Nota del editor: Este artículo está basado en la historia compartida por Valentina Alarcón para maisfe.org

Servir una misión fue siempre uno de los mayores anhelos de mi vida. Desde el momento de mi bautismo sentí que debía dedicar ese tiempo al Señor, compartir el evangelio y crecer espiritualmente y personalmente.

Por eso, cuando recibí mi llamamiento en julio de 2022 para servir en la Misión Vitória, Brasil, sentí una mezcla de emoción, gratitud y expectativa por todo lo que estaba por comenzar.

En agosto llegué al campo misional y fui recibida por el presidente y la hermana Turner, quienes fueron mis primeros líderes de misión, junto con otros instructores que nos dieron la bienvenida. Ese mismo día participamos en una devocional especial para los nuevos misioneros y recuerdo haber sentido la presencia del Espíritu de una manera muy  fuerte.

En esa devocional hablamos sobre la importancia de nuestro llamamiento, del privilegio de representar al Salvador y de nuestro propósito misional. También tuvimos la oportunidad de compartir nuestros testimonios de Jesucristo, algo que hizo aún más significativo ese primer día.

Estudio de BYU revela los beneficios que las mujeres obtienen al servir en una misión
Valentina siempre tuvo el deseo de servir al Señor como misionera. Créditos: Jeffrey D. Allred, Deseret News

Al finalizar la reunión, la hermana Turner nos entregó un sobre a cada uno de nosotros y nos invitó a escribir nuestras metas personales para la misión, aquellas cosas que más deseábamos alcanzar durante nuestro servicio. Mientras observaba la hoja en blanco, me hice una pregunta que llevaba años en mi mente: ¿cuál era mi verdadera vocación?

Había muchas cosas que disfrutaba hacer, pero nunca lograba identificar con claridad el camino que debía seguir, y esa incertidumbre me preocupaba. Así que escribí en esa hoja una de las metas que más significaban para mí: «Encontrar mi verdadera vocación».

Además de eso, añadí otros objetivos relacionados con mi crecimiento espiritual y personal, luego cerré el sobre y lo entregué. La hermana Turner nos explicó que al finalizar la misión lo recibiríamos nuevamente para descubrir cuánto habíamos avanzado y cuáles de aquellas metas se habían cumplido.

Con el paso de los meses, la misión comenzó a enseñarme mucho más de lo que había imaginado. Aprendí a amar a las personas, a encontrar alegría en el servicio y a sentir la satisfacción de dedicar cada día al Señor. Trabajaba con entusiasmo, entregando todo mi esfuerzo para cumplir fielmente mi llamamiento, hasta que un día todo cambió por completo.

Valentina sirviendo como Hermana de Medios en su misión. Imagen proporcionada por Valentina Alarcón

Durante un consejo de distrito participamos en algunos juegos recreativos. En uno de ellos era necesario correr y moverse con rapidez. El piso estaba algo resbaladizo y yo no llevaba el calzado más adecuado para esa actividad. En un momento perdí el equilibrio, me torcí el tobillo y escuché un fuerte crujido.

Al principio no comprendí del todo lo que había sucedido. Curiosamente, el dolor no era demasiado intenso, pero pude notar cómo mi pie comenzaba a inflamarse rápidamente. Al principio traté de caminar unos pasos, pero escuché otro chasquido y sentí un dolor agudo que me hizo comprender que algo serio había pasado.

Fue entonces cuando fui inmediatamente al hospital. Nunca antes me había fracturado un hueso, así que no tenía idea de qué esperar. Pensé que quizá se trataba de una lesión menor y que en unos días volvería a caminar. Sin embargo, cuando el médico me informó que me había fracturado el pie, supe que me esperaban meses de recuperación.

En ese momento comenzaron a surgir muchas preguntas en mi mente. Ya no podría salir a enseñar como siempre, ni caminar largas distancias ni participar plenamente de las actividades misionales. Me preguntaba cómo podría continuar cumpliendo mi propósito como misionera y de qué manera seguiría sirviendo al Señor.

