Nota del editor: Este artículo está basado en el testimonio de Vitória Rodrigues para maisfe.org

Serví en la Misión Brasil Curitiba Sur entre 2022 y 2024. El período de preparación para la misión fue muy especial para mí. Estaba llena de ilusión y expectativas, y conté en todo momento con el apoyo de mi mamá y mi abuela. Ellas tenían miedo porque aún no conocían mucho el evangelio, pero, aun así, me animaron desde el principio y siempre creyeron que servir al Señor sería una de las experiencias más importantes de mi vida.

Yo era muy unida a las dos. Mi mamá era mi mejor amiga y mi mayor apoyo. Mi abuela era como una segunda madre para mí; ayudó a criarnos a mi hermana y a mí. Ellas eran mi lugar seguro. Antes de servir en una misión tenía fe, pero todavía no comprendía por completo en quién podía llegar a convertirme gracias a Jesucristo.

Durante mi servicio misional sentí que el Señor me moldeaba, me enseñaba y transformaba mi corazón.

Dos pérdidas en cuatro meses

Meses después de reornar de si misión, Vitória perdió a su mamá y a su abuela. Imagen: maisfe.org

Tres meses después de retornar a casa, mientras todavía trataba de adaptarme nuevamente a la rutina, recibí una noticia que jamás imaginé escuchar: mi mamá tenía cáncer.

Ella había sentido algunos dolores, pero no sabíamos cuál era la causa. Cuando finalmente recibimos el diagnóstico, todo sucedió muy rápido. Sentí como si el suelo desapareciera debajo de mis pies. Fue el momento más aterrador de mi vida. Me hacía muchas preguntas porque nunca imaginé que tendría que enfrentar una pérdida tan grande poco tiempo después de haber vivido una etapa tan significativa.

Cuatro meses después de la muerte de mi mamá, también falleció mi abuela. Fue como vivir el duelo dos veces sin tener tiempo para respirar. Apenas estaba intentando comprender la partida de mi mamá cuando tuve que despedirme también de mi abuela. Sentía que mi corazón no tenía oportunidad de sanar antes de volver a romperse.

Sin embargo, en medio de todo ese dolor, lo que más atesoré fueron los momentos sencillos que compartí con ellas. Tengo fotografías y videos, pero lo que más permanece en mi memoria son nuestras conversaciones, las risas, el cariño y la manera en que ellas siempre me demostraban su amor.

Hoy entiendo que son precisamente esos pequeños recuerdos los que más consuelan mi corazón.

Cuando la fe dejó de ser teoría

Vitória sirvió en la Misión Brasil Curitiba Sur. Imagen: maisfe.org

Al enfrentar la depresión y la ansiedad por las trágicas pérdidas de mi madre y mi abuela, hubo momentos en los que llegué a pensar que Dios ya no se preocupaba por mí. Esa fue una de las pruebas más difíciles que tuve que atravesar.

Sin embargo, con el tiempo comprendí que las promesas del evangelio no eran solamente palabras. Descubrí que realmente sostienen nuestra vida cuando sentimos que todo se ha perdido.

Las promesas del templo y el conocimiento de que podré estar con mi familia por toda la eternidad me brindan un gran consuelo. Recordar que la muerte no es el final cambió por completo la manera en que enfrenté el duelo.

Hoy sé que el Señor me preparó antes porque Él sabía lo que necesitaría después. Tengo la certeza de que Jesucristo vive, de que conoce cada detalle de nuestra historia y de que nunca nos abandona.

Una esperanza que permanece

Vitória logró encontrar consuelo y esperanza tras la pérdida de su mamá y su abuela en las promesas del templo. Imagen: maisfe.org

Sigo extrañando a mi mamá y a mi abuela todos los días y creo que ese sentimiento nunca desaparecerá por completo. Sin embargo, ahora puedo ver esperanza donde antes solo había dolor. Aprendí a valorar mucho más a mi familia, el tiempo que paso con las personas que amo y mi relación con Dios. Mi fe se volvió más profunda y mucho más personal.

Mi testimonio es que, incluso en medio de los mayores sufrimientos, no estamos solos. La fe no elimina las dificultades, pero nos fortalece para enfrentarlas con esperanza y confianza en el plan de Dios.

Si pudiera decirle algo a alguien que está atravesando una situación parecida, sería esto: Dios no espera que seas fuerte todo el tiempo. Habrá días en los que simplemente lograrás sobrevivir, y eso está bien. Sigue avanzando un paso a la vez. Incluso cuando sientas que tu fe es pequeña, Dios seguirá sosteniendo tu mano.

Hoy sé, por experiencia propia, que el dolor no dura para siempre y que, gracias a Jesucristo, la separación es solo temporal. Sé que llegará el día en que volveremos a encontrarnos con aquellos que amamos.

Fuente: maisfe.org

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