho menos que terminaría levantando el campeonato.
Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió, y uno de los protagonistas de esa historia fue Justin Bean, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, quien además fue reconocido como el Jugador Más Valioso (MVP) de las Finales.
Pero para Bean, el mayor logro de estos años en Europa no ha sido únicamente ganar un campeonato. También ha sido comprobar que el Señor puede bendecirnos y guiarnos sin importar en qué parte del mundo nos encontremos.
Un camino que comenzó con muchas dudas

En 2023, después de jugar en la G League y participar en la Summer League con los Boston Celtics, Justin Bean recibió la propuesta inesperada de firmar un contrato de tres años con Alba Berlín.
Era su primera experiencia jugando fuera de Estados Unidos y llegaba a un país completamente nuevo, con otro idioma, otra cultura y una liga altamente competitiva.
Los primeros años no fueron sencillos; el equipo acumuló derrotas y los resultados estuvieron lejos de lo que esperaban. Aun así, Bean decidió seguir trabajando.
En lugar de enfocarse únicamente en los resultados, aprovechó ese tiempo para crecer como jugador y adaptarse a una nueva realidad. Con el paso de las temporadas, ese esfuerzo comenzó a dar frutos.
Una final que nadie esperaba

La gran prueba llegó en las finales del campeonato alemán frente al poderoso FC Bayern Munich.
En el quinto y último partido de la serie, Alba Berlín llegó al descanso perdiendo por 20 puntos en un estadio completamente volcado a favor del rival; parecía imposible cambiar el resultado.
Antes de regresar a la cancha, el entrenador solo les dijo que deberían jugar sin arrepentimientos y dejarlo todo hasta el último segundo.
El equipo respondió con una remontada histórica y terminó imponiéndose 84-81, una victoria que muchos medios ya conocen como «El Partido Milagroso».
Bean terminó el encuentro con 18 puntos, 12 rebotes y 5 asistencias, actuación que le valió el premio al MVP de las Finales.
La familia y el Evangelio, parte de la experiencia

Mientras crecía profesionalmente, Justin y su esposa, Claire, también comenzaron una nueva etapa como familia en Alemania.
Durante esos tres años nacieron sus dos hijos, Logan y Emery, y ambos sirvieron activamente en su barrio de La Iglesia de Jesucristo.
Justin prestó servicio como misionero de barrio y asesor de los Hombres Jóvenes, mientras que Claire sirvió como consejera de la presidencia de la Sociedad de Socorro.
Para Bean, esa participación fue tan importante como cualquier logro deportivo, porque el Evangelio les dio estabilidad y propósito mientras construían una vida lejos de casa.
Compartir el Evangelio de manera natural

Después del nacimiento de su hija Emery, sus compañeros de equipo llenaron su casillero con pañales y artículos para el bebé como muestra de cariño.
Fue entonces cuando Claire le sugirió invitar al equipo a la bendición de su hija durante la reunión sacramental. Justin aceptó la idea y varios de sus compañeros asistieron.
Más tarde, la esposa de uno de ellos les comentó que había sentido una paz especial durante la reunión y que esa experiencia le recordó que era una hija de Dios.
Sin discursos ni presiones, la familia Bean permitió que otras personas conocieran el Evangelio simplemente al abrirles las puertas de su vida.
Ser diferente también puede inspirar respeto

Durante las celebraciones por el campeonato no faltaron la cerveza ni el champán, algo habitual en este tipo de festejos.
Sus compañeros saben que Justin vive la Palabra de Sabiduría, por lo que se aseguraron de que siempre tuviera un refresco para celebrar junto con ellos.
Aunque al principio algunos bromeaban porque no bebía alcohol, con el tiempo aprendieron a respetar sus convicciones.
Cuando le preguntan por qué evita el alcohol, las fiestas excesivas o el lenguaje ofensivo, Bean responde que vive esos principios porque ama la persona que el Evangelio le ayuda a ser y porque ha visto cómo esas enseñanzas fortalecen a las familias.
Una lección que nunca olvidará

Al terminar la temporada y antes de regresar temporalmente a Estados Unidos para visitar a su familia, Justin asistió a una reunión sacramental en Berlín.
Mientras recordaba los momentos difíciles de sus primeros años en Alemania y comparaba ese tiempo con el campeonato recién conseguido, sintió una impresión muy clara del Espíritu:
«¿Cuándo te he dado alguna razón para dudar de Mí?»
Esa experiencia reforzó su testimonio de que el Señor siempre cumple Sus promesas, incluso cuando el camino parece incierto o los resultados tardan en llegar.

Bean también recordó una enseñanza del presidente Russell M. Nelson, quien explicó que los desafíos no son una señal de que algo va mal, sino que forman parte de una buena vida, porque es precisamente a través de ellos que aprendemos a confiar más plenamente en el Señor.
Hoy, después de tres años en Alemania, Justin Bean reconoce que el campeonato fue un momento inolvidable.
Sin embargo, la mayor victoria fue descubrir que, cuando ponemos al Señor en el centro de nuestra vida, Él puede convertir incluso las etapas más difíciles en oportunidades para crecer, servir y fortalecer nuestra fe.
Fuente: Church News