Debido a su lesión, Valentina comenzó a compartir el evangelio en línea bajo una nueva asignación en su misión. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Para entonces, mi misión ya contaba con un nuevo presidente, el presidente Barbosa, quien fue muy atento conmigo y buscó maneras de ayudarme a seguir contribuyendo a la obra. Fue así como me llamó para servir como Hermana de Medios.

Ese nuevo llamamiento me permitió continuar participando activamente en la misión, contactando a personas interesadas en aprender sobre el evangelio, administrando las redes sociales y el sitio web de la misión enseñando por videollamadas. Aquella oportunidad se convirtió en una bendición inesperada.

Mientras trabajaba en la página de la misión, constantemente buscaba nuevas formas de compartir el evangelio a través de internet. Entonces, comencé a grabar videos hablando sobre el evangelio, invité a otros misioneros a compartir sus testimonios, edité materiales audiovisuales y desarrollé contenido pensado para llegar a quienes quizá nunca habían escuchado a los misioneros.

Por fortuna, ya tenía conocimientos básicos de edición y diseño, algo que me resultó muy útil en esa nueva responsabilidad. Sin embargo, más allá de las habilidades técnicas, lo que realmente me sorprendió fue descubrir cuánto disfrutaba hacerlo.

Valentina comenzó a crear contenido, comunicar mensajes inspiradores y gestionar las redes sociales de su misión. Imagen: Church News

Me encantaba crear contenido, comunicar mensajes inspiradores y gestionar las redes sociales de la misión. Y fue precisamente entonces cuando comprendí algo que sentí que por fin había encontrado mi vocación.

Con el tiempo entendí que aquella fractura, que en un principio parecía una gran pérdida, era en realidad una respuesta a una oración que llevaba años pidiendo. El Señor estaba utilizando una circunstancia dolorosa para mostrarme un camino que jamás habría descubierto de otra manera.

Aunque tuve que regresar a casa dos meses antes de concluir mi misión para continuar con mi recuperación, pude completar mi servicio misional. A pesar de mis limitaciones físicas, seguí enseñando y ayudando a muchas personas a acercarse a Jesucristo e incluso a prepararse para el bautismo.

Cuando terminé mi misión, tomé una decisión importante. Me matriculé en BYU-Pathway Worldwide para estudiar Comunicación y Marketing Digital, convencida de que había encontrado aquello que deseaba hacer.

Luego de retornar, Valentina estudió Comunicación a través de BYU-Pathway y logró iniciar un trabajo en maisfe.org. Imagen proporcionada por Valentina Alarcón

Poco tiempo después conseguí un empleo precisamente en esa área, en maisfe.org, donde actualmente trabajo como gestora de redes sociales.

Lo que más disfruto de mi trabajo es saber que puedo utilizar las capacidades que desarrollé durante la misión, perfeccionar los talentos que el Señor me ha concedido y seguir compartiendo el evangelio, aunque ahora lo haga desde una perspectiva diferente.

Al mirar hacia atrás, puedo reconocer con claridad que cada experiencia, tanto las felices como las difíciles, ha sido parte de un propósito mayor. Hoy sé que el Señor ha estado presente en cada etapa de mi vida, incluso en aquellos momentos que no comprendía.

En aquel entonces, la fractura de mi pie parecía representar el final de un sueño. Sin embargo, con el tiempo descubrí que también era el comienzo de algo nuevo, de un propósito que Dios ya estaba preparando para mí.

Esta experiencia me enseñó que siempre es posible aprender, crecer y encontrar razones para agradecer, incluso en medio de las pruebas más difíciles. Muchas veces, Dios responde nuestras oraciones guiándonos por caminos que nunca habríamos imaginado recorrer, pero que finalmente nos conducen exactamente al lugar donde debemos estar.

Fuente: maisfe.org

Video relacionado

También te puede interesar